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EL MISTERIO DE JESÚS... EL MISTERI DE DIOS... EL MISTERIO DE LA REALIDAD

En diálogo (el tercero) con José Manuel Mauri

Si quieres recordar los dos anteriores:
Los límites de la investigación histórica moderna
Imponer nuestra mentalidad... a Jesús de Natzaret


He visto que en repetidas ocasiones hablas del "Misterio de Dios y del Misterio de Jesús". En principio yo podría aceptar la expresión "Misterio de Dios", pero de ninguna manera la expresión "Misterio de Jesús", a no ser que el "misterio de Jesús" fuese muy parecido al "misterio de José Manuel Mauri" y muy parecido también al "misterio de Miquel Sunyol", o al de otro cualquier hombre o mujer de este mundo nuestro.

Sobre Jesús no hay ningún misterio, sino ignorancia, desconocimiento de lo que él hizo y dijo. Sobre Jesús no hay misterio, sino la existencia de fórmulas incomprensibles sobre él, fórmulas que todas ellas han sido de creación humana y que, en algunos momentos determinados de la historia, consiguieron un cierto consenso entre sus seguidores.

Pondré como ejemplo dos momentos:

Recordemos que los seguidores de Jesús representados por el Documento Q no participan de este consenso

Recordemos que el Concilio de Efeso (431) fue calificado por el papa León I como "latrocinium" o que mi profesor de cristología, José Ignacio González Faus, hablaba de "la sucia historia de Efeso"

John Hick (autor que sale en tu escrito) lo dijo bastante claramente:

Más tarde, el Concilio de Calcedonia (451), solamente afirmó que Jesús era "verdadero Dios" (Qeo.n avlhqw/j) "y verdadero hombre" (kai. a;nqrwpon avlhqw/j)", sin intentar explicar cómo era posible semejante paradoja.

Y seguía diciendo:

La fórmula pone delante de nosotros un "misterio", pero no un "misterio divino", sino un misterio creado por un grupo de seres humanos reunidos en Calcedonia.

De Jesús no podemos hablar de "misterio", sólo podemos hablar de este conjunto de paradojas que los hombres (y mujeres) han ido colgando sobre él en el transcurso de los siglos.

*       *       *

¿Y el "Misterio de Dios"?

Veo que también hablas del "Misterio de la Realidad"

Muchos personajes públicos, tal como se expresan en los medios de comunicación, ¿no será que rechazan el teísmo, un theos, más que la apertura al Misterio de la Realidad, al Misterio de Dios?

Y en otro momento dices:

Una cosa es estar abierto a la grandeza del misterio de la Realidad, y otra muy distinta creer tonterías, absurdos y chorradas teológicas.

Supongo que si te pregunto si el "Misterio de Dios" y el "Misterio de Jesús" es lo mismo, tu respuesta será negativa: me dirás que una cosa es el "Misterio de Dios" y otra cosa es el "Misterio de Jesús".

No sé cuál sería tu respuesta al preguntarte si el "Misterio de la Realidad" y el "Misterio de Dios" es el mismo o son dos misterios diferentes.

Esperando tu respuesta yo diría: el llamado "Misterio de Dios" no es tampoco un misterio, sino la respuesta humana -de una parte de la humanidad- al "Misterio de la Realidad".

Respuesta humana, siempre imperfecta, siempre perfectible, a la pregunta milenaria -muy humana- formulada de esta manera por Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646 - 1716), que nuestro profesor de Historia de la Filosofia, Eusebi Colomer, le agradaba recordar:

¿Por qué existe algo más bien que la nada?

krauss (327K)

Why there is something
rather than nothing?

Una pregunta que hoy todavía, año 2013, fabrica "bestsellers"...

Me parece, por lo que he podido ir leyendo por internet (lectura siempre peligrosa), que la respuesta de Lawrence M. Krauss al "Misterio de la Realidad" no conduce a ningún "Misterio de Dios".

Ver un comentario sobre este libro de Carlos Beorlegui

El llamado "Misterio de Dios" es la respuesta teísta que una parte de la humanidad, pero no toda, ha dado al "Misterio de la Realidad".

