JOAQUÍN SABINA: MOTIVOS PARA UN DIRECTO
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Hay una tipología desventurada de álbumes grabados en directo. Trabajos que suelen resultar rentables pero que también provocan cierta y merecida desconfianza. De esta tipología destacan dos igual de infames que recurrentes: los directos que se hacen para salvar una carrera alicaída mediante el oportuno encadenado de procedentes éxitos, y los directos que se hacen para salvar el tipo cuando las musas han decidido fugarse con otro chico mucho más joven, rico, guapo o famoso.

Esta claro que este nuevo álbum de Joaquín Sabina escapa de ambas categorías. Su último disco en estudio ("19 días y 500 noches") además de haber puesto de acuerdo definitivamente a crítica y público, en cuanto a su entusiasta valoración como el mejor trabajo de Sabina en toda su carrera (y también uno de los discos capitales de la música española de los últimos años), lleva facturadas más de medio millón de copias. En cuanto a las posibles dudas sobre fugas de inspiración es sabido que no solo no han abandonado al cantautor de Úbeda sino que llegan con tanta generosidad que la prolífica producción ha de ser recortada por imperativos de mercado (recordemos que su anterior disco iba a ser doble y que ya tiene esbozadas casi medio centenar de canciones inéditas para futuros trabajos).

"Nos sobran los motivos" titulo de este segundo álbum doble, grabado en directo (el primero recordemos que fue aquel "Joaquín Sabina y Viceversa") llega por tanto como una verdadera necesidad del autor de presentar una muestra de su ya nutrido repertorio tal y como a estas alturas crece y se desarrolla en sus directos más recientes. Una buena canción no es la fotografía clasificada en un viejo álbum como una naturaleza muerta. Una canción si está vigente, es decir viva, se sigue haciendo con el transcurso del tiempo, y como dama coqueta y presumida que es, exige nuevo vestido que la disponga para presentarse hermosa y sensual a esa fiesta de noche que es cada concierto. Esta es la idea que fundamenta este disco doble en el que el oyente podrá ir rastreando livianos cambios en algunos de los versos y melodías de sus canciones preferidas y más profundas, operaciones estéticas en cuanto a los arreglos y la ejecución de la banda, que hoy se sube a los escenarios en compañía de este infiel jefe de ceremonias.

Se entregan dos discos en este nuevo trabajo de Sabina. Por un lado, el primer volumen recoge la gira acústica que echo a rodar por la red de teatros bajo el titulo de "Nos sobran los motivos" (se rescatan temas grabados en lugares tan inverosímiles para la historia discográfica como Andorra, Puertollano y Tarrasa) y por otro la gira eléctrica o convencional, que estos últimos meses ha recorrido con llenos absolutos España y Latinoamérica como una vieja estación de trenes (hay tomas de sus conciertos en Logroño, Sevilla y la inevitable cita en Las Ventas de Madrid).

El primero es el disco del cantautor más intimista y cercano, el segundo el del rockero domador de multitudes, que lidia en plazas de toros, estadios y otros espacios más amplios. Dos caras distintas y complementarias de un tipo que pactó con el diablo para no perder nunca la juventud, el genio poético y la temperatura ideal para comunicarse con un público adicto y apasionado, que siempre lo celebra, no como el artista distante y glamuroso que emigró de la realidad, sino como al colega legal y entrañable que les cuenta sus historias con palabras que a veces, pueden matar o resucitar, pero que en cualquier caso, siempre suenan comprensibles, cómplices y terriblemente sinceras.

Con apenas una canción y media sobreviviendo de aquel primer directo grabado en el 86 junto a Viceversa (la urbana y poética Calle Melancolía y una versión en clave de rock blusero de aquella Princesa que Juan Antonio Muriel estrenó en el caduco Festival de Benidorm hace mil años) y con tan sólo una canción totalmente inédita como reclamo (Rosa de Lima), tanto en el primer como en el segundo disco, Joaquín Sabina se centra fundamentalmente en su último y penúltimo repertorio, estas canciones que le han convertido en el mejor letrista en castellano de nuestros días, en el músico inquieto y versátil que evoluciona, y en el intérprete apasionado de garganta rota, que nos noquea. Aquí por tanto, queda plasmada la madurez de un tipo que acostumbra ya desde sus primeros días (la prehistórica Mandrágora también era una historia en directo) a convertir el escenario en su particular patio de recreo, y cada concierto en una cita inolvidable para cada uno de nosotros. Disfrútenlo, es un Sabina en estado de gracia.

Texto: Juan Mari Montes