EL REQUERIMIENTO SUS BASES JURÍDICAS
Y TEOLÓGICAS
         
Al tratar sobre  la conquista y la cuestión indígena los teólogos juristas recurren a dos tradiciones teológicas de siglos distintos
Unos (Palacios Rubios, Sepúlveda) se apoyan en la “teología de las sentencias”  del siglo XII: visión teocrática del poder papal y mirar pesimista sobre la naturaleza humana
Otros (Las Casas y en cierto modo también Francisco de Vitoria [1492-1546]) están más cerca de la posición jus-naturalista teológicamente elaborada por Tomás de Aquino en el siglo XIII
Las bases teológicas-jurídicas del Requerimiento están en el primer grupo
En la “Teología de las sentencias” (Hugo de San Víctor, Anselmo de Laón, Pedro Lombardo) había una cierta confusión entre el orden natural y el sobrenatural
Los sentencialistas, siguiendo la tradición agustiniana, atribuían al pecado original una influencia que casi destrozó la naturaleza humana. De ahí proviene la exigencia de un contrapeso en la gracia y en lo sobrenatural que (en las exageraciones de la polémica teológica) absorben y sofocan lo natural.

La minimización de lo natural inspiró las interpretaciones teocráticas del poder pontificio (Gregorio VII [1073-1085], Bonifacio VIII [1294-1303], “donación alejandrina” [1493], “guerras justas” contra los indios [1513]…)

La reflexión teológico-política de San Bernardo (+1153) sobre las dos espadas, la temporal y la espiritual, en las manos del papa, que presta la temporal al emperador está presente en los textos de Palacios Rubios (autor del Requerimiento) que siguió, según Las Casas, “el error del Ostiense” (Enrique de Susa, cardenal obispo de Ostia [+1270]) cuando trata del “título que los reyes de Castilla tienen sobre las Indias". En la conquista de las Américas se procuró, ante los Indios, reivindicar para el papa –y por delegación a los reyes católicos- el poder de elegir y deponer a los reyes (Jr 1, 10)

En 1512 el rey de Navarra fue excomulgado por el Papa Julio II y depuesto en favor de Fernando el Católico. Este hecho es invocado por Palacios Rubios en apoyo de las prerrogativas temporales del Papa
Paulo Suess
Mediaciones metodológicas
de la teología cristiana como
presupuestos para la práctica misionera
Ponencia presentada en el
Primer Encuentro Taller Latinoamericano
de Teología India
Ciudad de México
Septiembre 1990
Ver las bases jurídico-teológicas
de Las Casas y Vitoria,
según Paulo Suess
Los dos apartados siguientes proceden de:
Alberto Armani
Ciudad de Dios y Ciudad del Sol
El "estado" jesuita de los guaraníes (1609-1768)
Fondo de Cultura Económica. México 1982
Los juristas del Requerimiento (los "halcones") se basaban en la tesis de la soberanía espiritual y temporal del papado en el mundo entero, tesis elaborada por Enrico di Susa, cardenal arzobispo de Ostia, llamado por esto el Ostiense, canonista que vivió en el siglo XIII. Enrico di Susa había escrito un trabajo, la Summa Aurea, en el cual sostenía que:
  • Jesucristo, aún como hombre, había recibido de su Padre eterno todos los poderes terrenales, tanto en el reino espiritual como en el temporal.
  • Cristo, a su vez, había legado esta potestad -única e indivisible- al Papa, su vicario. 
    • La soberanía de este último se extendía por lo tanto sobre todas las regiones del mundo, independientemente del hecho de que estuviese habitado por fieles a Cristo o por infieles a él. 
  • El Papa, único legítimo soberano del mundo,  era por lo tanto la única persona capacitada para delegar su poder a los diversos reyes y príncipes de toda la tierra.
La tesis del Ostiense, aunque cuestionada por pensadores laicos y religiosos, fue exhumada y sostenida como válida por Palacios Rubios, quien en su Tratado de la Islas de 1512 aplicó tales principios a las Indias Occidentales sobre la base de esta argumentación: 
  • el Papa había delegado el poder en América al rey de Castilla, tanto para que ejercitase el poder temporal como para que cuidase de la conversión de los habitantes a la fe de Cristo. 
  • El rey de Castilla tenía, pues, no sólo el derecho, sino también el deber de ejercer ese poder que le fue delegado por el Papa, en interés general de la cristiandad; y de ahí se desprendía la legitimidad de la conquista, aun de la guerrera.
Del mismo autor es la siguiente nota: Particularmente interesante resulta señalar que las teorías medievales encontraron en España a sus sostenedores más fervientes entre los juristas laicos, mientras que las tesis más avanzadas y modernas fueron postuladas por juristas de extracción religiosa

