Anar a la versió catalana

 

...a través de su hijo Jesucristo,
el cual es su Palabra
salida del Silencio

Salir de un silencio
catequesis pascual
Antes (hablo del siglo IV) "la tarea o ministerio de la catequesis se consideraba una tarea delicada y de gran responsabilidad. Tanto en el Oriente como en el Occidente, la catequesis, en aquel tiempo, era una tarea personal del obispo, quien no la cedía fácilmente a nadie"Les Cinc Catequesis Mistagògiques. Introducció d'en Viçens Esmarats i Espauletta

 
 
En la última catequesis, antes de las vacaciones de Semana Santa, explicamos estas dos expresiones.

Recordad lo que dijimos: de todo lo que decimos en el Credo, serían las dos únicas afirmaciones "históricas".

"Padeció bajo Poncio Pilato / fue crucificado, muerto y sepultado" es, de todo lo que decimos (o cantamos) en el Credo, el único acontecimiento del cual podríamos encontrar una constancia "histórica", digamos periodística. Y también decíamos que con estas palabras se acaba para Jesús de Nazaret -como se acaba para todos- una vida, una historia...

Padeció bajo Poncio Pilato / fue crucificado, muerto y sepultado

 
Al pasar hoja, nos encontramos con toda una página en blanco. No es ningún error.

Esta hoja en blanco representa un tiempo de silencio, un gran silencio, aquel silencio que para muchos y muchas fue la única respuesta a "Padeció bajo Poncio Pilato / fue crucificado, muerto y sepultado". 

Un silencio muy humano, muy parecido al que hoy día podemos sentir delante de lo que pasa...

Este silencio, este "quedarnos sin palabras", algún evangelista lo expresará con la imagen de las tinieblas que cubrían toda la tierra en aquella tarde de Viernes Santo (Mt 27,45), y, como las imágenes siempre se pueden multiplicar, es también el silencio de la aurora, cuando el sol todavía no ha salido... de la mañana de Pascua.

Este silencio, la liturgia tradicional de la Semana Santa de la iglesia occidental lo ha entendido bien, creo yo. Para ella es un silencio de adoración, que empieza, una vez leída la narración de la Pasión y Muerte del Señor, con la adoración de la Cruz.
 
 
No sé si el decreto Maxima Redemptionis Los más grandes misterios de la Redención, del 16 de noviembre de 1955, lo acertó del todo cuando restauró la antigua costumbre  de la comunión  del Viernes Santo. Pensemos que la Iglesia siempre ha tenido cuidado -al menos en sus textos oficiales y teóricos- de distinguir bien entre adoración, culto y veneración, y de reservar la palabra "adoración" (y la experiencia vital humana que esta palabra significa) a nuestra relación con Dios.
 
Aquella misma noche, Jacob se levantó,
tomóa las dos mujeres, las dos siervas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc.

Pasó con ellos el torrente e hizo pasar todo lo que tenía.

Y él se quedó solo.

Un hombre, un desconocido, peleó con él hasta la aurora.

El desconocido,  viendo que no le podía vencer, le dijo: "Suéltame, que llega la aurora".

Jacob le respondió: "No te soltaré hasta que me bendigas".

El otro le dijo: "¿Cómo te llamas?"

Contestó: "Jacob".

Le replicó: "Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has podido".

Jacob, a su vez,  le preguntó: "Dime tu nombre".

Respondió: "¿Por qué me preguntas mi nombre?"

Y le bendijo allí mismo.

Jacob llamó aquel lugar Penuel, diciendo: "He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo".

Mientras atravesaba Penuel salía el sol...
 
 

Del Libro del Génesis, cap 32, 26-32
Y yo diría que, con gran acierto, la iglesia mantiene la palabra "adoración" en este momento -y quizás únicamente en este momento- de la adoración de la Cruz
en los oficios del Viernes Santo, después de haber escuchado la Pasión y Muerte de Nuestro Señor jesucristo.

Este es el momento "histórico" ("Padeció bajo Poncio Pilato / fue crucificado, muerto y sepultado"), símbolo de tantos otros momentos de nuestra historia humana, en el cual el hombre es llamado a entrar en un "cara a cara" con Dios.

