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¿Cómo salvar la Iglesia
del "Fuera de la Iglesia no hay salvación"?

El intento de Bernard Sesboüe

Bernard SesboüeApreciada Luisa:

No sé si por culpa tuya (por seguir tus consejos) he estado perdiendo el tiempo estos últimos días, dedicados -por algunas horas- a la lectura del libro de Bernard Sesboüe, Fuera de la Iglesia no hay salvación. Historia de una fórmula y problemas de su interpretación, editado en España en 2006 por Mensajero (veo que los jesuitas -siempre acomodados a los tiempos que van surgiendo- ya no se atreven a añadir "del Corazón de Jesús"). En Francia, Desclée de Brouwer lo publicó en 2004.

Ya te comenté, en una primera impresión después de haber leído sólo unas cuantas páginas, que me parecía estar delante de otro de los que "repiensan" para acabar diciendo al final lo mismo.

Ya he empezado a leer el libro de Sesboüé, pero sin mucho entusiasmo, ya que me parece que es más fácil decir que es una de tantas tonterías que se han aprobado por mayoría (en tantas asambleas).

Me temo que será un poco lo que les pasa a tantos que "repiensan": muchas páginas y mucho repensar paras acabar diciendo lo mismo.

De este grupo de los que repiensan para acabar diciendo lo mismo, deberíamos excluir a John Selby Spong: algunos de sus libros llevan en su título un "rethinking" (repensando), pero no acaba diciendo lo mismo. Una prueba la tienes en sus "Doce tesis".

En parte me dabas un poco la razón ("y varios de esos "repensar" me parece también a mí que vuelven en definitiva a lo mismo"), pero te ponías un poco más seria:

Hmmmnnn... Es más que una de tantas tonterías aprobadas por mayoría. Es una afirmación hoy "escandalosa", que sin embargo ha mantenido la Iglesia durante más de milenio y medio, con auténtica convicción oficial, solemnidad, consciencia... y además quemando herejes y enviando pueblos enteros al infierno. Creo que hoy es el error manifiesto más grande y más vergonzoso que podemos reconocer en la Iglesia Católica...

Y querías llegar a una conclusión: que la Iglesia dejara ya de "pontificar".

Para mí, sobre todo, es el signo de que si durante milenio y medio hemos estado grave, solemne y trágicamente equivocados, no se puede pasar página y ya está, como hace la CDF, y la Comisión Teológica Internacional, sino que hay que sacar la conclusión: La Iglesia no puede ahora dictarnos la nueva versión de la "verdad dogmática de obligado acatamiento" en el tema ("inclusivismo en vez de exclusivismo, y no pluralismo")... La única conclusión coherente es que no haya más afirmaciones "dogmáticas" y dejemos de pontificar por otro milenio por lo menos.

Te sulfuraba este "pasar página" de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Teológica Internacional, que evidenciaba

...la falta de honestidad intelectual de la Comisión Teológica en ese párrafo en que se liquidan la justificación del abandono de la susodicha "Extra ecclesiam nulla salus"

El párrafo en cuestión pertenece al documento "El Cristianismo y las religiones" del año 1996, en el capítulo dedicado a "La discusión sobre el valor salvífico de las religiones"

El eclesiocentrismo exclusivista, fruto de un determinado sistema teológico, o de una comprensión errada de la frase "extra Ecclesiam nulla salus", no es defendido ya por los teólogos católicos, después de las claras afirmaciones de Pío XII y del Concilio Vaticano II (cf. p. ej. LG 16; GS 22) sobre la posibilidad de salvación para quienes no pertenecen visiblemente a la Iglesia (párrafo nº 10)

Y me parecías ansiosa de poder acabar la lectura del libro para saber si el autor llegaba a la misma conclusión.

En un correo posterior no me animaba a darte muchos ánimos:

Voy por la página 100 de Sesboüe... Pero me huelo que no sacará las mismas conclusiones que tú... Pero no juzguemos antes de hora.

Ahora, después de haber leído el libro, tampoco puedo "juzgar" demasiado, ya que, aunque no haya hecho una lectura "en diagonal", tampoco ha sido una lectura suficientemente lenta para ir tomando notas. Pero algunas cosas sueltas sí que puedo decir.

