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LAMIARRITA 2016

Una eucaristía sin sangre
ni rituales de antropofagia

La casa de Lamiarrita en el valle del Baztan
Los lectores habituales de esta web ya saben qué es "Lamiarrita": la casona en el Valle del Baztán donde, desde hace unos cuantos años, un grupo de jesuitas, con otros sacerdotes, religiosas, laicos y laicas (casados o sin casar...), hacen "Ejercicios Espirituales": ocho días de oración, reflexión y lectura.

Cada año viene un "predicador" distinto, el cual da una charla al día por la mañana. En la eucaristía de la tarde siempre hay un tiempito para que el público se explaye diciendo lo que quiera... Después de tantos años, ya casi todos sabemos lo que cada uno va a decir antes de que empiece a hablar...

Algunos de los temas, ya presentados en esta web, tienen su origen en estos días de reflexión:

Ya hace años dije y dejé escrito que "La historia de la salvación era un buen montaje fílmico".".

Si lo quieres recordar:
El recuadro provocativo

No hubo que esperar a la física quántica ni a la teología quántica para descubrir que ya los primeros fotogramas, las primera escenas de la película, eran falsos:

¿Para qué, pues, una salvación? ¿Para qué, pues, un salvador?

Éramos, ciertamente, seres finitos, pero no rotos ni truncados, ni concebidos ni nacidos en pecado; seres finitos en evolución del alfa al punto omega, sabiendo que nunca llegaríamos a la infinitud.

Nos impusieron una salvación, nos impusieron un salvador, y lo aceptamos. Aceptamos ser "salvados", aceptamos ser "salvadas". Vendimos como Esaú, por "pan y un potaje de lentejas", nuestra autonomía de seres finitos.

Pero quizás a algunas, a algunos, nos empezó a no gustarnos la manera cómo habíamos sido salvados (o como nos habían dicho que habíamos sido salvados).

  • No nos gustaba el Dios necesitado de una víctima humana
  • No nos gustaba el Padre que entrega su propio hijo
  • No nos gustaba que un hombre (Mesías o no) "se entregara por nuestros pecados según el designio de Dios nuestro Padre"
  • No nos gustaba ser salvados por "una muerte y muerte de cruz"

Y también empezó a no gustarnos el celebrar nuestra "salvación" comiendo carne humana y bebiendo sangre humana y ofreciendo a Dios la sangre de su hijo.

No nos gusta esta manera de ser salvados. Hay otras maneras de ser salvados

En la Carta de Santiago:

1, 18 Por su propia voluntad,
él nos hizo nacer por la palabra de verdad,
para que fuéramos como primicias de sus criaturas.
boulhqei.j avpeku,hsen h`ma/j
lo,gw| avlhqei,aj eivj
to. ei=nai h`ma/j avparch,n tina tw/n auvtou/ ktisma,twnÅ
1, 21 Recibid con mansedumbre la palabra implantada,
la cual puede salvar vuestras almas.
de,xasqe to.n e;mfuton lo,gon
to.n duna,menon sw/sai ta.j yuca.j u`mw/nÅ

Apologetas del siglo II (Taciano, Atenágoras, Teófilo de Antioquía...) no hablan ni de la muerte de Jesús ni de su resurrección, ni de sacrificios expiatorios; la salvación vendrá, por ejemplo, a través del conocimiento de Dios, conocer el Dios verdadero y su Verbo.

Si ho vols recordar:
Los apologetas del siglo II

Roger Haight, a Jesús, símbolo de Dios (pág. 176), nos señala otro ejemplo:

Puede entenderse como un "ser salvados" por la fidelidad, por la lealtad y por la fe en el sentido de compromiso, todo lo cual se halla contenido en el concepto de obediencia. Jesús hizo lo que Adán debería haber hecho pero no hizo, y él lo realizó en la nueva situación de pecado y muerte que rodea la época presente. Jesús vivió una vida entregada a un final. No es la muerte de Jesús en sí misma lo que plugo a Dios. No puede imaginarse a la divinidad como un ser al que agrada la muerte. Más bien la resurrección, la vida y la salvación son el correlato de la dedicación leal y positiva de la libertad de Jesús a la causa de Dios hasta el final.