A lo largo de los siglos se han dado otras respuestas, respuestas que no eran teístas. No sé si el budismo se considera a sí mismo como una respuesta religiosa no teísta. ¿Y el hinduismo?

Sin haber acabado de leer todo tu escrito, me parece que quieres huir del paradigma teísta, como quien abandona la nave ya a punto de hundirse...

No sé hasta qué punto Andrés Torres Queiruga te ayudará a abandonar el teísmo; me parece que sus "repensar" son para volver a decir lo mismo que ya decíamos. Su insistencia en que Dios no interviene en la historia es para acabar afirmando -como expresas en la página 32- que "Dios nos crea por amor". Y esto ¿no es intervenir en la historia humana?

En los primeros meses de mi web ya me planteaba la cuestión de si Dios intervenía en nuestra historia y respondía con palabras de Raimon Pankkar del año 1995:

Este Dios de los pobres, que tan tarde parece haberse despertado, viene intentando restablecer la justicia desde hace mucho; pero, dicho sin sarcasmo, para los millones de vencidos y explotados en estos últimos miles de años no les ha aportado mucha consolación.

También recordaba que era una cuestión tan vieja que ya estaba planteada en la Biblia y que no todos los autores bíblicos daban la misma respuesta. En este punto me aprovechaba de Gerhard von Rad, que el año 1960 había escrito un libro sobre "Teología del Antiguo Testamento", publicado en España por Ediciones Sígueme el año 1969. El primer volumen estaba traducido por Victorino Martín Sánchez, buen compañero y buen amigo desde hace muchos años, un franciscano que acabó su vida laboral de peón de la construcción.

La manera de entender la historia de los autores apocalípticos es irreconciliable con la manera como la entendieron los libros histórico-proféticos: parece insalvable el abismo que hay entre la concepción profética (de tipo intervencionista) y la concepción de los apocalípticos (de tipo determinista).

Si lo quieres recordar:
¿Dios interviene en la historia?
Dos visiones bíblicas
Un texto de Gerhard von Rad

En la página 35 también se podrían hacer algunos comentarios. Escribes:

Es a partir de la tercera generación... es a partir de esta generación que... empiezan a reflexionar y a iniciar una interpretación especulativa... Dicha especulacion inicia la introducción de los conceptos teístas...

¿Quieres decir que los seguidores de Jesús de las dos primeras generaciones y el propio Jesús no eran teístas?

Jesús y los suyos, hijos de su tiempo y de su cultura eran teístas. Incluso podríamos decir "teístas teocráticos".

En la página 41, siguiendo y citando a John Shelby Spong, de quien ya hace años (el 2000) publiqué sus 12 tesis extraídas de why christianity must change or die (¿Por qué el cristianismo debe cambiar o morir?), escribes:

Dios entendido de forma teísta por consiguiente, es claramente una construcción humana.

Como puedes suponer estoy totalmente de acuerdo, pero mi acuerdo sería más pleno si cambiaras el "de forma teísta" por "de cualquier forma que sea". ¿O es que hay alguna concepción de Dios que no sea "una construcción humana"?

Me sorprende lo que escribes en la página 44:

En primer lugar hay que decir "que ni Jesús, ni los evangelios hablan del pecado individual, sino del pecado como injusticia social y, hoy diríamos, estructural" (J. Rius Camps). El pecado individual es una obsesión de la teología posterior.

No me pondré a discutir si Jesús habló o no del pecado individual, ya que no sabemos lo que dijo o lo que hizo Jesús. Pero ¿se puede afirmar que los evangelios no hablan del pecado individual?

Lc 5, 20 kai. ivdw.n th.n pi,stin auvtw/n ei=pen(
:Anqrwpe( avfe,wntai, soi ai` a`marti,ai souÅ
Jesús, viendo la fe de aquella gente, dijo:
¡Hombre!Tus pecados te son perdonados.
Lc 5, 20 ei=pen de. auvth/|(
VAfe,wntai, sou ai` a`marti,aiÅ
Después dijo a la mujer:
Tus pecados son perdonados.
Jn 9, 2 kai. hvrw,thsan auvto.n oi` maqhtai. auvtou/ le,gontej(
~Rabbi,( ti,j h[marten( ou-toj h' oi` gonei/j auvtou/(
i[na tuflo.j gennhqh/|È
Sus discípulos le preguntaron,
diciendo:
Rabí, ¿quién pecó: él o sus padres?
para que naciera ciego.

