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José María Díez-Alegría

¿Cómo es que el tema del Reino de Dios desaparece ya en el Nuevo Testamento?

Passejant pel port de Barcelona. Juny 99
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Solía pasar cada año unos días en Tarragona y yo aprovechaba para invitarlo a cenar en mi casa, compartiendo mesa y conversación con un pequeño grupo de amigos.

Un año lo puse un poco nervioso. Domingo Melero me dice que me puedo vanagloriar de haber sido uno de los pocos que lo ha puesto nervioso.

¿Y qué le dije yo o, más bien, qué le pregunté?

La pregunta era bien sencilla, pero difícil de contestar para todos aquellos (entre los cuales me incluyo) que afirman que el núcleo del mensaje de Jesús fue el Reino de Dios.

¿Cómo es que el núcleo del mensaje de Jesús.
el tema del Reino de Dios,
sin esperar épocas constantinianas,
desaparece ya en los escritos del Nuevo Testamento?

He encontrado un antiguo archivo en el que resumía cuatro páginas de su famoso libro yo creo en la esperanza, el tercer volúmen publicado por Desclée de Brouwer en la colección EL CREDO QUE HA DADO SENTIDO A MI VIDA.

Éste era el resumen que hacía de las páginas 61-64:

El año 1902, el profesor del Instituto Católico de París Alfredo Loisy publicó un librito con el titulo L'Évangile et l'Ég1ise. En él afirmó que "Jesús esperaba que viniera el Reino de Dios y fue la iglesia lo que vino".

El libro y su autor fueron condenados en una forma cuya injusticia nos resulta hoy evidente. Pero la afirmación, aunque pueda ser matizada, encierra un fondo de verdad innegable, y debe ser para 1os cristianos de hoy una llamada a la reflexión, al arrepentimiento y a la conversión. Setenta y cinco años después de la publicación del "pequeño libro" reprobado, el padre Guillet pudo escribir que "Loisy tenía razón al decir que la iglesia no es la prolongación lineal de Jesús, la aplicación metódica de su programa. La iglesia nació de la resurrección de Jesús, de su ausencia visible y de su experiencia en el Espíritu. Este nacimiento es un verdadero nacimiento, una novedad radical, una ruptura".

[…]

El reino de Dios que Jesús anunciaba era la "buena noticia" para los pobres. Una noticia de predilección del Padre Dios, de una liberación en marcha, que viene de Dios, Esto lo afirma el Evangelio de Lucas en su descripción de la visita de Jesús a Nazaret, que es como una síntesis de su comprensión de la figura histórica del Nazareno (Lc 4, 16-20). Lo afirma igualmente Mateo (11, 2-6) y también Lucas en un texto paralelo (7, 18-23).

[…]

Jesús predicó el Reino y no se predicó a sí mismo. La Iglesia, desde el principio, predicó a Jesús. Pero, en la era apostólica, no separó el anuncio de Jesús de la proclamación del Reino. Luego, poco a poco, pero bastante rápidamente, el anuncio escatológico del Reino quedó aparcado, el Jesús real fue sustituido por el Cristo glorioso, la expectativa del Reinado de Dios, que es para Jesús la meta de la historia (hacia la que debemos orientar nuestros esfuerzos), fue eliminada, y quedó sólo la perspectiva del cielo, concebido de una manera metahistórica, sin relación alguna con el drama conjunto de la historia. Donde esta perspectiva prevalece, la petición central del Padre Nuestro (presente en los más originarios estratos de la tradición que viene de Jesús) queda enteramente destituida de sentido. Entonces la Iglesia, lejos de ser un preanuncio significativo de la buena noticia de Dios para los pobres, se convierte en un motivo de desconfianza. Porque la institución eclesiástica ha sabido reducir el mensaje de fuego de Jesús a la temperatura confortable de un modesto cuarto de estar.

"La idea de que los cristianos no pueden ser revolucionarios se ha convertido en algo tan natural, que nadie se escandaliza si se vuelven reaccionarios" (E. Ksemann¨). Esto me lleva a recordar un aforismo extraordinariamente paradójico, pero cargado de profundo sentido, del escritor guatemalteco Augusto Monterrosso: "Cristianismo e Iglesia. Las ideas que Cristo nos legó son tan buenas que hubo necesidad de crear toda la organización de la Iglesia para combatirlas"

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Como si estuviésemos cenando, me gustaría hacer algunos comentarios:

  • Posiblemente, Díez-Alegría, como tantos otros, cita de memoria o de oídas, la frase del abbé Alfred Loisy, cuya traducción correcta sería "anunciaba el Reino"

Jésus annonçait le royaume,
et c'est l'Église qui est venue

  • El año 1902, Alfred Loisy era ya un ex-profesor del Institut Catholique de Paris: había sido expulsado en noviembre de 1893 por los obispos-protectores del Instituto. La razón: haber publicado cosas sobre la autoría del Pentateuco y sobre el carácter historico de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.

