La Abadía de Montecassino
Jesús y los suyos,
¿hubieran sido admitidos
como monjes benedictinos?
REGLA DE SAN BENiTO Escrita entre 530-550
Capítulo I
De las clases de monjes
GERD THEISSENNacido el1943 en Alemanía. Alumno de Ph. Vielhauer. Pertenece a la iglesia evangélica.
Sociologia del
movimiento de Jesús
El nacimiento del cristianismo primitivoEd. Sal Terrae (1979)
Es bien claro que hay cuatro clases de monjes.

La primera es la de los cenobitas, es decir, monasterial, los cuales militan bajo regla y abad. 

La segunda es la de los anacoretas, es decir, de los ermitaños: aquellos que no por seguir el fervor de una nueva conversión, sino tras larga prueba en el Monasterio,  han aprendido a combatir el diablo con el auxilio de los otros hermanos ya experimentados, y una vez formados, saliendo de la milicia fraterna hacia el combate individual en el desierto, fuertes en sí mismos sin consuelo de otros, con la divina gracia se preparan para luchar contra los vicios y las tentaciones con sola su fuerza. 

La tercera y muy aborrecible clase de monjes es la de los sarabaitas, los cuales no habiendo pasado por la prueba de ninguna regla, como el oro en el crisol, como la experiencia aconseja, sino más bien muellemente moldeados como el plomo, guardan todavía fidelidad al mundo por las obras, mintiendo a Dios por la tonsura. Estos, de dos en dos o de tres en tres, se encierran sin pastor no en el redil del Señor sino en el suyo propio, teniendo por ley la voluptad de sus deseos, ya que todo lo que les viene en gana dicen que es santo, y todo lo que no les place lo tienen por ilícito. 

La quarta clase de monjes es la de los vagabundos, quienes toda su vida se la pasan rondando por diversos lugares, hospedándose tres o cuatros días en casa ajenas, siempre errabundos, nunca quietos en un mismo sitio, servidores de sus propios quereres y de los gustos de la gula, y en toda cosa peor que los sarabaitas. De la miserable vida de estos es mejor callar que hablar.

Dejados, pues, de lado todos los otros, comencemos con la ayuda de Dios el reglamento del muy fuerte linaje de los cenobitas.

El cristianismo primitivo comenzó como un movimiento intrajudío de renovación, promovido por Jesús, en competencia con otros movimientos intrajudíos de renovación. Fue un fenómeno palestino con irradiación en las regiones vecinas de Siria, entre  los años 30 y 70.

Jesús no fundó primariamente comunidades locales, sino que dio a luz un movimiento de carismáticos ambulantes. Las figuras decisivas del cristianismo primitivo fueron apóstoles, profetas y discípulos vagabundos (carismáticos ambulantes apátridas)  que se movían de un sitio a otro, donde encontraban apoyo en pequeños grupos de simpatizantes. Estos grupos de simpatizantes siguieron, como organización, en el seno del judaísmo, vinculados con la vieja situación por obligación y lazos de diversa índole.

Los carismáticos ambulantes no eran un fenómeno marginal en el movimiento de Jesús. Ellos acuñaron las tradiciones más antiguas y constituyen el trasfondo social de una gran parte de la tradición sinóptica, especialmente de la tradición de los "logia" (bastante extensa en los evangelios de Mateo y Lucas). Muchos de estos dichos, extraños y excéntricos a primera vista, se hacen más inteligibles si se tiene en cuenta quién practicó y transmitió estas palabras. Lo más interesante en ellas son las normas éticas porque hacen referencia directa al comportamiento de los seguidores de Jesús, especialmente las que se refieren a la renuncia a un lugar estable, a la familia, a la propiedad y a la propia defensa.

Este radicalismo ético de la tradición sinóptica era un radicalismo trashumante, capaz de practicarse únicamente en condiciones extremas y en una vida marginada. Sólo podía practicar y transmitir este radicalismo de modo fidedigno el que se había liberado de las ataduras cotidianas de este mundo. Esto sólo podía realizarse dentro de un movimiento de marginados. Y en este "mundo de marginados" encaja la espera próxima del fin.

Es imposible entender el "movimiento de Jesús" y la tradición sinóptica exclusivamente a partir e los carismáticos ambulantes. Junto a ellos había también "comunidades locales", grupos sedentarios de simpatizantes, que seguían plenamente en el seno del judaísmo y no se les ocurría fundar una nueva "iglesia". Desgraciadamente sabemos muy poquito de estos grupos.

En conjunto eran menos radicales que los carismásticos ambulantes, ya que en las comunidades locales tenían que dejarse sentir en sus normas las repercusiones domesticadoras propias del trabajo, de la familia y del control del vecindario.

Los filósosfos cínicos itinerantes constituyen una cierta analogía con el carismático ambulante del cristianismo primitivo.

(Pág  7-21)

 
 
Esta "lucha" contra los "carismáticos ambulantes", los que seguían viviendo "según las maneras del Señor" (en expresión de la Didajé), había empezado muy pronto.

