Las "Semillas del Verbo"
en los textos del
Concilio Vaticano II
 

Constitución Lumen Gentium

La Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que en ellos se da, como preparación evangélica y dado por quien ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan vida… Con su obra consigue que todo lo bueno que hay ya depositado en la mente y en el corazón de esos hombres, en los ritos y culturas de estos pueblos no solamente no desparezca, sino que cobre vigor y se eleve y se perfeccione para la gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre
Lumen Gentium
Constitución sobre la Iglesia
nº 16-17
Constitución Gaudium et Spes
La buena nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre caído; combate y aleja los errores y males que provienen de la seducción permanente del pecado. Purifica y eleva incesantemente la moralidad de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo y de cada edad, las perfecciona y las restaura en Cristo. Así, la Iglesia, cumpliendo su propia misión, por ello mismo ya contribuye a la cultura humana y la impulsa, y con su actividad, aun la litúrgica, educa al hombre hacia la libertad interior
 
Gaudium et Spes
Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual
nº 58
Declaración Nostra aetate

La Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y de santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad (radium illius Veritatis) que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas (2Cor 5, 18-19) (NA 2)

Nostra aetate
Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas
nº 2

 
 

Decreto Ad Gentes

La actividad misionera es nada más y nada menos que la manifestación o epifanía del designio de Dios y su cumplimiento en el mundo y en su historia, en la que Dios realiza abiertamente, por la misión, la historia de la salvación. Por la palabra de la predicación y por la celebración de los sacramentos, cuyo centro y cumbre es la sagrada Eucaristía, hace presente a Cristo autor de la salvación. Cuanto de verdad y de gracia (quidquid veritatis et gratiae) se encontraba ya entre las naciones, como por una cuasi secreta presencia de Dios, [la actividad misionera] lo libera de contagios malignos y lo restituye a su autor, Cristo, que derroca el imperio del diablo y aparta la variada malicia de los crímenes. Así, pues, cuanto de bueno se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres, o en los ritos y culturas propios de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado, consumado para gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre.


 
Ad Gentes
Decreto Sobre la actividad misionera de la Iglesia
nº 9

 

Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo… descubran, con gozo y respeto, las semillas de la Palabra que en ellas [en sus tradiciones nacionales y religiosas) se contienen… Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los llevó conn un diálogo verdaderamente humano a la luz duvuna, así sus discípulos, inundados profundamente por el Espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven y conversar con ellos para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios, generoso, ha distribuido a las gentes, y al mismo tiempo han de esforzarse por examinar estas riquezas con la luz evangélica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador

Ad Gentes
Decreto Sobre la actividad misionera de la Iglesia
nº 11

 
 

El Espíritu Santo, que llama a todos los hombress a Cristo por las semillas del Verbo y por la predicación del Evangelio y suscita el homenaje de la fe en los corazones…

Ad Gentes
Decreto Sobre la actividad misionera de la Iglesia
nº 15

 

Un documento publicado en 1984 por el Secretariado para los No Cristianos (Dialogo e missione) ha recogido felizmente la afirmación conciliar de la existencia de valores positivos contenidos en las tradiciones religiosas reuniendo varias expresiones empleadas por el Concilio respecto a ellas:

Esta visión llevó a los Padres del Concilio Vaticano II a afirmar que en las tradiciones no cristianas existen "cosas verdaderas y buenas" (LG 16), "preciados elementos religiosos y humanos"(GS 92), "semillas de contemplación" (AG 18), "elementos de verdad y de gracia" (AG 9), "semillas de la Palabra" (AG 11, 15), "destellos de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres" (NA 2). Según explícitas indicaciones conciliares, estos valores se encuentran preservados en las grandes tradiciones religiosas de la humanidad. Por ello merecen la atención y la estima de los cristianos, y su patrimonio espiritual es una genuina invitación al diálogo (cfr NA 2, 3; AG 11), no sólo en los elementos convergentes sino también en los divergentes


 
 
 

Seguiràs llegint la versió catalana Seguirás leyendo la versión castellana