Sabina, arrodillado y redivivo

 

El de Úbeda cumplió con los fieles a los que había dejado con la miel en los labios y ofreció una sesión que pasará a la historia de Gijón

 

Víctor GUILLOT


Cuantos años han transcurrido desde que aquel hijo de militar que leía a los poetas pasaba el plato por Londres, 1974. Los ingleses, indiferentes, le escuchaban en el restaurante sus versiones de Lenon, Cohen, Dylan o Brassens, como un españ
olito extraño, melenudo y barbado que compartía piso entre gudaris. Luego regresó a España como un poeta maldito que se ha volado la tapa de los sesos, alimentado por el whisky y la farlopa, maltratado por la noche sin cuartel, amordazado por las madres y violado por las hijas, aureolado por la República de antaño y también por el PCE. El caso es que, el sábado, las manecillas del reloj se detuvieron a las diez de la noche. «Carretera y top manta», su nueva gira, se ponía en marcha en un Gijón que esperaba el pago de una cuenta que había quedado pendiente.
Algunos ya le habían puesto precio a su cabeza, pero esa noche todos los cobardes se habían batido en retirada. No era un regreso, sino una resurrección lo que el viejo pirata tramaba en su venida. Llegó para tomar la ciudad y planeó bien la partida, a veinticinco beatas la entrada por cabeza.

Los buenos tahúres siempre son los últimos en destapar sus cartas y nunca arriesgan más de lo que juegan si saben que no ganan. Después de salir a gatas en el último concierto, había que ganar y él tenía todos los triunfos en la baza. Sí, conquistar la ciudad con una buena banda y una gavilla de versos, lo mejor de su extenso repertorio, el cancionero sentimental de esta España quebrada, nuevo siglo y en rebajas. La ciudad, bruñida por
luces de neón, nerviosa y agitada, febril como una colegiala, ya digo, Gijón, la ciudad levítica, sucumbió ante la confesión de Joaquín Sabina.
Había un ajuste de cuentas, una deuda sin pagar. Sabina es el burlador de Tirso que vuelve para quedarse y después escapa con nocturnidad y alevosía por la ventana del zaguán. Pero el de Úbeda no es ningún «gatera», ningún pillo ni tunantuelo. Cautivo y desarmado, el anda
luz exagerado invocó a la Virgen de los ripios y desangró su voz aguardentosa para curar al público de su último pecado. Cantó sus mejores canciones, las que sabían a puchero, a vinazo y mancebía, y declamó los versos del perdón, mentiras piadosas, después de arrodillarse ante el generoso gentío. «Me voy a poner de rodillas. El único sitio donde no quería dar un gatillazo ni muerto era en Gijón. Así que quería dedicar este concierto a todos los santos inocentes que no mataron al gilipollas del bombín».
Pagada la deuda, concedido el indulto, Sabina se quitó el sombrero y cantó como en los viejos tiempos más de veinte canciones de sus últimos trabajos («Yo mimé contigo», «Dímelo en la calle» y «Alivio de
luto») y alguna reliquia del pasado («Mentiras piadosas» y «Esta boca es mía»). Olga Román le sostuvo la voz, Panchito Varona dibujó melodías bajo la sotana de un obispón y García de Diego apuntó desde el teclado las letras del Flaco de Úbeda, si es que alguna vez Sabina las olvidó. El concierto era una zambra republicana en la calle Melancolía y hasta los cojos saltaban cuando el viejo se ponía más rockero.
Forrados sus estómagos con unos cuantos litros de cerveza, los nueve mil que se juntaron para redimir a Joaquín Sabina no concedieron tregua en las dos largas horas de concierto. Cantaron todas sus canciones, mientras el viejo empalmaba el micro con el resto de las bocas deslenguadas. Soberano, audaz y valiente, demostró que aún era capaz de dar un buen concierto, tras haber descendido por la c
olina del vicio y sin haber perdido el rumbo suicida de la fama.

La «espantá» habitaba en el olvido y su verso era relámpago presente. Sabina no es cantante en el letargo ni se ha vuelto más serio, ni más prudente. Es más viejo y más pellejo, un diablo arrugado y nocturno, enredado entre malas compañías, poetas alcoh
olizados con vocación frustrada al asesinato. Qué mal sonetista, carajo, pero qué buen cantor, no perdió su amor al canto, ni tampoco su rigor. Sabina no sólo recibió un indulto. Como Lázaro, también resucitó.

 

La Nueva España

www.lne.es

(08/05/2006)

 

 

 

Joaquín Sabina vuelve al rock con 'Carretera y top manta'

 

Joaquín Sabina vuelve al rock. El cantautor jienense arrancó el pasado sábado en el Palacio de Deportes de La Guía (Gijón) su gira Carretera y top manta, con la que recupera viejos temas de rock, en la búsqueda de un contacto "más tribal y loco" con el público que el que le permitieron sus espectáculos acústicos de los últimos años. Con la incorporación de una guitarra más, la del rockero Javier Asúa, Sabina vuelve con los suyos a los escenarios pero con ganas de más "marcha" y "aparentando", dijo en Gijón, "menos edad de la que tenemos".

Gijón ha estado siempre muy presente en la carrera de Sabina. La ciudad asturiana acogió el sábado al cantante con un lleno casi total, tras la suspensión de los tres recitales comprometidos el pasado diciembre con su anterior espectáculo Alivio de luto. El sábado, el cantante, nada más llegar al escenario, se puso de rodillas y, tras la segunda canción, de nuevo de rodillas, pidió perdón a "los santos inocentes que no mataron hace meses al gilipoyas del bombín". Sabina recitó un poema excusándose por lo ocurrido hace cinco meses.

Carretera y top manta es un retorno a la carretera y también a los grandes locales y espacios abiertos, tras varios años de conciertos acústicos, en los que el intérprete buscaba un contacto más cercano con públicos más reducidos, y una preocupación por lo acústico, lo melodioso y los matices. Ahora, lo que quiere es volver a llenar plazas de toros y sumergirse en el ritmo, la energía y la mayor fuerza del directo. "Exige más esfuerzo físico, pero si desafinas, no se nota tanto", ironizó en la presentación de la gira.

El mejor rock

El nuevo espectáculo, con el que recorrerá España y buena parte de Hispanoamérica hasta diciembre, reunirá una treintena de canciones de la trayectoria de Sabina, aquellas justamente más rockeras de sus discos, de las que en cada ciudad interpretarán 23. No más de cinco serán de su última grabación. "Queremos estar de pie, y que el público pueda saltar. Es una vuelta a lo que hacíamos antes, hasta que nos cansamos de las plazas de toros", dijo, y optó por recitales menos multitudinarios y de mayor intimidad.

La puesta en escena, que irá modificándose y sumando contenidos a lo largo de la gira, será más "minimalista y fría" que la de los conciertos acústicos para que el protagonismo recaiga no sobre la escenografía, sino sobre los músicos, y que éstos tengan más espacio para moverse y saltar. "Vamos a salir al escenario a divertirnos", sostuvo el cantautor, que anuncia, en todo caso, "originalidad" también en la ambientación y en la propia concepción del espectáculo.

Sabina confesó que tiene la sensación de estar en trance y en buena relación con las musas. "Me están volviendo a salir canciones no urgidas por la necesidad, además de tener dos o tres proyectos de libros", aseguró el cantante.

 

EL PAIS

www.elpais.es

(08/05/2006)