ESO SERA POESíA

Sentarse en una mesa
coger papel y pluma
encender un cigarro
elegir al azar un libro del estante
acariciar con indolencia el lomo
recostar cuidadosamente la mejilla
en el dorso de la mano
el codo en el tablero
en actitud pensante
cagarse en las palabras
poner algo de Mozart a ver si echa la mano
recordar un domingo con sol tras los visillos
decir tres veces mierda
levantarse con furia
bajar las escaleras
abrir la puertecilla del retrete
arrojar el papel echo una bola
tratar de mear dentro
como exige el letrero en tres idiomas
decir amén jesús
abotonarse.

Edimburgo, febrero 1971

"LA MUCHACHA QUE VEIA PASAR LOS TRENES"

En aquel tiempo había en mi vida un llano
y un tren que fatigado lo surcaba
y una casa en el llano, y unos ojos
detras de la ventana.

Cuantas veces has sido en mi memoria
signo que del olvido rescataba
ese pueblo perdido en el trayecto
de Huelva a Granada.

Tú eres hija del jefe de estación,
y yo era el forastero que pasaba,
que desde el tren mugriento te decía
adiós con la mirada.

Tu pueblo mas que pueblo era una aldea,
un puñado de casas escaladas
donde vivían apenas tres familias
con un televisor y algunas cabras.

Nadie bajaba nunca de ese pueblo,
cada día se fugaba un esperanza,
la vida era para ti ese largo
tren que nunca alcanzabas.

Con la ilusión poblada de paisajes,
un ondulante adiós en la mirada,
en cada mano un paloma triste,
salias a la ventana.

Allí donde la vista ya no llega
habría una ciudad que te aguardaba,
tendría que ser el mundo mas hermoso
detras de las montañas.

Pero los días pasaban y los años
y pasaban los trenes, y quedabas
en la aldea silenciosa, como un pajaro
con las alas mojadas.

Pasaron otros trenes en mi vida
cuyas vías no cruzaban por tu casa,
y no vi mas tu rostro y tu pañuelo,
tus manos y tu falda.
Pero aún te recurdo con cariño
muchacha que, asomada a la ventana,
miras tristemente al forastero
que nunca se apeaba.

Y me duelen tus pechos presentidos,
tu cintura que nadie rodeaba,
tu habitación !tan fría por las noches!
sin mi cuerpo en tu cama.

Por eso es para ti mi canción,
recuerdo del muchacho que pasaba
en aquel tren que hacia el recorrido
de Huelva a Granada.

Londres, octubre 1974 - enero 1976

EL VIOLINISTA
(dedicado a Miky).

El viejo vagabundo del violín
canta en el metro su canción,
envuelto en un mugriento abrigo gris
toco su solo de bordon.

Bailando en las calles del humo yo lo vi
buscando en la basura alguna flor,
por las esquinas de su sueqo lo segui
hasta que tras su nube se perdió.

También quisiera yo dejar así
en cualquier metro mi canción,
escarbar en cualquier cubo de zinc
comer el pan que alguien tiré.

Si te pide dinero dale o no
pero no se te ocurra preguntar
no seas imbécil, no pretendas enseñar
a alguien que sabe mas que tú y yo.

A veces yo le he visto sonreir
a la mitad de su canción,
recordando quizas al ver me a amo,
cuando aún él era como yo.

El viejo vagabundo canta, si,
mas nadie se detiene a escuchar
al mudo absurdo, que toca su violín
para los sordos de la gran ciudad.

Joaquín Sabina. Londres, noviembre 1975.