El tufillo que da es que Sesboüe quiere salvar el "magisterio" (para salvar, a su vez, la indefectibilidad de la Iglesia y su infalibilidad1) y para ello puede intentar varios caminos. Uno de ellos es entrar a discutir si esta formulación del Concilio de Florencia, que se encuentra en la bula Cantate Domino del 4 de febrero de 1442, se debe considerar como una "definición conciliar". Una vez que los griegos abandonaron la reunión, ya no se debería hablar de "concilio". Pero, bueno, tenemos el "Sacrosancta Romana Ecclesia… firmiter credit, profitetur et praedicat..." (cree, profesa y predica).

...nuestra bula Cántate Domino, que contiene ese pasaje tan severo sobre la incapacidad de salvación en que se encuentran todos los que no pertenecen de una manera visible a la Iglesia católica, es un acto del concilio de Florencia, pero no constituye una definición de fe. La repetición de las expresiones solemnes la sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica, tan impresionante a primera vista para el lector, no debe ser interpretada, por tanto, como la intención de definir puntos sometidos a controversia; pertenece más bien a la fraseología tradicional de las confesiones de fe. Nuestra fórmula no es la de una promulgación formalmente infalible. Eso no significa tampoco que no se refiera a una afirmación que pertenece a la fe. (pag. 109)

Otro camino es relativizar y minimizar el contenido de la afirmación: ya desde los principios (Orígenes, Cipriano) en el siglo III: sólo se hablaba de los que abandonaban la Iglesia. Lejos de mi ponerme a discutir con un hermano mío jesuita.

A pesar de la clara advertencia de Orígenes...

Nadie, pues, se forje ilusiones, nadie se engañe a sí mismo. Fuera de esta casa, es decir, fuera de la Iglesia, no se salva nadie. (Homilías sobre Josué 3, 5)

...Sesboüe nos dirá que la reflexión de Orígenes

...se encuentra situada y formulada concretamente en función de dos casos bien definidos: los que se niegan a entrar en la casa de la salvación (los judíos) y los que se salen de ella. En ambos casos es la responsabilidad personal lo que se encuentra en cuestión inmediatamente. (pág. 55)

Y la "feroz" fórmula de Cipriano de Cartago sólo se entiende bien, según Sesboüe, si no se quiere ir más allá de afirmar que

...no hay salvación para ningún cristiano que rehúse la penitencia propuesta por la Iglesia o la abandone de una manera pecadora. (pág. 57)

Pero quizás todos tenían claro y no era tema de posible discusión la afirmación neotestamentaria de que "Dios no ha dado a los hombres ningún otro nombre que pueda salvarnos" (Ac 4, 12). Y este nombre era propiedad exclusiva de la Iglesia… Orígenes y Cipriano vendrían a decir: "Aunque estéis bautizados, os pasará lo mismo que a los otros".

En su recorrido histórico he encontrado a faltar algunos sermones. Por ejemplo, el del jesuita portugués Antonio Vieira. Lo encontré por primera vez cuando me dediqué a ver qué decía la Teología India de Abya Yala sobre Jesús de Nazaret. Paulo Suess, en una ponencia en el V Encuentro de Teología Indígena Latinoamericana (México, 1990), Mediaciones metodológicas de la teología cristiana como presupuestos para la práctica misionera, lo citaba. Es el primer sermón que Vieira, todavía no ordenado sacerdote, hace en Bahia. El mismo año (1633) que Galileo fue obligado a retractarse.

Oh, si la gente negra arrancada de los enredos de Etiopía, y pasada al Brasil, conociera bien cuánto le debe a Dios, y a su Santísima Madre por éste que puede parecer un destierro, cautiverio, y desgracia, y no es sino un milagro, y ¡grande milagro! Decidme: vuestros padres, que nacieron en las tinieblas de la gentilidad y en ella viven y acaban la vida sin la luz de la fe, ni el conocimiento de Dios ¿a dónde van después de la muerte? Todos [...] van al infierno, y allá están ardiendo y arderán por toda la eternidad.

