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El movimiento de Jesús

Una selección de textos

GERD THEISSENNascut el 1943 a Alemanya. Alumne de Ph. Vielhauer. Pertany a l'església evangèlica.
Sociologia del
movimiento de Jesús
El nacimiento del cristianismo primitivoEd. Sal Terrae (1979)
El cristianismo primitivo comenzó como un movimiento intrajudío de renovación, promovido por Jesús, en competencia con otros movimientos intrajudíos de renovación. Fue un fenómeno palestino con irradiación en las regiones vecinas de Siria, entre  los años 30 y 70.

Jesús no fundó primariamente comunidades locales, sino que dio a luz un movimiento de carismáticos ambulantes. Las figuras decisivas del cristianismo primitivo fueron apóstoles, profetas y discípulos vagabundos (carismáticos ambulantes apátridas)  que se movían de un sitio a otro, donde encontraban apoyo en pequeños grupos de simpatizantes. Estos grupos de simpatizantes siguieron, como organización, en el seno del judaísmo, vinculados con la vieja situación por obligación y lazos de diversa índole.

Los carismáticos ambulantes no eran un fenómeno marginal en el movimiento de Jesús. Ellos acuñaron las tradiciones más antiguas y constituyen el trasfondo social de una gran parte de la tradición sinóptica, especialmente de la tradición de los "logia" (bastante extensa en los evangelios de Mateo y Lucas). Muchos de estos dichos, extraños y excéntricos a primera vista, se hacen más inteligibles si se tiene en cuenta quién practicó y transmitió estas palabras. Lo más interesante en ellas son las normas éticas porque hacen referencia directa al comportamiento de los seguidores de Jesús, especialmente las que se refieren a la renuncia a un lugar estable, a la familia, a la propiedad y a la propia defensa.

Este radicalismo ético de la tradición sinóptica era un radicalismo trashumante, capaz de practicarse únicamente en condiciones extremas y en una vida marginada. Sólo podía practicar y transmitir este radicalismo de modo fidedigno el que se había liberado de las ataduras cotidianas de este mundo. Esto sólo podía realizarse dentro de un movimiento de marginados. Y en este "mundo de marginados" encaja la espera próxima del fin.

Es imposible entender el "movimiento de Jesús" y la tradición sinóptica exclusivamente a partir e los carismáticos ambulantes. Junto a ellos había también "comunidades locales", grupos sedentarios de simpatizantes, que seguían plenamente en el seno del judaísmo y no se les ocurría fundar una nueva "iglesia". Desgraciadamente sabemos muy poquito de estos grupos.

En conjunto eran menos radicales que los carismásticos ambulantes, ya que en las comunidades locales tenían que dejarse sentir en sus normas las repercusiones domesticadoras propias del trabajo, de la familia y del control del vecindario.

Los filósosfos cínicos itinerantes constituyen una cierta analogía con el carismático ambulante del cristianismo primitivo.
 

(Pág  7-21)

 

Los seguidores de Jesús
en la tierra de Israel

En el origen del movimiento religioso que fue llamado después cristianismo hubo un pequeño grupo de hombres y mujeres, en el que Jesús de Nazaret desempeñó un papel central. Este grupo, constituido en un determinado momento de los años 20 del siglo I, primero en Galilea, y designado, por lo general, con el nombre de "movimiento de Jesús", pertenecía, en virtud de su autoconciencia religiosa, de su praxis de vida, de su arraigo social y, al fin y al cabo, también a causa de su limitación geográfica, al judaísmo de la tierra de Israel.

No debemos ignorar, ciertamente, el hecho de que Jesús, o el grupo que de él tomó su nombre, representó en el seno del judaísmo del tiempo una posición religiosa o teológica particular -respecto a la interpretación de la Torá y, sobre todo, a la proclamación del reino de Dios como inminente, por ejemplo-. Esta posición distinguía a Jesús o a su grupo de las otras agrupaciones hebreas y engendraba asimismo, a veces, verdaderos y propios conflictos con estas últimas.

Pero los seguidores de Jesús, incluso en los puntos en que se distinguían de los otros grupos, conservaron su identidad judía. Por otra parte, permanecieron constitutivamente ligados a las instituciones comunitarias y sociales fundamentales del Israel de la época y se caracterizaban por su experiencia del presente. Por consiguiente, por motivos relacionados con la historia religiosa y la historia social, los seguidores de Jesús pertenecen al judaísmo de la tierra de Israel.

