Sabina seduce al Sant Jordi con sus clásicos populares
* El cantautor
cautivó a los 18.000 asistentes al concierto con su celebración tribal
JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA
Sabina anunció días atrás una "celebración tribal", y así fue: el cantautor de Úbeda
resurgió anoche como el encantador de multitudes que fue en otros tiempos,
antes de que la enfermedad le apeara de los escenarios. Las 18.000 personas
que, hace un mes, agotaron las entradas del Palau Sant Jordi participaron de un
ritual colectivo protagonizado por un Sabina mucho más
roquero y extravertido del que vimos el pasado otoño en su reaparición
en el Auditori. La coincidencia del concierto con
diversas ofertas del Grec provocó un colapso de
tráfico en Montjuïc, y el concierto comenzó con media
hora de retraso. Acomodado el público y tras unos compases de vals enlatados,
Sabina y su grupo entraron en acción. El protagonista, vestido con chaqueta y
bombín, arrancó con un mensaje hacia las causantes de tantos quebraderos de
cabeza en sus sufridas noches de sonambulismo urbano. "A las peligrosas rubias de bote / que en relicario de sus escotes
/ perfumaron mi juventud", cantó en Aves de paso. Enmarcando el
concierto, un escenario desnudo y tres gigantescas persianas que hacían de
pantallas de vídeo.

DOLOR FUTBOLÍSTICO
Tras Ahora que, tomó
la palabra para aludir, dolido,
al fracaso de la selección española en el Mundial. "Me había hecho este trajecito de hombre del traje gris, pero me
he quedado en Manolín el del bombín",
lamentó. Le quedó, dijo, como consuelo utilizar, en el Sant
Jordi, un vestuario previamente ocupado por algunos
gigantes del pop-rock. "Nos hemos
encontrado una armónica con babas de Bob Dylan (dijo pasando por alto que el autor de Like a rolling stone no ha actuado nunca en el Palau
Sant Jordi), una cuerda de guitarra de Mark Knopfler, un mocador de Joan
Manuel Serrat... y una pelusilla del ombligo de Shakira
que olía a culo de diosa", describió. Fijado el listón literario en
una altura tan prohibitiva, sólo quedaba entregarse a la música: Esta noche
contigo, Mentiras piadosas y una fusión de Siete crisantemos y ¿Quién me ha
robado el mes de abril? fueron caldeando el recinto antes de otra declaración. "Allá por los años 50, Orson Welles se inventó una
guerra de marcianos. Lo recuerdo por la Conferencia Episcopal y ese genio de la
radiodifusión llamado Federico Jiménez Losantos".
Silbidos.
El sonido de la
banda, con Antonio García de Diego (teclados, guitarra y voz) y Pancho Varona
(bajo y voz) al frente, tiraba más hacia el rock urbano que hacia la canción
acústica, y marcó posiciones en Nube negra, una versión vitaminada de Nos
sobran los motivos y Conductores suicidas. Varona, tras las loas del jefe, tuvo
cuatro minutos de gloria solista en Esta boca
es mía ("que bien rima Barcelona
con mi Panchito Varona") y, Olga Román, en Ahora
ya ves. Sabina se le acercó para compartir los aromas copleros de Y sin embargo
te quiero, preludio de un crescendo
nutrido de éxitos, con Calle Melancolía, La Magdalena, Que se llama soledad,
Contigo... y el acento rockero de La del pirata cojo
y Pacto entre caballeros. Antonio García de Diego abrió los bises,
en el teclado, con Al abrigo de la chimenea, y el fin de fiesta condujo a Llueve
sobre mojado (del disco de Sabina y Fito Páez), Princesa,
19 días y 500 noches (dedicada a Estopa) y Noches de boda, con las gradas
convertidas en feliz masa coral. Brazos en alto, versos coreados, comunión
colectiva. Sabina ha vuelto.
El Periódico de Catalunya
www.elperiodico.com
(30/06/2006)