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LA PIERNA ROTA DE SAN IGNACIO

¿DÓNDE Y CÓMO SE LA ROMPIÓ?
¿Tenemos algún documento histórico, no-jesuítico,
que hable de ello?

Benvolgut Jaume:

Ya hace un cierto tiempo me dejaste muy impresionado: me dijiste que existían, además de la explicación tradicional que nos dieron, otras versiones sobre cómo san Ignacio se rompió la pierna.

La versión que me comunicaste era suficientemente creíble y así lo hice constar en mi escrito sobre san Ignacio y la búsqueda de los tesoros del templo de Salomón (1).

caida (275K)


En Pamplona se ha roto la pierna. La versión oficial de “la bombarda” que "le acertó a él en una pierna, quebrándosela toda", puede dejar paso a otras versiones que se ajustan más con su carácter "especialmente arriesgado en el juego y en cosas de mujeres y en revueltas y cosas de armas(2).

Tu versión, más en consonancia con su carácter de aquel tiempo, decía -para algunos de forma sacrílega- que nuestro santo se había roto la pierna

al saltar por el balcón a la llegada imprevista del marido

¿Cabe esta posibilidad según los documentos que tenemos? Y aquí pensaba, no solamente en la famosa Autobiografía de san Ignacio (Gonçalves da Cámara) de 1553-1555, sino también en la carta de Laínez a Polanco (16 de junio de 1547), considerada como la primera biografía del santo, y en los escritos de Polanco (1548-1549), de Nadal (1557) y de Pedro de Ribadeneira (1583).

No te extrañará que, conociéndome como fiel hijo de san Ignacio, siguiera su "Prosupuesto"

Para que así el que da los exercicios espirituales
como el que los rescibe, más se ayuden y se aprovechen;
se ha de presuponer que todo buen cristiano
ha de ser más prompto
a salvar la proposición del próximo que a condenarla;
y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende.

Y esto planteaba una segunda pregunta: ¿Podían existir documentos no-jesuíticos de la actuación de san Ignacio en la defensa de la fortaleza de Pamplona?

Me resultaba bastante extraño que, durante tantos años de vida en la Compañía, nadie me hubiera presentado ante mis narices, un documento histórico no-jesuítico que diera testimonio del hecho que el más joven de los Oñaz había participado en la defensa del castillo de Pamplona en el bando del rey de Castilla. Pocos son los jesuitas que, hoy día, se atrevan a dar una respuesta afirmativa. Incluso pregunté a un compañero del cual podía pensar que, por razón de los cargos que había tenido, me daría una respuesta clara. No me supo dar respuesta clara a mi pregunta, pero sí que me indicó que mirara el escrito del P. Laínez, considerado como la primera biografía del santo.

¿Cuáles son los documentos jesuíticos?

Diego Laínez
Epistola Patris Laynez de Sancto Ignatio.
Bononiae, 16 junii 1547. [Fontes Narrativi de S. Ignatio de Loyola. Vol. I, Roma 1943, p. 72]
Juan A. Polanco
Summarium hispanum de origine et progressu Societatis Jesu
1547-1548. [Fontes Narrativi I, 153-156]
Luis Gonçalves da Cámara
Acta Patris Ignatii
1553-1555. [Fontes narrativi I, 364-366]
L'edició crítica del Memorial del padre Gonçalves da Cámara en MHSI Fontes narr., I, pp. 508-753.
Jerónimo Nadal
Apologia contra censuram Facultatis Theologicae Parisiensis
1557. [Fontes Narrativi, II, Roma, 1951, pp. 62-64]
Traducción castellana de Miquel Lop S.I. en Ignaziana. Texto castellano en pdf
Pedro de Ribadeneira
Vida del bienaventurado Padre Ignacio de Loyola
1583. [Fontes Narrativi, vol. IV, Roma, 1965, pp. 80-83]
Diego Laínez
(1547)
Juan A. Polanco
(1548-1549)
Gonálves da Cámara
(1553-1555)
Jerónimo Nadal
(1557)
Pedro Ribadeneira
(1583)
...y dexado que, quanto a la natura, era, aun en el mundo, ingenioso y prudente y animoso y ardiente y inclinado a armas y a otras travesuras. Porque, primeramente, era de su persona recio y valiente, y más aún animoso para acometer grandes coses. Hasta los 26 años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicios de armas con un grande y vano deseo de ganar honra. Ya entonces [en la infancia] empezó a manifestarse y brillar su índole eximia: gran fuerza y agudeza de ingenio, grandes indicios de prudencia, vivo amor de la verdad y las virtudes, cierta excelente grandeza de alma, y fuerte apetencia del honor y la gloria. Acabada la infancia, hasta el año 26 de su edad, dedicó estos dones a conquistar la gloria humana y la gracia de los príncipes. Pero así se servía de aquella ferviente y eximia naturaleza, tanto en la paz como en la guerra, que parecía que sólo quería ocuparse en lo que supera la común facultad y apetito de los hombres, y no le deleitaba nada mediocre. Pasados, pues, los primeros años de su niñez, fué enviado de sus padres Ignacio á la corte de los Reyes Católicos. Y comenzando ya á ser ya mozo y á hervirle la sangre, movido del ejemplo de sus hermanos, que eran varones esforzados, y él, que de suyo era brioso y de grande ánimo, dióse mucho á todos los ejercicios de armas, procurando de aventajarse sobre todos sus iguales, y de alcanzar nombre de hombre valeroso y honra y gloria militar.
  