Tras la muerte de Jesús, el movimiento prosiguió viviendo ante todo en la tierra de Israel. Por una parte, sabemos por la así llamada "fuente de los logia" (una fuente común al Evangelio de Mateo y de Lucas, reelaborada por ellos e introducida en las tradiciones recogidas por el Evangelio de Marcos) que un grupo de "profetas" continuó la predicación de Jesús (puesto que, desde el punto de vista histórico-social, esta "segunda generación" de seguidores de Jesús no se distinguió prácticamente en nada del movimiento originario, no es necesario que la tratemos aparte); por otra parte, se desprende de los Hechos de los Apóstoles y, entre otros documentos, también de la Carta a los Gálatas que, junto a estos profetas itinerantes, los seguidores de Jesús establecieron un centro urbano primero en Jerusalén. Aquí surgió una comunidad estable, la así llamada primitiva comunidad de Jerusalén. De ella deberemos ocuparnos, siquiera sea brevemente, ya que se caracteriza por la stabilitas loci, y, por tanto, ya no por la existencia itinerante propia del verdadero y propio movimiento de Jesús, o por las condiciones típicas de un ambiente urbano que nos obligaría a considerarla, por así decirlo, como el punto de partida de otras comunidades de Judea, aunque también de las comunidades urbanas de creyentes en Cristo de fuera de la tierra de Israel, de las que hablaremos en la tercera parte.

"Seguidores de Jesús en la tierra de Israel" son también las comunidades mesiánicas del período posterior al 70, las que aparecen, a nuestro modo de ver, en los evangelios de Mateo y de Juan. Desde el punto de vista temporal, han de ser colocadas hacia finales del siglo I, en todo caso después de la destrucción del Templo. Vivieron en las condiciones religiosas y socio-económicas de una situación cambiada, (reformulación del judaísmo mediante la cual se trató, entre otras cosas, de superar la pluralidad de grupos existentes hasta entonces)

E.W. Stegemann - W. Stegemann
Historia social del cristianismo primitivo
Los inicios en el judaísmo
y las comunidades cristianas en el mundo mediterráneo

(Ed. Verbo Divino)


 

Algunes d'aquestes coses ja es deien fa molts anys. Per exemple, al 1921 per Charles Guignebert










Orígenes judíos
del cristianismo

El cristianismo tiene, pues, sus primeros orígenes en un movimiento judío; aparece, al principio y exclusivamente, como un fenómeno que interesa a la vida religiosa de Israel, totalmente característico del medio palestino y realmente inconcebible fuera del mundo judío. Dicho movimiento, al cual influencias múltiples aclararían después y acrecentarían su fecundidad, surge de la iniciativa de un galileo. Jesús Nazareno, es decir, con toda probabilidad, no el hombre de Nazaret, sino el nazir, el santo de Dios.

No me parece posible poner en duda su existencia, como todavía se intenta en nuestros días, pero, en verdad, una vez que la hemos afirmado, penetramos en la oscuridad y la incertidumbre, hasta el punto de que uno de los resultados principales de la profunda búsqueda realizada estos últimos años en los documentos primitivos es el de haber mostrado la imposibilidad de representarnos la vida de Jesús con alguna apariencia de certidumbre. Deben considerarse como narraciones más o menos arbitrarias y subjetivas todos los libros que pretenden contárnosla.

Se comprenden fácilmente las razones de este hecho. Los hombres que escucharon la palabra de Cristo y creyeron en ella, y que después de haberse desesperado por su suplicio proclamaban su resurrección, no sentían necesidad alguna de fijar por escrito sus recuerdos y sus impresiones; no se cuidaban en absoluto de la instrucción de una posteridad que -estaban persuadidos- no llegaría jamás; de un momento a otro , el mundo de la injusticia, del error, de la carne, iba a concluir; la generación humana iba a detenerse, el Mesías vencedor iba a resplandecer entre las nubes.


Charles Guignebert
El cristianismo antiguo
(Fondo de Cultura Económica, México 1956)
(Ernest Flammarion, Paris 1921)


Seguiràs llegint el text
Richard A. Horsley
Jesús y el imperio
El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial.

