ENTREVISTA. Joaquín Sabina, que reaparece con ´Alivio de
luto´
"Mi disco transpira aires
de supervivencia"
"Hago ripios porque la rima es la música del idioma"
He estado cuatro años en el agujero y ahora ya es hora de
que salga". Trece canciones pondrán el punto final a ese vacío, nuevos temas
surgidos de la pluma y la cabeza de Joaquín Sabina (Úbeda, 1949). Hoy aparece en
el mercado español uno de los disco más esperados de los últimos tiempos,
Alivio de luto (Sony/ Bmg), producido por Pancho Varona, Antonio García de
Diego y José A. Romero. Varona y De Diego producen al cantautor andaluz desde
hace un cuarto de siglo (El hombre del traje gris), y son los ejes
instrumentales de la nueva grabación, gracias a su versatilidad en guitarras,
teclados y bajos. A ellos se les ha unido ahora la siempre fiel vocalista Olga
Román, Paco Bastante (bajo), Pedro Barceló y Tino DiGeraldo (baterías) y las
guitarras de John Parsons y Jaime Asúa. Junto a las trece canciones de Alivio
de luto se adjunta un DVD con una entrevista que le hizo el periodista
Javier Rioyo, así como versiones acústicas y caseras de varias canciones del
disco y tres vídeos de los temas Pájaros de Portugal, Paisanaje y
Resumiendo.
El primer paso de esta rentrée lo protagonizará el próximo mes de
noviembre, con una tanda de conciertos en el auditorio de Roquetas de Mar. Para
después, prefiere no especificar. "Seguro que sigo, pero quiero ver cómo me veo
otra vez bajo los focos, lo que siento. Habrá Madrid y Barcelona, por supuesto,
pero todo se verá".
- ¿Qué han sido estos cuatro años en el agujero? ¿Quedan secuelas?
- Un ciclo donde perdí la afición al escenario y abandoné la música. Comenzó en
el 2001, ciertamente, cuando me apareció un ictus, un coágulo cerebral que me
dejó medio cuerpo paralizado. Me recuperé sin secuelas físicas pero, después de
una etapa de euforia que coincidió con una buena gira por México y Puerto Rico,
un miedo, algo, comenzó a funcionar dentro de mí. Agorafobia. Lo suspendí todo y
durante mucho tiempo estuve prácticamente recluido en casa. Poéticamente tuve la
suerte de contar con buenos amigos, como Ángel González, Caballero Bonald,
Almudena Grandes, Benjamín Prado o Luis García Montero; gracias a ellos y otros
más fueron saliendo libros míos… y algunas letras del disco. Miedo, lo que se
dice miedo, ya no lo siento desde hace un año y medio.
- ¿Cuáles han sido esas colaboraciones fraternales materializadas en el
disco?
- García Montero ha escrito Nubes negras después de que estuviéramos la
noche anterior con una idea mía y que, la verdad, no me salía. Al día siguiente
me la envió. Con Pepe Caballero construimos Dos horas después y con
Benjamín algo parecido con Números rojos. Y, claro, la ayuda de los
músicos, que han puesto en solfa sonora un disco que transpira aires de
supervivencia.
- ¿A qué se refiere?
- Que Alivio de luto no es la obra que, ahora mismo, ni escribiría ni
publicaría. Es un álbum excesivamente literario, que viene a ser como una
crónica de todos estos años de estar en el pozo, el esfuerzo por superar una
depresión de tres pares de cojones. Lo que ahora estoy escribiendo tiene otro
talante, ja, ja, ja; en serio, es mucho más vital y optimista.
- De ahí que algunos cataloguen este Alivio… como una de sus obras más
melancólicas.
- Si te fijas, los diecisiete discos anteriores también lo son, todos ellos.