La ocasión de su conversión y principio de servir a nuestro Señor fue que, hallándose en Pamplona, siendo ella cercada de franceses, Y dio muestras desto (por dejar las coses de atrás) en la guerra de Pamplona el año de 1521 en la qual, siendo dejado por el visorey de Navarra, que era el Duque de Nájera, con don Francisco de Viamonte, para que hiciese lo que le encargase, y queriéndose el dicho don Francisco salirse de la ciudad, por no le parecer que podría resistir a la fuerza de los franceses, tubiendo también sospecha de los mismos de Pamplona; Y así, estando en una fortaleza que los franceses combatían, El rey de los franceses movió guerra el año 1521 contra los españoles y envió un poderoso ejército contra el reino de Navarra . Pero como debía ser cercada la ciudad real de Pamplona, y en su ayuda viniese con no despreciable tropa de soldados el hermano mayor de Ignacio, y el mismo Ignacio, y viesen la cosa desesperada; discuten con todo empeño con los que defendían la ciudad, que se les conceda el gobierno de la misma y confirman que ellos la defenderán. No habiéndolo obtenido, el hermano de Ignacio lo llevó tan sin resignación y hostilidad que ni siquiera quería entrar en la ciudad e inmediatamente se marchó con los soldados. El año, pues, de 1521, estando los franceses sobre el castillo de Pamplona, que es cabeza del reino de Navarra, y apretando el cerco cada día más,
  
   Iñigo, avergonzándose de salir porque no paresciese huir, no quiso seguirle, antes se entró delante de los que se iban en la fortaleza para defenderla con pocos que en ella estaban,    Pero entonces Ignacio, juzgando cosa ignominiosa si también él se marchaba, al tiempo que movido por la grandeza de ánimo en cosa tan dificilísima y por ansia de gloria, dejado el hermano, espoleado el caballo, entró en la ciudad. Le siguen unos pocos soldados
  
y dexando el castillo de darse y después, tratándose entre los de la misma fortaleza de darla a los contrarios, por no poder defenderla, y hubiendo dicho los que antes dél dijeron su parecer que sería bien entregar el castillo, pues no podían defenderle, y siendo todos de parecer que se diesen, salvas las vidas, por ver claramente que no se podían defender, Los franceses con poco esfuerzo ocupan la ciudad; pero al atacar la ciudadela encarnizadamente y algunos defensores juzgasen que se debía tratar de la rendición puesto que parecía que no quedaba esperanza a causa de la debilidad de la fortaleza; los capitanes que estaban dentro, estando ya sin ninguna esperanza de socorro, trataron de rendirse, y pusiéranlo luego por obra,
  
