¿Hasta cuando seguiremos  
haciendo mendigos?
Para no convertir los pobres,
llamados por Jesús "herederos de la tierra", 
en mendigos.De una carta mía desde Kyabé, año 1974D'una carta meva des de Kyabé, l'any 1974kyabéDe una carta mía desde Kyabé, año 1974
 
         También nos podemos preguntar si este sentimiento de impotencia no se alimenta de otro sentimiento que parece habitar todo el país. Nos referimos a la convicción generalizada que todo lo que podemos realizar no puede ser más que el efecto de una ayuda exterior. Este sentimiento -prescindiendo que corre el riesgo de verse frustrado en más o menos breve tiempo, ya que las condiciones de la ayuda han cambiado mucho- produce en todas las categorías de la sociedad efectos peligrosos de desmovilización: siempre necesitamos dones recibidos del exterior para emprender algo. 

         El mismo Estado, para quien la ayuda exterior es el último recurso en todas las situaciones difíciles, participa de esta mentalidad general y contribuye a mantener esta convicción. 
 … 
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        Nos es necesario descubrir en nosotros mismos las auténticas fuerzas del resurgimiento económico y social. Hay ayudas intempestivas y repetidas que tienen por efecto retardar este descubrimiento. Ya hemos mencionado más arriba la existencia de un sentimiento difuso según el cual no se podía realizar nada sin una ayuda exterior. Este sentimiento es particularmente peligroso cuando alcanza las comunidades de base ruralesEn el original, les communautés de base. Estamos convencidos que son necesarios esfuerzos constantes para persuadirles que ellas deben, porque ellas pueden, encontrar en ellas mismas los verdaderos recursos de su desarrollo. 

        Los fracasos del desarrollo, sobre todo cuando se manifiestan por hambres inesperadas, son debidos principalmente a esta ausencia de autorresponsabilidad (de prise en charge) de las colectividades. 

        Hemos invitado ya a nuestras comunidades cristianas, y lo hacemos de nuevo, a llegar a ser más autónomas con relación a las ayudas exteriores y a responder por sí mismas a sus necesidades. 
 Así podremos contribuir de una manera modesta, pero eficaz, al renacimiento de un país llamado a retomar confianza en sí mismo y en sus propias fuerzas. 
 

 
¿Qué salvación para el Chad?
Mensaje de Navidad 1994
Conferencia episcopal del Chad
 

 

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