Creo que una buena canción ha de tener un poso de tristeza, ha de ser un poco
melancólica, bastante cursi, y todo lo que pueda de demagógica. Ya sé que todos
estos adjetivos no le vienen bien a la poesía, pero le vienen de puta madre a la
canción. Por ejemplo, en una de mis canciones digo "los amores mejores son los
que pierden". Esto es una cursilada tremenda, esto dicho en poesía no se aguanta
de ninguna manera. Pero pasa que cuando uno llega a su casa y deja a un lado el
libro de poemas de José Ángel Valente y pone una canción, las más cursis son las
mejores. Hablo de José Alfredo Jiménez, de los tangos, hablo del propio Dylan
cuando canta "no me digas que te diga la verdad porque soy incapaz de
decírtela"; hablo de Brassens con su "qué triste es no estar más triste".
- Pero da la sensación de que no es la obra más cursi de su discografía.
- No lo es porque es demasiado triste, pero la verdad es que me hubiera gustado
que fuese mucho más cursi.
- El nudo está en su regreso a los escenarios, nada más ni nada menos que en
Roquetas de Mar. ¿Vendrán otros conciertos?
- Sí, voy a empezar poquito a poquito. En Roquetas, en resumen, no sabré qué
decir, si no es el manido "¡Buenas noches, Roquetas!". Comenzamos allí porque es
un auditorio estupendo que nos lo dejan cuatro días y estaré arropado por mis
amigos. Y además es un sitio fantástico, con o sin teniente de la Guardia Civil.
A lo que iba, éste va a ser un inicio que tendrá continuidad porque ya he
suspendido dos giras. Por respeto a mí, a los músicos, ami gente, pero sobre
todo a mí mismo esto ha de tirar adelante porque de lo contrario lo único que
voy a escribir en el futuro es mi testamento. Y para esto último no tengo mucha
afición reglamentaria.
- Hablemos de la sabinatura. Detrás del ripio (por ejemplo "Volaban los
camarones por bulerías antes de que tus canciones fueran tan mías", del tema
Paisanaje, o "Me falta un corazón, me sobran cinco estrellas de hoteles de
ocasión" de Seis tequilas)hay poesía?
- Mira, joder, es que los periódicos españoles, las revistas culturales, jamás
hablaban del ripio. El primero que lo usó fui yo, y además hablando de mí. Y eso
ya comenzó a tocar las narices. Luego lo usaron mis enemigos contra mí, esos
ilustres analfabetos, de la misma manera que yo les encumbré a ellos porque
acabaron utilizando la misma fórmula. Serrat siempre me dice que no sea tonto,
"no les digas que haces ripios sino versos, que al fin y al cabo les das de
comer y no distinguirán una cosa de la otra". Bien, yo hago ripios y a mucha
honra; me gusta la rima, y la rima es la música del idioma, y el ripio muchas
veces es el camino para llegar a sitios donde pensabas que no podías ir.
- Los malvados dicen que el ripio se confunde con la poesía fácil. Que lo de
Sabina no tiene mayor mérito.
- El Sabina tiene más arte, gracia y cojones que los casposos esos. No se puede
olvidar que estamos hablando de una época que dura más de cuarenta años, de
poesía libre y tal. En la última semana de vida de Pepe Hierro nos estuvimos
intercambiando sonetos, que una vez publicados, me originaron una avalancha de
sonetos enviados por jóvenes que me conocían por mi libro Ciento volando y
catorce. ¿Eran ripios, eran sonetos? No lo sé. Sí sé que no quiero que me
toquen más los cojones. Los ripios eran una tradición en prensa en los 20 y 30,
y antes incluso la practicó Rubén Darío. Dos datos: se dice que el que recuperó
recientemente este uso fue Alfonso Ussía, que es malísimo, hace mierdas que te
cagas. Y, por otro lado, el poeta más puro del mundo, Jorge Guillén, escribió
"cuando vayas a Londres no te atolondres". ¡Guillén, que no es Muñoz Seca! ¡Es
que manda cojones!
- Sin duda Cabrera Infante debió de ser una inspiración en este particular
jolgorio lingüístico.
- Le he copiado hasta la náusea, sobre todo jugando con las palabras, intentando
hacer magia con los finales de las frases. Guillermo era un fuera de serie,
nunca llegaré a las suelas de sus zapatos.
Publicado en La Vanguardia el 20 de Septiembre de 2005