Il fut, sans autre explication, privé de sa chaire par les Évêques Proctecteurs de cet Institut, pour avoir fait paraître, dans L'enseignement biblique, une revue qui comptait environ deux cents abonnés, les lignes suivantes" (Sobre la autoria del Pentateuc i el caràcter històric dels llibres de l'Antic i Nou Testament)


L'Église y apparaissait, au contraire,
comme un développement
nécessaire et légitime de l'Évangile.

Si quieres saber más:
REINO E IGLESIA

De 1893 (Alfred Loisy es expulsado del Institut Catholique de Paris) a la "expulsión" de Díez-Alegría de la Gregoriana habían pasado casi 90 años (y todo un Concilio Vaticano II), pero los métodos represivos de las autoridades vaticanas y de la Compañía de Jesús (y estamos hablando de dos grandes personalidades: Pablo VI y Pedro Arrupe!) no habían cambiado mucho. Recordemos que el año 1971 fue expulsado de la Compañía de Jesús -y también por problemas de censura- el jesuita catalán Joan Leita (ver carta de protesta de unos cuantos jesuitas).

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Podríamos haber seguido compartiendo comentarios en aquel paseo por el puerto de Barcelona con Carmen Muñoz y Joan Travé (el fotógrafo de esta foto).

Si quieres saber más:
MANTENER LAS DISTANCIAS
ENTRE JESÚS Y LOS EVANGELIOS


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  • Es una simplificación, cuando nos referimos a aquellos primeros tiempos después de la muerte de Jesús ("en la era apostólica") hablar de "la Iglesia" (en singular y con mayúscula). Después de la muerte de Jesús (y evito conscientemente decir "después de la resurrección") surgieron diversos grupos que tenían como "referente" a Jesús y cada grupo hizo su camino a velocidades y direcciones diversas.
Act 8, 12 tw/| Fili,ppw| euvaggelizome,nw| peri. th/j basilei,aj tou/ qeou/ kai. tou/ ovno,matoj VIhsou/ Cristou/
...Felipe, que les anunciaba la buena nueva del Reino de Dios y del nombre de Jesús, el Mesías
Act 11, 20 tinej evx auvtw/n a;ndrej Ku,prioi kai. Kurhnai/oi( oi[tinej evlqo,ntej eivj VAntio,ceian evla,loun kai. pro.j tou.j ~Ellhnista,j euvaggelizo,menoi to.n ku,rion VIhsou/n
...algunos de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, anunciaban también a los griegos la buena nueva de Jesús, el Señor.
Act 28, 31 khru,sswn th.n basilei,an tou/ qeou/ kai. dida,skwn ta. peri. tou/ kuri,ou VIhsou/ Cristou/
Les anunciaba el Reino de Dios y los instruía sobre el Señor Jesús, el Mesías.

Si quieres saber más:
¿EXISTIÓ
UN CRISTIANISMO PRIMITIVO

y, también, si queréis
AL TERCER DIA, YA SE PELEARON


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  • Hablar del "Reinado de Dios" como si fuera para Jesús la "meta de la historia" es quizás atribuir a Jesús, antes de hora, un pensamiento "teilhardano" (de Teilhard de Chardin). La perspectiva de Jesús era mucho más corta: la renovación del pueblo de Dios, la reunificación de las doce tribus. La doble petición (santifica tu nombre / venga tu Reino) debe ser considerada como una sola y explicada a la luz del profeta Ezequiel (cap. 36):

Yo santificaré mi nombre:
Os recogeré por las naciones,
os reuniré de todos los países
y os llevaré a vuestra tierra

Si quieres saber más:
¿QUÉ PEDÍA JESÚS?

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Creo que fácilmente Díez-Alegría me hubiera ido concediendo estos comentarios, pero también creo que, a pesar de esta mesa, no hubiera estado nada de acuerdo con mi último comentario: reducir el Reino de Dios a la reunificación de las doce tribus, a una renovación del pueblo de Israel.

¿Y a nosotros, hoy día, qué nos puede importar la reunificación de las doce tribus de Israel? Me diría, y no sólo él...

Mi respuesta sería: a nosotros, nada; pero a Jesús, sí y mucho. Por eso lo mataron: los romanos no mataban judíos por decir "Abba", pero sí que crucificaban aquellos judios que querían llevar a la práctica el principio teológico de Dios como único señor y amo (mo,non hvgemo,na kai. despo,thn to.n Qeo.n), como nos dirá Flavio Josefo al referirse a la secta fundada por Judas el Galileo (Ant XVIII, 23).

Ya hace unos años que decía en una carta de abril del 89: Fa uns anys que ja deia, a una carta d'abril del 89:

Esta época, en mis "catequesis", intento hacer ver cómo Jesús es uno más, que no resultaba un personaje tan extraño dentro de su ambiente: es uno de tantos judíos que pensaban que tenían la solución para los problemas de su país (parece que Jesús ya tenía bastante con las fronteras de su propio país). Me ayudan Gerd Theissen (Sociología del movimiento de Jesús) i Gerhard Lohfink (La Iglesia que Jesús quería). Es muy posible que el "Padre Nuestro" no sea una oración tan universalista como nosotros nos pensamos.