Vieira, Antonio, Sermao décimo quarto [1633]. En Sermoes. Vol.4, tomo II, n. 6. Ed. Lello&Irmao, Porto, 1959, pag 301 <

Recuerdo de mis devociones infantiles es "Mirad cómo se llenan de ellas los infiernos...". El Google, fantástico, [oración "Francisco Javier" mirad] ha venido rápidamente en mi ayuda:

Mirad, Señor, como en oprobio vuestro se llenan de ellas [de las almas de los infieles] los infiernos. Acordaos, Padre celestial, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su sangre, padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles.

Como no reniego de "mis devociones infantiles" y quizás en el noviciado todavía, en los días de la Novena de la Gracia ("de grande y comprobada eficacia en las necesidades de la vida presente", según. Pío X), rezaríamos esta oración ("que compuso y decía el santo"), tengo por casa una versión más moderna de esta oración. Curioso: falta la primera frase. Si lo quieres ver...

Los jesuitas no se atreven a cambiar el famoso libro de los Ejercicios de su santo fundador y así todavía podemos leer en la contemplación de la encarnación:

...considerar las tres personas divinas… cómo miran toda la haz y redondez de la tierra y todas las gentes en tanta ceguedad y cómo mueren y descienden al infierno [106]

La lectura de Sesboüe ha colmado en parte una de mis lagunas. Hace años, comentando esta contemplación, decía:

Y ya me gustaría tener suficientes conocimientos históricos para saber si la frase "todas las gentes… mueren y descienden al infierno" podía ser una afirmación generalizada en los medios universitarios de París

Este descenso en masa a los infiernos no era una visión exclusiva de los jesuitas. Entre aquellas lecturas sobre Teología Indígena latinoamericana encontré, por primera vez en mi vida ¡a los sesenta años!, el famoso Diálogo de los Doce, los doce franciscanos que llegaron a México llamados por Cortés. No deja de ser sorprendente que, entre los misioneros cristianos y los "tlamitinime" (sacerdotes, ancianos, teólogos indígenas) se hubiese dado algo parecido a un "diálogo", aunque no es nada sorprendente el final del "diálogo":

Este universal Dios y Señor, redentor y criador Jesucristo tiene un reyno acá en el mundo, que se llama reyno de los cielos, y por otro nombre yglesia cathólica y llámase reyno de los cielos, porque ninguno yrá al cielo a reynar si no se subjetare a este reyno acá en el mundo.

Aquí hay un pequeño corte temporal y geográfico. Ahora estoy en Albarracín, en el pueblo, un poco imposibilitado de adentrarme en la sierra por la nieve. A mis años voy aprendiendo a ser un poco prudente.

La pretensión de Sesboüe supera el marco de la frase en cuestión. Quiere demostrar que, a pesar del escándalo de esta frase, que la iglesia ya ha abandonado como un ejército en retirada va abandonando la intendencia, la indefectibilidad de la Iglesia se puede seguir afirmando.

Sólo a este precio se puede dar una respuesta verdadera a la cuestión de la indefectibilidad de la Iglesia, e incluso a la cuestión de su infalibilidad, cuando se trata de una fórmula que ha figurado durante siglos en su tradición viva y ha sido recogida al unísono por numerosos documentos magisteriales como un punto de apoyo indiscutible de su doctrina. (p. 338).

Salvar la indefectibilidad de la Iglesia recurriendo a "la corrección paciente y consciente de la perspectiva de la fórmula", a "un largo camino de constante recuperación", a un "ir clarificando progresivamente el elemento de verdad infalible incluido en la màxima". Sin ruborizarse (como los sacerdotes suelen hablar de Dios2), afirma que

...la fe eclesial ha caminado en la verdad, aunque esta verdad haya sido considerada durante mucho tiempo de manera torpe, incompleta, y hasta con un cierto contingente de datos que el análisis histórico más tardío discierne como errores y actitudes insuficientemente evangélicos. Su formulación ha permanecido durante mucho tiempo defectuosa respecto a su intención. Su verdad se sitúa más allá de la materialidad de lo que el adagio afirma. (pág. 355)

Sesboüe acabará afirmando que "sólo en la tradición viva de la Iglesia puedo alcanzar esta verdad", pero en esta "tradición viva de la Iglesia" no entran aquellos elementos que tú considerabas dignos de ser mencionados: "quemando herejes y enviando pueblos enteros al infierno". Estos "pequeños detalles" no entran en la tradición viva de la Iglesia. Ya sería hora de que te enteraras.