 
Las bases jurídico-teológicas
de Las Casas y Vitoria

Otros (Las Casas y en cierto modo también Francisco de Vitoria [1492-1546]) están más cerca de la posición jus-naturalista teológicamente elaborada por Tomás de Aquino en el siglo XIII

En el siglo XII, en las universidades de París, Bolonia, Oxford y Salamanca, nace algo nuevo: Aristóteles, prohibido todavía al principio de este siglo por la Iglesia, es introducido e interpretado y su lectura ayuda a la teología a reconocer los límites de sus campos propios y ampliar sus horizontes. 

Tomás de Aquino (1225-1274) hace avanzar la reflexión teológica al distinguir entre lo natural y lo sobrenatural, entre razón y fe, entre la competencia filosófica y la teológica. Lo natural no dispensa de la gracia (sobrenatural); la gracia no destruye a la naturaleza, sino que la perfecciona. El derecho divino no suspende el derecho humano. Lo natural está ligado a la esencia de los seres y no puede ser substancialmente cambiado o corrompido. El pecado original no privó a la naturaleza de sus principios y derechos constitutivos.

No puede haber diferencias esenciales entre cristianos y “naturales”: a ambos los gobierna la racionalidad de la misma “ley natural” y el mismo “derecho natural” los protege.

Paulo Suess
Y estos dos apartados de:
Alberto Armani
Las teorías de los "palomas" encontraron sus mayores sostenedores en los ambientes de la Universidad de Salamanca, el prestigioso centro de estudios de la España medieval y del Quinientos. Fue abanderado de esa posición el dominico fray Francisco de Vitoria, sostenedor de varias tesis que delineaban una separación entre el reino espiritual y el dominio temporal. El Papa, sostenía Vitoria, tenía sin duda un poder absoluto sobre el mundo del espíritu; también podía y debía tratar de influir sobre las decisones de los monarcas allí donde estuviesen en juego los intereses de la religión, pero no tenía ningún poder en las cuestiones puramente temporales. Los sostenedores de lo contrario, según este sacerdote, eran mezquinos aduladores de la Santa Sede y, de hecho, perjudicaban los intereses de la Iglesia.
Los infieles -y aquí Vitoria daba una interpretación propia del pensamiento tomista siguiendo al cardenal Tomás de Vío (1469-1534)- gozaban de derechos adquiridos, civiles y políticos; derechos que debían ser respetados por todos, y por lo tanto, más que por ninguno, por los cristianos. En razón de ello, proseguía Vitoria, las bulas pontificias que justificaban, según los juristas laicos, los derechos de España sobre América, no tenían ningún valor: ni el Papa ni el rey podían hacer valer ningún derecho sobre las poblaciones infieles, ni éstas estaban obligadas a aceptar la soberanía del rey de España ni a convertirse al cristianismo.

El concepto de guerra justa según el Requerimiento no tenía ninguna base moral o jurídica.

De Francisco de Vitoria: Los indios son estúpidos sólo porque no están instruidos, y si viven como animales, lo mismo hacen por la misma razón muchos campesinos españoles

 
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