Pág. 71

Movimientos proféticos populares

Algunos movimientos de liberación del régimen imperial romano que emergieron en la Palestina de la primera mitad del siglo I adoptaron la diferente pero distintiva forma social israelita de los movimientos proféticos populares. El más conocido es el del profeta Teudas, que llevó a sus seguidores hasta el Jordán, y el movimiento del "Egipcio", un profeta judío que llevó a sus seguidores al monte de los Olivos.

Los profetas guías de movimientos deben ser distinguidos de los típicos profetas israelitas que simplemente pronunciaban oráculos de juicio o de liberación. El más significativo de estos últimos es el profeta campesino Jesús ben Ananás (Guerra VI, 300-301). Aunque la aristocracia sacerdotal jerosolimitana quería ejecutar a Jesús ben Ananás, el gobernador romano simplemente ordenó que lo azotaran severamente y lo dejaran libre, creyendo que se trataba de un demente.

Por el contrario, los profetas como Teudas y el "Egipcio" inspiraron y condujeron movimientos masivos que fueron rápidamente destruidos por la milicia romana como serias amenazas al orden imperial. Efectivamente, podemos discernir en estos movimientos un patrón común. Conforme a los varios relatos de Josefo, profetas como Teudas y el "Egipcio" organizaron nuevas acciones de liberación que conllevaban "retos revolucionarios" conforme al "designio" de Dios y que correspondían a alguna de las grandes gestas liberadoras de Moisés y Josué.

Estos movimientos de mediados del siglo I estuvieron informados y esquematizados conforme a las gestas de liberación y entrada en la tierra donde Israel se forjó como pueblo.

La forma distintiva israelita asumida por esos movimientos proféticos indica que la resistencia al gobierno imperial romano estaba profundamente arraigada en la tradición popular israelita. Que tales movimientos ocurrieran a mediados del siglo I entre campesinos judíos (y al menos uno entre los samaritanos) indica que las corrientes vinculantes con la tradición israelita de independencia y de compromiso con el tradicional modo de vida que nace de la alianza eran muy amplias y comunes en la memoria y el anhelo social populares.

Gran número de campesinos en regiones diferentes de la provincia estaban anhelantes por su liberación y/o por retomar el control de su tierra de manos de los ocupantes. Conforme a los más "realísticos" movimientos mesiánicos, buscaron renovar una vida israelita más igualitaria, en un claro desafío al nuevo orden mundial

Entre los movimientos populares

No debe sorprender que las protestas populares y la resistencia estallaran con frecuencia creciente precisamente durante la vida de Jesús y de sus seguidores. Los movimientos mesiánicos populares en Galileas y Judea buscaban establecer la independencia del pueblo respecto del yugo jerosolimitano y romano. Los fariseos radicales y otros maestros impulsaron el rechazo a pagar tributo romano, proclamando que Dios era su verdadero y único amo y señor. Los profetas populares encabezaron movimientos que anticiparon, entre otras cosas, el colapso del gobierno del sumo sacerdocio y de los romanos en Jerusalén, junto con el de las murallas de la ciudad.

No deja de ser sorprendente que la misión de Jesús y su movimiento estén enmarcados históricamente en estos movimientos populares que adoptaron distintivamente forma israelita. Todos esos movimientos indican que las tradiciones distintivamente israelitas de resistencia popular e independencia estaban muy vivas en Judea y Galilea durante el tiempo de Jesús. Las distintivas formas sociales de esos movimientos claramente prefiguran a Jesús y su movimiento.

¿Fue Jesús totalmente diferente a otros líderes y movimiento o círculos de escribas disidentes? ¿Fue diferente sobre todo en sus particulares pronunciamientos sobre el juicio de Dios contra el orden imperial romano?

Richard A. Horsley
Jesús y el imperio
El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial.

Pág. 113
Richard A. Horsley
Jesús y el imperio
El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial.

Pág. 135

Jesús, un líder como otros

No hay necesidad de debatir si él fue "apocalíptico", porque tanto Jesús como los Apocalipsis producidos por grupos de escribas comparten el amplio modelo israelita del juicio de Dios contra los gobiernos extranjeros como prerrequisito para la restauración del pueblo sometido, un patrón dictado por las circunstancias recurrentes de los pueblos israelitas bajo el gobierno imperial.