 
 
Las reivindicaciones de los itinerantes:
mesa y "barra libre" sin límite de tiempo
Las concesiones de las comunidades locales:
un ejemplo de comunidad "dura"
Cuando entréis en una casa, lo primero saludad: "Paz  a esta casa"; si hay allí gente de paz, la paz que les deseáis se posará sobre llos; si no, volverá a vosotros. Quedaos en esa casa, comed y bebed de lo que tengan, que el obrero merece su salario. 
 
Evangelio de Lucas
10, 5-7
Con los apóstoles y profetas, obrad de la siguiente manera, de acuerdo con la enseñanza evangélica: todo apóstol que venga a vosotros, sea recibido como el Señor. No se detendrá sino un sólo día, y, si fuere necesario, otro más. Si se queda tres días es un falso profeta. 
Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo si no es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero es un falso profeta. 
 
La Didajé
o Doctrina de los Doce Apóstoles
cap. 11

 
Algunas comunidades podían ser más generosas: llegaban  a conceder, en caso de necesidad, hasta tres días de estancia en el pueblo (cap. 12)

 
Unos años más tarde, cansados ya de su vida ambulante, nunca seguros de comer calientes y de dormir bajo techo, presentan una nueva "tabla reivindicativa": ser "fijos de empresa".

 
Nuevas reivindicaciones de los itinerantes:
la estabilidad en el trabajo
Las concesiones de las comunidades locales:
Todo auténtico profeta que quiera morar de asiento entre vosotros es digno de sus sustento. Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como el trabajador, su sustento. 
Por tanto, tomarás siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darás como primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumos sacerdotes. 
Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato. Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas 
De tu dinero, de tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al mandato. 
La Didajé
o Doctrina de los Doce Apóstoles
cap. 13
Si quiere quedarse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para sus sustento. Si no tiene oficio, proveed según prudencia, de modo que no viva entre vosotros cristiano alguno ocioso. Si no quiere aceptar eso, se trata de un traficante de Cristo: tened cuidado con tales gentes 
 
La Didajé
o Doctrina de los Doce Apóstoles
cap. 12

Agradecido a: http://sanvincenzo.silvestrini.org/regola/index.html
             http://www.officine.it/montecassino/index.html


 
Gracias por la visita
Miquel Sunyol
sscu@tinet.fut.es 
Abril 1999
Para decir algo Página principal de la web

Otros temas


Temas teológicos          Temas bíblicos        Temas eclesiales          Cosas de jesuitas
Catequesis navideña (2000)      Catequesis eucarística (2006)    Catequesis sobre el Padrenuestro (2012)
Catequesis sobre el error del Dios encarnado (2014-2015)      Los amigos de Jesús ¿pobres o ricos? (2014)
Spong, el obispo episcopaliano (2000)     Teología Indígena (2001)      Fernando Hoyos (2000-2016)     Con el pretexto de una encuesta (1998)










Monjes
Palabra de origen griego (monakos), derivado del adjetivo monos, que quiere decir "solo", "único", "solitario". Eusebio de Cesarea y Atanasio lo empezaron a utilizar en el sentido de "célibe". Para Evagrio del Ponto designa "el separado de todo y unido a todo".
Cenobitas
Viene del griego koinós (adjectivo que significa "común") y bios (que significa "vida"). Cuando la mayoría de monjes siguieron ya la vida común, estos términos de cenobitas y cenobio fueron usados muy raramente y sustituidos por los de monje y monasterio.
Anacoretas
Del griego ana (que significa "lejanía") y joreo (que significa "habitar"). El que vive en un lugar retirado.
Ermitaño
Del griego eremos (que significa "lugar desierto"). Prácticamente es un pseudónimo del anterior, aunque el término "anacoretas" está como reservado a los grandes ascetas del desierto.
Sarabaitas
Este término deriva del egipcio sar (que significa "disperso") y abest ("monasterio"). Aquel, pues, que vive por cuenta propia. Defensores ultras del cenobitismo, Jeroónimo y Casiano ya habían ridiculizado -exagerando la innegable corrupción de algunos- a todos aquellos que no vivían "bajo regla y abad". Estos sarabaitas eran los supervivientes del ascetismo premonástico.
Vagabundos
En el original latino dice "girovagi". Viene del griego giros ("movimiento circular") y del latín vagare (ir de un lado a otro). A pesar del "y en toda cosa peor que los sarabaitas", estos "vagabundos" tenían en la iglesia una tradición muy digna: existía, en efecto, en la iglesia primitiva una categoría especial de cristianos, los cuales, sin patria, sin casa, viajaban de un lugar a otro, ejerciendo el oficio de predicadores itinerantes. Algunos continuaban esta vida, no ya como predicadores del evangelio, sino por motivos ascéticos: monjes que querían tomarse en serio la imitación de Jesús, quien "no tenía donde reposar la cabeza" (Lc 9,58).