en gran parte por parecer suyo, Iñigo dio por parecer que en ninguna manera, sino que le defendiesen o muriesen. Asimesmo, saliendo el capitán del castillo a hablar con los contrarios de algún acuerdo, y llevando entre 4 que eran todos, consigo a Iñigo, él disuadió también el acuerdo por parecerle vergonzoso, y así fue causa que se pusiesen en armas y se combatiese el castillo, resistiendo hasta que los muros fueron con la artillería rotos, y su pierna quebrada. él dio tantas razones al alcaide, que todavía lo persuadió a defenderse, aunque contra parecer de todos los caballeros, los cuales se conhortaban con su ánimo y esfuerzo. Sólo Ignacio mantuvo su parecer y persuadió eficazmente tanto al prefecto como a los soldados que la esperanza había que ponerla en el valor y que había que luchar valerosamente por el rey, el honor y la gloria si Ignacio no se lo estorbara; el cual pudo tanto con sus palabras, que los animó y puso coraje para resistir hasta la muerte al francés.
  
un tiro de artilleria lo hirió y quebró una pierna rompiendo el hueso en muchas partes, y la otra también no quedó sin daño, a lo menos en la carne Asimesmo, quando en el castillo que dije, le hirió un tiro en las piernas, quebrándole la una en más partes. Jugando tanta artillería que fácilmente rompió los muros, que no eran entonces muy fuertes, y perseverando él todavía en hacer su deber, en tanto que podía, vino un tiro que cogió de lleno en una pierna y se la quebró en muchas partes, y en la otra le hizo también daño en la carne, pero no le quebró el hueso. Y venido el día que se esperaba la batería, él se confesó con uno de aquellos sus compañeros en las armas; y después de durar un buen rato la batería, le acertó a él una bombarda en una pierna, quebrándosela toda, y porque la pelota pasó por entrambas las piernas, también la otra fue mal herida. Batiendo fuertemente los muros con bombardas, he aquí que con una bala de cañon es quebrada una pierna de Ignacio y la otra malherida. Mas como los enemigos no aflojasen punto de su cerco, y continuamente con cañones reforzados batiesen el castillo, sucedió, que una bala de una pieza dio en aquella parte del muro, donde Ignacio valerosamente peleaba; la cual le hirió en la pierna derecha, de manera que se la desjarretó, y casi desmenuzó los huesos de la canilla. Y una piedra del mismo muro, que con la fuerza de la pelota resurtió, también le hirió malamente la pierna izquierda.
  
   Entonces, sin más resistencia, los franceses tomaron el castillo como tenían la ciudad; Y así, cayendo él, los de la fortaleza se rindieron luego a los franceses. Por este accidente cae Ignacio y al mismo tiempo se derrumba el ánimo de todos. No se tardó nada en tratar de la rendición para entregar el castillo con ciertas condiciones. Derribado por esta manera Ignacio, los demás, que con su valor se esforzaban, luego desmayaron; y, desconfiados de poderse defender, se dieron a los franceses,
  
Y así enfermo, y dada la tierra a los franceses, usando con él cortesía, lo llevaron a su tierra y casa... y hallándole tendido en el suelo, le llevaron a la ciudad (porque era muy conocido de muchos); y le dieron muy buen recado para curarse los enemigos mesmos, proveyendo de médicos y lo demás, hasta que les pareció enviarle a su casa, para que en su cura, que había de ser muy luenga, se entendiese más despacio; y así en unas andas le llevaron a su casa de Loyola los cuales, después de se haber apoderado della, trataron muy bien al herido, tratándolo cortés y amigablemente. Y después de haber estado doce o quince días en Pamplona, lo llevaron en una litera a su tierra. Ignacio es llevado a casa en una litera los cuales llevaron a Ignacio á sus reales, y sabiendo quién era, y viéndole tan mal parado, movidos de compasión le hicieron curar con mucho cuidado. Y estando ya algo mejor, le enviaron con mucha cortesía y liberalidad a su casa, donde fue llevado en hombros de hombres, en una litera.

Si vols seguir en català...

¿Qué confianza podemos tener en estos documentos?

