La comunidad de Jerusalén Los esenios según Flavio Josefo
Ac 2, 44-47 Ac 4, 32-35 Guerra II, 119-161 Antigüedades XVIII, 11-25
Los creyentes vivían todos unidos La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola ánima Están unidos entre ellos por un afecto mayor que el de los demás Y son más de cuatro mil hombres los que así se portan. Viven en común y cumplen los unos con los otros los oficios de siervo
y lo tenían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía: lo poseían todo en común Desprecian la riqueza y entre ellos existe una admirable comunidad de bienes
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucha eficacia; todos ellos eran bien mirados
Vendían posesiones y bienes porque entre ellos ninguno pasaba necesidad, ya que los que poseían tierras o casas las vendían No se puede encontrar a nadie que sea más rico que otros, pues tienen una ley según la cual los que entran en la secta entregan sus posesiones a la orden, de modo que no existe en ellos ni la humillación de la pobreza ni la vanidad de la riqueza, Y el rico no disfruta de su fortuna por encima de aquel que no tiene absolutamente nada
y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno Sino que el patrimonio de cada uno forma parte de una comunidad de bienes, como si todos fueran hermanos Ponen sus bienes en común. Para recoger las rentas y los diversos productos de la tierra eligen personas virtuosas
Ellos no aceptan el matrimonio No toman esposas
Ni adquieren esclavos: opinan que esto constituiría una injusticia y [lo anterior] sería fuente de discordias
A diario frecuentaban el templo en grupo Envían ofrendas al templo, pero no hacen allí sacrificios, ya que son diferentes las purificaciones que suelen practicar; por eso se abstienen de entrar en el recinto común y realizan sus sacrificios entre ellos
partían el pan en las casas y comían juntos Ellos mismos, ya purificados, pasan al interior del comedor como si de un recinto sagrado se tratara. Se sientan en silencio, el panadero les sirve uno por uno el pan y el cocinero les da un solo plato con un único alimento
alabando a Dios con alegría y de todo corazón Antes de comer el sacerdote reza una oración y no está permitido probar bocado hasta que se concluya la plegaria. Al acabar la comida de nuevo pronuncia otra oración, de modo que tanto al principio como al final honran a Dios como dispensador de la vida
siendo bien vistos de todo el pueblo