Delante de la cruz, ciertamente de la de Jesús, pero también como símbolo y resumen de muchos otros "estremecimientos" humanos, los cristianos somos invitados a entrar en "adoración", somos invitados a entrar en una "cara a cara con Dios", somos invitados a cuestionarnos a nosotros mismos, somos invitados -al menos- a tener cuidado de las palabras que decimos (sobre todo, de las que nos decimos anosotros mismos).

Delante detantas cruces, somos llamados a la adoración...

¿Qué es la adoración? Imposible definirla, sólo es explicable por imágenes y por narraciones. Una de ellas, la que nos encontramos en el Génesis: el "cara a cara" nocturno de Jacob con Dios, la lucha en solitario de Jacob con Dios. 

“Adorar” es, a veces, luchar con nosotros mismos, es adentrarnos en nuestra noche, personal y colectiva, sumergirnos en las "tinieblas que cubrían toda la tierra", esperar la aurora... (con la misma ansiedad que los centinelas de la guardia nocturna -una imagen bíblica de los salmosSalmo 130,6, ya veis que todo son imágenes-), de tal forma que, además, de salir con un nombre nuevo (una nueva manera de situarnos en este mundo), exclamemos: "...y he salido con vida".

Salir de este silencio de adoración, y salir con un nombre nuevo (un nuevo sentido para nuestra vida de cada día) y salir con vida, recuperar la palabra (no nuestras antiguas palabras)..., fue una experiencia tan superior a "nuestras propias fuerzas" que los primeros discípulos no tuvieron otro remedio que recurrir una vez más a expresiones simbólicas: para unos, el "recuperar un nuevo sentido para vivir" sólo fue posible por "un joven vestido de blanco" (Mc 16,5), o por "dos hombres con vestidos refulgentes" (Lc 24,4); para otros, "recuperar la palabra" sólo fue posible por "un viento recio", "un ruido que resonó por toda la casa", "unas lenguas como de fuego", un empezar a hablar en diferentes lenguas... (Ac 2, 3-4).
Y después, ¿qué?
El silencio empezó a expresarse, no en palabras, sino en imágenes.
bajó a los infiernos
 
resucitó al tercer día


subió  a los cielos

está sentado a la derecha dedios Padre todopoderoso
 

Y desde allí 
ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos
 No entramos aquí en una cronología de hechos y de acontecimeintos

Son imágenes, 
y cada una de ellas quiere expresar todo lo que el silencio de adoración (el silencio del gran sábado, dirían los antiguos) ha hecho renacer en el interior del creyente. 

Lo que cantamos en el Credo no son afirmaciones. Afirmaciones que siempre -y quizás más en nuestro mundo occidental- son polémicas: si afirmo esto, no puedo afirmar esto otro. 
Llevar  esta idea a la práctica pastoral significaria, entre otras cosas, suprimir los clásicos interrogatorios de la "renovación de las promesas bautismales"
      Lo que cantamos en el Credo son imágenes, que siempre saben que pueden haber otras imágenes para expresar lo mismo.

Cantamos imágenes no porque aquello que queremos expresar sean cuentos de hadas, sino porque nuestras viejas palabras no son capaces de expresar nuestro propio "nombre nuevo" que hemos descubierto en el largo silencio de adoración.

El Credo ha reunido estas cinco imágenes: no son las únicas (repasando los libros del Nuevo Testamento podríamos encontrar algunas más); ninguna de ellas quiere ser más que las otras; ninguna de ellas contendería para ocupar el primer lugar de la lista; todas ellas saben que explican una verdad,pero tambie´n saben que no la pueden explicar toda.

Saben que son imágenes nacidas, engendradas en el silencio de unos hombres y de unas mujeres concretas, de un tiempo concreto, de una cultura concreta... y saben que otros silencios de otros hombres y mujeres pueden engendrar y hacer nacer otras imágenes.



 

Gracias por la visita
Miquel Sunyol
sscu@tinet.cat
Mayo 1999
Última actualización: abril 2012

Para decir algo
Página principal de la web

Otros temas



El diálogo interreligioso          Catequesis navideña         Catequesis eucarística         Cosas de jesuitas
Con el pretexto de una encuesta         Spong el obispo episcopaliano         Teología Indígena