Si quieres mirar el
Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús

A

Diego Laínez (1512-1565) escribe, "en pocas palabras lo que ocurriere en lo que toca a las cosas de nuestro P. Maestro Ignacio", a petición de Polanco, secretario de san Ignacio. Lo hace en Bolonia, en donde asiste a la sesión del Concilio, el 16 de junio de 1547, nueve años antes de la muerte de Ignacio y casi seis antes de que éste dictara a Luis Gonçalves da Cámara su Autobiografía

Pedro Ribadeneira en su prólogo nos dice:

Escribiré asímismo lo que yo supe de palabra y por escrito del Padre Maestro Laínez, el cual fué casi el primero de los compañeros que nuestro bienaventurado padre Ignacio tuvo y el hijo más querido; y por esto, y por haber sido en los principios el que más le acompaño, vino á tener más comunicación, y á saber más cosas dél; las cuales como padre mío tan entrañable muchas veces me contó, antes que sucediese en el cargo a Ignacio, y después que fué Prepósito General. Y ordenábalo así Nuestro Señor, como yo creo, para que, sabiéndolas yo, las pudiese aquí escribir.

De una respuesta del P. Jerónimo Nadal desde Maguncia (20 febrero 1567), a Francisco de Borgia (el tercer Prepósito General) que pedía todo lo que hubiera escrito sobre san Ignacio, podemos deducir que este escrito de Laínez era conocido por todos.

Sólo tengo... y una carta del padre maestro Laínez que es común a todos (3)).

¿Cómo es que este documento del P. Laínez ("sin ninguna duda (sine controversia) la primera Vida de san Ignacio(4)) es prácticamente desconocido por los jesuitas actuales?

Como vemos, sobre este episodio de Pamplona, "siendo ella cercada de franceses", es el más breve. ¿Lo conoció directamente da san Ignacio?

  

B

De Juan Alfonso Polanco (1517-1576), nacido en Burgos un 24 diciembre, hijo de Gregorio y de María de Salinas, y que a los trece años se fue a París a estudiar humanidades y filosofía obteniendo el título de "magister in artibus", nos advertía Luis Fernández Martín, jesuita, quan toca el papel desempeñado por Iñigo de Loyola en el tema de la "pacificación de Guipúzcoa"

Aceptemos la substancia del hecho, que Iñigo fue enviado por el duque a colaborar con el regente, pero es claro que no puede admitirse el protagonismo que Polanco, admirador ferviente de Iñigo cuando escribía, le atribuye, como si él hubiera sido el único o el principal agente de la negociación. (5))

Su fuente principal es el escrito de Laínez, pero nos aporta nuevas noticias, posiblemente oídas del mismo san Ignacio. Unos cuantos años más tarde (1574) escribirá De Vita P. Ignatii con nuevas informaciones (6).

  

C

De la llamada Autobiografía del portugués Luis Gonçalvez da Cámara (~1519-1575), el confidente de san Ignacio, Pedro de Ribadeneira nos dirá:

También diré lo que el mismo Padre contó de sí á ruegos de toda la Compañía… Después de haber hecho mucha oración sobre ello, se determinó de hacerlo, y así lo hacía, acabada su oración y consideración, contando al Padre Luis González de Cámara con mucho peso y con un semblante del cielo lo que se le ofrecía; y el dicho Padre, en acabándolo de oír, lo escribía casi con las mismas palabras que lo había oído.

Es extraño, pero esta Autobiografía que parece reproducir las mismas palabras san Ignacio, no tuvo una vida fácil: muchas copias manuscritas, pero ninguna edición impresa hasta que los Bolandistes, por obra de Jean Pien (1678-1749), la publicaron el año 1731, siguiendo la traducción latina del P. Anibal du Coudret (1525-1599), hecha, con toda probabilidad, entre 1559-1561. El año 1566, cuando Ribadeneira publica, por encargo oficial del General Francisco Borgia, su Vida, se ordena recoger todas las copias y se prohíbe su lectura y divulgación.