No nos gusta esta manera de celebrar nuestra "salvación". Hay otras maneras de celebrarla, de dar gracias, de eucaristía.

Y no nos las hemos de inventar: sólo hemos de hacer un ejercicio de Recuperación de la Memoria Histórica. Recuperar una plegaria eucarística de uno de los grupos de los primeros seguidores de Jesús.

Se encontraba, como tantos cuerpos desaparecidos, en una "fosa común" que no fue abierta hasta hace unos pocos siglos: esta fosa es conocida hoy día con el nombre de Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles.

El texto de la Didach, [Didakhé] o DOCTRINA DE LOS DOCE APÓSTOLES, cuya existencia sólo nos era conocida por referencias de autores antiguos, fue encontrado en un manuscrito griego de Constantinopla y publicado el año 1883. Parece que se trata de una compilación de elementos muy antiguos, la mayoría de los cuales podrían datarse en el siglo I.

El conjunto está formado por diversas instrucciones de carácter moral, litúrgico y disciplinar, quizá para uso de los predicadores itinerantes. Su particular interés consiste en darnos a conocer las formas más primitivas de la catequesis moral, con fuerte influencia judía, y los elementos más antiguos de la liturgia bautismal y eucarística, como también la organización eclesiástica en el momento en que, junto a los predicadores ambulantes, empieza a surgir una jerarquía estable y una organización en las iglesias locales.

En la Didakhé encontramos -en los capítulos IX i X- dos celebraciones eucarísticas distintas, en las cuales se puede reconocer una misma estructura dividida en cuatro partes, compartiendo temas y frases comunes a ambas.

Resulta evidente, por la manera de designar a Jesús, que el capítulo X representa un estadio anterior. El término "Siervo (o hijo) [o` pai/j] de Dios" es un título que -según Joachim Jeremias, provendría de la "comunidad cristiana más primitiva, la de Jerusalén, y que siguió siendo utilizada en las comunidades gentiles como fórmula litúrgica ligada a la oración eucarística, a la doxología y a la confesión".

En el relato del capítulo IX (que sería posterior) se le sigue llamando "Siervo", pero también se le llama "El Cristo" [o` Cristo,j].

En esta "eucaristía" de esta tarde no haremos ningún "milagrito": el pan seguirá siendo pan, el vino seguirá siendo vino.

En esta "eucaristía" de esta tarde no haremos ningún ritual de antropofagia, ningún acto de canibalismo: no comeremos la carne de ninguna persona, no beberemos la sangre de ningún ser humano.

En esta "eucaristía" de esta tarde no nos solidarizaremos con ninguna justicia divina que exija un cuerpo humano destrozado.

En esta "eucaristía" de esta tarde no ofreceremos ni una sola gota de sangre humana a un Dios sediento de ella.

En esta "eucaristía" de esta tarde daremos gracias a Dios por la vida de un hombre, de uno de sus "siervos", por su vida, sin sentirnos obligados a recordar ni su muerte ni su resurrección.

*     *     *
Después de saciaros, daréis gracias de esta manera:
En primer lugar, referente a la copa
Te damos gracias, Padre santo, por tu santo Nombre,
que hiciste habitar en nuestros corazones,
y también por el conocimiento, y la fe y la inmortalidad,
que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

Se pasa la copa de vino entre los participantes

Y en el momento del trozo de pan:
Te damos gracias, Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento que nos diste a conocer.
Tú, que has creado todas las cosas por causa de tu nombre,
comida y bebida para su disfrute diste a los hombres,
para que te diesen gracias;
pero a nosotros nos hiciste gracia
de comida y bebida espiritual y de vida eterna
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

Se distribuye el pan entre los participantes

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Como este pan troceado estaba disperso sobre los montes
y, una vez reunido, se ha hecho uno,
así, pues, que tu Iglesia, hecha perfecta en el amor,
sea santificada y reunida
desde los confines de la tierra en tu reino.

Porque tuya es la gloria
y el poder
por Jesús el Mesías
por los siglos.

¡Que venga la gracia y pase este mundo!
¡Hosanna al Dios de David!
¡Maran ata! (¡Ven!). Amén.

Si lo quieres recordar:
La eucaristía en la Didajé

*     *     *

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Miquel Sunyol

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29 agosto 2016
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