El "tibi soli peccavi" (contra ti solo he pecado) del salm 50, haya sido dicho por el rey David o no, ¿es una obsesión de la teología posterior? No entiendo cómo un J. Rius Camps puede decir que el tema del pecado individuaL, personal, no pertenece al ámbito del judeo-cristianismo.

Dicho esto, yo también afirmo que el tema del pecado se ha convertido en una obsesión eclesial. Ya hace muchos años que prescindo del "Antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados". Ciertamente mucho antes de escuchar los Castillo y los Arregui, no sé si incluso antes de leer -hace ya muchos años- a Jacques Pohier, el primer "condenado" de Juan Pablo II. Me atrevo a decir que la lectura de Jacques Pohier me confirmó mi pràctica litúrgica, que, por otro lado, estaría copiada de compañeros anteriores.

Si lo quieres recordar:
¿El pecat, es algo tan importante?
Un texto de Jacques Pohier

Karl Rahner, en el homenaje que la Academia Católica de Friburgo le rindió el 12 de febreo de 1984 con ocasión de su 80 aniversario, evocaba cuatro experiencias de un teólogo católico. Fue como su "testamento", pues pocas semanas más tarde, el 30 de marzo, moría. En su segunda experiencia decía:

No está prohibido a un teólogo cristiano considerar el tema del pecado del hombre y el del perdón de la falta por pura gracia como un tema un poco secundario en relación al tema más central de la comunicación radical que Dios hace de sí mismo a la creatura, de este inesperado prodigio de un Dios que se da a fondo perdido, convirtiendo la aventura de este amor en su propia historia.

El teólogo, no sólo porque capta la dificultad de aceptar la justificación como mera remisión del pecado, sino también porque capta Dios y el don de Dios al hombre como pura gracia, anterior a todo pecado, puede tranquilamente tratar la comunicación que Dios hace de sí mismo a la creatura como un tema más central que el del pecado y el del perdón del pecado.

Ya sé que este enunciado es de los más problemáticos, sobre todo a la luz de la Escritura: para ella somos pecadores que, en su egoísmo, nos encerramos siempre de nuevo en nosotros mismos; tenemos necesidad de la gracia y del perdón de Dios, la comunicación de Dios se realiza siempre, de hecho, bajo la forma del perdón; la experiencia radical de nuestra condición humanamente irremediable de pecadores es siempre la situación concreta a partir de la cual empezamos a tender nuestros brazos hacia Dios.

Tenemos el peligro de tomarnos, por orgullo, con demasiada seriedad el pecado y olvidarnos que lo que más nos estremece, al considerar todos los horrores de la historia de la humanidad, es quizás, a pesar de todo, las consecuencias de nuestra condición de creaturas, en nuestra estulticia, debilidades y pasiones no culpables, más que del pecado propiamente dicho, el que nos haría responsables delante del tribunal de Dios.

Es, pues, en nombre de una visión perfectamente cristiana del cristianismo y no de un humanismo presuntuoso, que podemos dar a la fe en la comunicación de Dios en la libertad de su gracia una cierta preeminencia sobre la confesión del pecado del hombre.

En este momento, cuando lo que nos importa no es dar una descripción de la realidad cristiana como tal, sino intentar decir alguna cosa de la experiencia, evidentemente subjetiva, que uno a lo largo de su vida ha ido haciendo de esta realidad, reconozco con cierto temor que en mi teología -necesariamente subjetiva- el tema del pecado y del perdón permanece un poco a la sombra por detrás del tema de la autocomunicación de Dios.

Si lo quieres recordar:
La autocomunicación de Dios a la criatura
Un texto de Karl Rahner

Por hoy, lo podemos dejar aquí. Ya seguiré haciéndote comentarios...

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
5 octubre 2014
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