El primer indicio de que la más alta autoridad de la Compañía se ocupaba de la Autobiografía ignaciana, y de los otros escritos de Ignacio y los escritos sobre él, aparece el 8 de Enero de 1567, al año y medio de haber comenzado el Padre Francisco de Borja a gobernar la Compañía como su tercer General. Él escribía desde Roma al P. Jerónimo Nadal, que andaba entonces por ciudades alemanas, Tréveris, Maguncia, Spira:

Ya que aquí estamos poniendo en orden lo relacionado con la vida de nuestro Padre Ignacio, de santa memoria, aclararé que V. R. envíe en la primera oportunidad las cosas que tiene de él, de sus escritos y cosas anotadas por V. R. o por otros, fuera de lo que escribieron los Padres Luis González y Ribadeneyra, y especialmente los escritos de mano de N. P. sobre cosas de devoción y de sentimientos espirituales

Francisco de Borja quería hacer para toda la Compañía una única biografía de Ignacio completa y autorizada, la que había encargado a Ribadeneyra (7)).

José Luis Betrán Moya, en su estudio La construcción de la gloria de la Compañía en tiempos de Francisco de Borja, también se refiere a este tema:

El hecho de que la biografía ignaciana de Gonçalves no llegara a ser impresa, a pesar de circular abundantemente de forma manuscrita en los primeros tiempos por los colegios de la Compañía, a diferencia de la que pocos años después hiciera el padre Ribadeneira, ha sido siempre fuente de suspicacias entre los historiadores. En 1566, siendo ya general de la Compañía, Francisco de Borja encarga a Pedro de Ribadeneira la biografía oficial de Ignacio de Loyola. Ribadeneira escribe la Vida del bienaventurado padre Ignacio de Loyola, utilizando ampliamente el texto de Cámara, y consigue que se retiren las copias del mismo de todas las provincias, "pues siendo cosa imperfecta", dice a Nadal, "no conviene que estorbe o disminuia la fe de lo que más cumplidamente se escribe" (8).

Marcel Bataillon reproduce esta carta de Ribadeneira a Nadal de junio de 1567:

Que Vuestra Reverencia cumpla lo que nuestro padre [general] ya ha ordenado y según creo, escrito a los provinciales [...] a saber, que retiren rápidamente lo que escribió el P. Luis Gonzáles, o cualquier otro escrito referente a la vida de nuestro Padre, y que lo conserven consigo y no permitan que esté en las manos de los nuestros o de cualquier otro. Porque son estas obras imperfectas, y no conviene que turben o disminuyan la confianza [que se debe] a los escritos más completos. En esos Vuestra Reverencia deberá usar de la diligencia y de la prudencia necesarias para evitar el escandalo.

Erasmo y el erasmismo
Barcelona, Ed. Crítica, 1977, p. 209.

Ante el cabreo de Nadal, Ribadeneira le vuelve a escribir:

El recoger los escritos del P. Luis Gonçalez sobre la vida de nuestro Padre, no nasció de mi, sino de estos Padres que lo acordaron a nuestro Padre, y a su paternidad les pareció bien (9).

  

D

Jerónimo Nadal, (1507-1580), mallorquín, fue el encargado de promulgar las Constituciones en Sicilia, España, Portugal y en el imperio. En diversos escritos fue dando a conocer la figura de san Ignacio, particularmente en sus Exhortaciones (o Pláticas) a los jesuitas de España (1554), Apologia contra censuram Facultatis Theologicae Parisiensis (1557 y en Dialogi pro Societate contra haereticos (1563) y era quien decía que "en ninguna cosa podía el Padre hacer más bien a la Compañía que en hacer esto [declarar cuánto por su ánima hasta ahora había pasado] y que esto era fundar verdaderamente la Compañía(10).

  

E

Pedro de Ribadeneira (1526-1611), nacido en Toledo, se describe a sí mismo como el "niño mimado" de san Ignacio al dedicar su Vida del bienaventurado Padre Ignacio de Loyola a Gaspar de Quiroga, cardenal, arzobispo de Toledo:

Y toca á mí hacer esto más que á nadie, así porque de haberme criado desde niño á los pechos de nuestro bienaventurado Padre, soy testigo de la amistad estrecha que entre V.S: Ilustrísima y él hubo, como por la merced tan conocida que V.S. Ilustrísima siempre me hace, como a hijo, aunque indigno, de tal Padre.