Desde esta perspectiva, Jesús se coloca junto a los activistas fariseos y otros maestros y administradores que formaron grupos de resistencia, tales como la Cuarta Filosofía. Estos se basan en los mismos fundamentos para rechazar el tributo a Roma: deben lealtad exclusiva a Dios como su único Amo y Señor.

Al catalizar un movimiento e impulsar un programa sobre el "Reino de Dios", Jesús adaptó papeles sociales tradicionales que estaban vivos en su sociedad (algunos de sus contemporáneos dieron los mismos pasos).

Jesús ben Josef fue líder de un movimiento popular opuesto a los poderosos intermediarios de Jerusalén (clientes del alto gobierno imperial de Roma). Desde este ángulo, Jesús compartió un papel con el "Egipcio", un profeta judío que dirigió un movimiento popular y llevó a sus seguidores hasta el monte de los Olivos.

A la labor de Jesús, el profeta que encabeza un movimiento popular, como sus predecesores paradigmáticos Moisés y Elías, pertenecen las curaciones y los exorcismos que manifiestan la victoria del régimen de Dios sobre el de los romanos.

En todos estos aspectos, Jesús de Nazaret pertenece al mismo contexto, codo con codo, que otros líderes de movimientos judíos y galileos y tiene la misma agenda general: la independencia del gobierno imperial romano para que el pueblo pueda fortalecer y renovar su modo de vida tradicional bajo el gobierno de Dios.

Revueltas mesiánicas

Las revueltas que estallaron en Galilea, Perea e Idumea a la muerte de Herodes tuvieron una discernible forma social que bien puede llamarse "movimientos mesiánicos" (Guerra II, 56-65; Ant 17, 271-285). Josefo escribe en cada caso que los rebeldes aclamaron a uno de entre sus filas como "rey". Su deliberada elección de términos helenísticos tales como "conceder la diadema" y "aspirar al reinado", sin embargo, no pueden esconder la tradición israelita subyacente que anima dichos movimientos. Los relatos bíblicos sobre el surgimiento de la realeza israelita en respuesta a la amenaza filistea mencionan que "los hombre de Judá... ungieron a David como rey" sobre Judá y luego "todos los ancianos de Israel ungieron a David como rey" sobre Israel (2Sam 2, 4; 5,3; cfr. 1Sam 11,15; 2Sam15, 10-12; 1Re 12,20). Ésta es la tradición popular israelita según la cual el pueblo mismo "unge" a su rey bajo una base condicional, no la posterior "gran tradición" del reinado imperial de Salomón y los salmos reales (2Sam 7; Sal 2; 110; 132...). Esta tradición popular de reinado era también revolucionaria, en la medida en que el pueblo estaba "ungiendo" a un rey que los guiara en sus luchas de independencia contra los opresores domésticos y extranjeros, como los filisteos.

Todos esos movimientos surgieron en la provincia, entre los campesinos. Muchos de ellos eran probablemente "hombres desesperados" (Ant 17, 271, como los seguidores de David, 1Sam 22,2) por el deterioro económico padecido por los campesinos en general bajo Herodes. Que aclamaran un rey "en su locura" y pelearan con "más entusiasmo que habilidad" (Ant 17, 274-276) puede indicar que se sentían divinamente inspirados. Sus "reyes" o "mesías" eran todos de orígenes humildes.

Los movimientos mesiánicos tenían dos metas interrelacionadas: conseguir la libertad del régimen herodiano y romano, y restaurar un orden socio-económico más igualitario. La virulencia de sus ataques guerrilleros contra las fortalezas herodianas y las tropas romanas parece gestada con un gran resentimiento acumulado durante décadas de dominación política y de explotación económica baj0 el orden imperial romano en Palestina. Estos movimientos eran conscientemente políticos. Significativamente, el movimiento mesiánico en Galilea estuvo centrado en poblaciones en torno a Nazaret, justo durante el tiempo del nacimiento de Jesús. Movimientos populares capitaneados por "reyes" en el papel de un nuevo David testifican un patrón familiar profundamente arraigado en la tradición israelita.

Richard A. Horsley
Jesús y el imperio
El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial.

Pág. 68
Gràcies per la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
9 abril 2010
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