Es verdad que Sesboüe habla de "las huellas dolorosas que el adagio haya podido dejar en las conciencias". (p. 405)

Pero debemos alegrarnos de este libro de Bernard Sesboüe, pues abre caminos. Lo que él pacientemente, con seriedad y con conocimientos variados (bíblicos, patrísticos, históricos), ha realizado con esta fórmula del concilio de Florencia, otros lo podemos hacer con otros "adagios" de otros concilios que lograron las calificaciones de "dogmas" o de "verdades de fe". Si él ha intentado situar en sus verdaderas coordenadas una fórmula conciliar del siglo XV, otros pueden (o podemos) intentar situar en sus verdaderas coordenadas fórmulas conciliares de siglos anteriores, por ejempo algunas surgidas de los concilios, celebrados no sin tensiones, de los siglos IV y V, y pedir que la Iglesia las pase al grupo de

...ciertas fórmulas [que] han envejecido irremediablemente y [que] han dejado de gozar de la transparencia necesaria al mensaje que están encargadas de transmitir. No es que se hayan vuelto falsas, sino opacas. (p. 392) [Cursivas del autor]

Ya sabes que me estoy refiriendo al "Dios verdadero de Dios verdadero" (Qeo.n avlhqino.n evk Qeou/ avlhqinou) y "de la misma substancia que el Padre" (o`moou,sion tw/| Patri) de Nicea (cosas del año 325 con los gastos cargados al erario público) y al "verdadero Dios y verdadero hombre" (Qeo.n avlhqw/j( kai. a;nqrwpon avlhqw/j) de Calcedonia (año 451), con aquellas cuatro famosas negaciones, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación (avsugcu,twj, avtre,ptwj, avdiaire,twj, avcwri,stwj), que pocos serán los que sepan qué quieren decir en positivo. Los "Padres conciliares" de aquellos concilios ya lo daban por supuesto, pues no dejan de repetir que son cosas "de modo inefable e incomprensible" (avfra,stwj te kai. avperinoh,twj), "inexplicable e inefable" (avfra,stou kai. avporrh,tou) (Efeso, año 431).)

No creo que Bernard Sesboüe quiera ser uno de tantos creyentes en Cristo que trabajan para alcanzar un nuevo "consenso" que sustituya al alcanzado en los concilios de Nicea (325) y Calcedonia (451). Parece que no quiere renunciar a

...la única mediación llevada a cabo por Cristo entre Dios y los seres humanos con su encarnación y su misterio pascual. (p. 339)

Bueno, creo que ya puedo ir acabando esta carta. Ya ves que Sesboüe no quiere participar de las tesis ni de Paul Knitter ("verdaderamente, pero no únicamente"), ni de Roger Haight ("el error del Dios encarnado"), ni de John Hick ("la metáfora del Dios encarnado").

Ni aceptaría que más que hablar de "misterio" habría que hablar de explicaciones humanas un tanto confusas y no del todo logradas.

La fórmula pone ante nosotros un "misterio", pero no un misterio divino, sino un misterio que ha sido creado por un grupo de seres humanos reunidos en Calcedonia. (John Hick)

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
25 Enero 2012
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1  No te creas que sean fáciles estas dos palabritas, pero las dejaremos para otra ocasión.  Volver al texto

2  Este inciso es fruto de una de mis últimas lecturas: "En Diana no había ni un ápice de hipocresía. Pero la habían criado con una dieta mental de heroísmo, imperio, decencia y superioridad emocional femenina, de modo que podía hablar sobre esas cosas sin ruborizarse, tal como los curas hablan de Dios". La novela es El quinto en discordia de Robertson Davies. Recomendable.  Volver al texto

novena_gracia (838K)

La oración auténtica, tal como nos la ofrece el Devocionario Católico es la siguiente:

Eterno Dios, Criador de todas las cosas, acordaos que Vos criasteis las almas de los infieles haciéndolas a vuestra imagen y semejanza.

Mirad, Señor, como en oprobio vuestro se llenan de ellas los infiernos. Acordaos, Padre celestial, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su sangre, padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidando su idolatría e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviasteis, Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos; a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.

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