En Gerd Theissen había leído:

El cristianismo primitivo comenzó como un movimiento intrajudío de renovación, promovido por Jesús, en competencia con otros movimientos intrajudíos de renovación. Fue un fenómeno palestino con irradiación en las regiones vecinas de Siria, entre los años 30 y 70.

Y en Gerhard Lohfink esto:

Juan el Bautista no se dirige a la humanidad en general ni a cada uno de los individuos por separado. Sino a los miembros del pueblo de Dios. Le preocupa la existencia de Israel. Esa misma preocupación compartían por entonces los fariseos, los esenios y los zelotas. Todos esos grupos y movimientos apuntan, en último término, a la renovación de Israel, a la reunión del verdadero Israel; un Israel que haga la voluntad de Dios. En nuestra mentalidad moderna se podría decir: numerosos grupos y movimientos de aquel Israel buscaban la verdadera identidad del pueblo de Dios.

Precisamente en esta constelación histórica tenemos que encuadrar a Jesús con su mensaje y su praxis. Con ello, no havemos desfavor alguno al carácter único y divino de su envío. También Jesús quier congregar el pueblo de Dios. También Jesús quiere preparar y dispponer a Israel para Dios. También Jesús quiere dar respuesta a la profunda crisis de identidad que padece Israel.

La lectura más reciente, de estos últimos años, de Richard A. Horsley (Jesús y el imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial) aporta una nueva confirmación:

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Tras analizar los diversos movimientos de resistencia entre los galileos y judíos podemos empezar a sospechar que Jesús no fue una figura totalmente única. Este estudio nos sensibilizará para percibir cómo él pudo haber adoptado ciertos roles sociales tradicionales que aparecen en otros movimientos contemporáneos entre los campesinos galileos y judíos. (Pag. 24)

La expresión "Reino de Dios", en los múltiples contextos y conexiones en la práctica y enseñanza de Jesús, adquiere dos amplio sentidos: el Reino de Dios en cuanto juicio de los gobernantes y el Reino de Dios como renovación de Israel. (pag. 25)

Incluso antes de que la audiencia escuche que Moisés y Elías se aparecieron a Jesús transfigurado en la montaña, el texto de Marcos ha proporcionado claves inequívocas de que Jesús es un profeta como Moisés y Elías capitaneando la renovación de Israel... Que Jesús era otro profeta como Moisés que realizaba una nueva liberación para Israel liberándolo de la opresión extranjera. (pag. 93)

Marcos reconoce a los Doce como las cabezas simbólicas del Israel renovado, constituido por Jesús al comienzo del relato... El relato de Marcos describe a Jesús realizando una renovación de Israel contra -pues los condena- los líderes de Israel y sus patronos romanos. (pag. 98)

El interés conjunto de Q y el significado concreto o programa del "Reino de Dios" es la renovación de Israel. (pag. 101)

Q 13, 29-28 (Lc 13, 28-29 / Mt 8, 11-12) ("Muchos vendrán de Oriente y de Occidente") debe ser leído a la luz de los ricos "paralelos" de los profetas israelitas y de la literatura escriba judía que se refieren a la reunión de los israelitas dispersos hasta el momento de la restauración futura de Israel (Zac 2,10; 8,7-8; Is 42,5-6; Bar 4,4; 5,5; 1Hen 57,1; Sal. Sal 11,2-3). La imagen en Q 13,28-29 es claramente la del Israel reunido para el banquete del Reino de Dios, imagen común de la restauración de Israel en los profetas (Is 55,1; Jer 31,7-14).

Y ya para acabar, que me voy haciendo largo, recordar estos dos textos un tanto desconocidos que prueban que algunos de aquellos primeros grupos de seguidores de Jesús seguían, ¡dale que dale!, con el tema de la reunificación y renovación de las doce tribus

Ap 21, 10-14 Me transportó a la cima de una montaña grande y alta y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo de junto a Dios, radiante con la gloria de Dios. Brillava como una piedra preciosísima parecida a jaspe claro como el cristal.
Tenía una muralla grande y alta con doce puertas; en las puertas doce ángeles y en cada una grabado el nombre de una de las tribus de Israel.
Tres puertas daban a Oriente; tres puertas al Norte; tres puertas al Sur; tres puertas a Occidente.
La muralla tenía doce basamentos con doce nombres grabados: los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
Act 26, 6-7 Ahora estoy aquí procesado por la esperanza en la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
ésa que nuestras doce tribus esperan alcanzar dando culto asiduamente, día y noche.

Y con este tema de las "doce tribus" concluía este evangelio, todavía bastante desconocido, que fue descubierto escondido en los evangelios de Lucas y de Mateo, el llamado Documento Q

Q 22, 28-30
Mt 19, 28 Lc 22, 28.30
Vosotros, los me habéis seguido
os sentaréis sobre tronos
para juzgar a las doce tribus de Israel

Y si todavía no lo has leído:
¿SE PUEDE HABLAR DEL REINO DE DIOS
SIN HABLAR DE LOS ROMANOS

Grcias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
7 julio 2010
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