Sabina abre la puerta grande de Espirelia

 

El genio de Úbeda reúne a 6.000 personas en la plaza de toros de Lorca en la apertura del 'Festival de las Artes'

 

T. M. M./LORCA

 

 

Un coso con cerca de 6.000 subalternos; banderilleros de la talla de Panchito Varona, Antonio García de Diego, y Olga Román; una inmensa luna llena en el sillón de la presidencia; y un torero con bombín, guitarra y sin muchas ganas de cortarse la coleta saliendo por la puerta grande tras inaugurar la cuarta edición del festival Espirelia, que patrocina La Verdad, y que el pasado sábado dio comienzo en la plaza de toros de Lorca con el concierto de Joaquín Sabina.

Llegó con fuerza el poeta urbano que regaló al público dos horas de recital con versos de los de antaño y de los de ahora, inc
luidos en su último trabajo Alivio de luto. Con un repertorio cuidadosamente elegido pasó de puntillas por encima de su discografía sin olvidarse de esa amante inoportuna que se llama Soledad, de los siete crisantemos del cementerio, del pirata cojo, y del tranvía de la calle melancolía que no consigue llegar nunca al barrio de la alegría.

Hasta el último momento se estuvieron vendiendo entradas en el coso lorquino. Las colas fueron constantes desde aproximadamente una hora antes de que se abrieran las puertas. Entre los asistentes, representantes de varias generaciones. Padres con niños, cuarentones, y jóvenes procedentes de toda la Región y de diferentes puntos del país, principalmente de Valencia y Anda
lucía.

Aliado del diablo

Menos crítico que en otras actuaciones, no se olvidó de los que en las últimas semanas le han tirado de las orejas por sus declaraciones sobre la piratería y por el título con el que ha bautizado a su gira. Eso sí, con comentarios elegantes y con maestría torera.

Que el diablo hace mucho tiempo que se puso de su parte poca duda cabe; por si acaso, hubo quien le pidió un imposible: «no te mueras nunca y si lo haces, clónate antes», gritó una admiradora.

Quizá por inf
lujo de la luna, quizá porque desde el primer momento les prometió que se detendrían las factorias y se quedarían sin beatos las catedrales para pasar la noche con ellos, la simbiosis entre artista y público fue casi perfecta. El multitudinario coro entonó todas sus letras, cantó sus estribillos y rellenó los silencios que les brindaba el cantante. Hasta sirvieron de apuntadores en algún que otro despiste que tuvo el de Úbeda.

Cumplió con su cometido de dar la bienvenida al festival de todas las artes: «Bienvenidos a Espirelia», gritó en un par de ocasiones y hasta animó al equipo de fútbol de la ciudad que horas más tarde se jugaba sus posibilidades de ascenso a primera división. Al final empataron.

De enmarcar fueron las intervenciones de sus banderilleros, sobre todo la de su «Olguita», que «sabe que siempre será la primera» entonando aquello de «me lo dijeron mil veces» o de Varona recordando que esa boca es suya.

Y como ya está curtido en esto de los conciertos, «y no estamos en tiempo de juventud», prescindió del paripé de abandonar el escenario para ser aclamado por los seguidores. Decidió continuar un ratito más con sus pájaros de Portugal, sus 19 días, sus 500 noches y su puerto con mar donde, visto lo visto, le seguirán dando las diez, las once, las doce...

 

La Verdad Digital

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12/06/2006