Y en el prólogo todavía añadirá:

Pero ¿qué diré de otra razón, que aunque la pongo á la postre, para mí no es la postrera? Esta es un piadoso y debido agradecimiento, y una sabrosa memoria y dulce recordación de aquel bienaventurado varón y padre mío, que me engendró en Cristo, que me crió y sustentó; por cuyas piadosas lágrimas y abrasadas oraciones, confieso yo ser eso poco que soy. Procuraré, pues, renovar la memoria de su vida tan ejemplar, que ya parece que se va olvidando, y de escribirla, si no como ella merece, á lo menos de tal manera, que ni el olvido la sepulte, ni el descuido la oscurezca, ni se pierda por falta de escritor. Y con esto, aunque yo no pueda pagar lo mucho que á tan esclarecido varón debo, á lo menos pagaré lo poco que puedo.

El año 1583, cuando todavía no hace treinta años de la muerte de san Ignacio, Pedro de Ribadeneira ya tiene miedo que su figura quede sepultada en le penumbra del olvido. Ribadeneira escribe por orden expresa de Francisco de Borgia, y utiliza, además de sus propios recuerdos, los escritos anteriores (Laínez, Polanco, Gonçalves da Cámara) y las tradiciones orales de sus coetáneos. Esta obra del toledano abre una nueva era en la hagiografía:

Y porque la primera regla de la buena historia es que se guarde la verdad en ella; ante todas cosas protesto, que no diré aquí cosas inciertas y dudosas, sino muy sabidas y averiguadas; contaré lo que yo mismo oí, vi y toqué con las manos en nuestro bienaventurado P. Ignacio, á cuyos pechos me crié desde mi niñez y tierna edad.

Según José Luis Betrán

Ribadeneira cumplió sobradamente esa tarea de ocultamiento de la obra de Gonçalves, pues censura la historia, la tergiversa e incluso logra mudar la idea del Loyola-peregrino por el santón que tanto indignaba a Unamuno.

Bueno, vayamos a ver algunos puntos concretos.

1

No hay acuerdo entre la pierna rota y la rendición del castillo. La fecha tradicional de la pierna rota, a partir del historiador jesuita Niccoló Orlandini (1553-1606) (11), es la del 20 de mayo de 1521, segundo día (lunes) de Pentecostés. No tenemos ningún documento civil que precise la fecha de la herida.

La rendición del castillo, siguiendo ahora datos históricos, es el 23 o 24 de mayo.

Según anota cuidadosamente el concejo de San Sebastián en carta a Carlos V: "Los franceses ocuparon Pamplona sin ninguna resistencia y combatieron el castillo el viernes que fueron veinticuatro del dicho mes".

¿Qué decir, pues, de las afirmaciones de nuestros testimonios?

Nadal:
Por este accidente cae Ignacio y al mismo tiempo se derrumba el ánimo de todos. No se tardó nada en tratar de la rendición para entregar el castillo con ciertas condiciones
Polanco:
...y se la quebró en muchas partes... Entonces, sin más resistencia, los franceses tomaron el castillo
Gonçalvez de Cámara:
Y así, cayendo él, los de la fortaleza se rindieron luego a los franceses

Luis Fernández Martín (12) dirá que no quieren afirmar una "inmediatez", una "simultaneidad cronológica", sino que "apuntan más bien al orden lógico y causal". Y dará esta explicación:

Polanco escribe, oyéndolo de labios de Ignacio, veintiséis o veintisiete años después de lo sucedido; Nadal lo escribió treinta y seis años después, lapso de tiempo suficiente para acortar distancias y narrar como seguidos e inmediatos hechos que en realidad ocurrieron con tres o cuatro días de intervalo.

Y el mismo Fernández Martín nos advierte:

Si se mantiene la fecha del 20 de mayo para la herida de Iñigo no nos queda más remedio que descartar la narración de los modernos biógrafos que pintan a Iñigo, con la espada desenvainada, esperando al enemigo en la brecha abierta en el muro de la fortaleza por las descargas de los grandes cañones. Cuando se abrió la brecha del muro, llevaba Iñigo tres días sufriendo los tremendos dolores de su pierna deshecha, resguardado en algún oscuro rincón del sótano del castillo.

Pero, ¿llevaba tres días "resguardado en algún oscuro rincón del sótano del castillo"?

Quien descubría "puntos oscuros" el año 1949 era A. Pérez Goyena, el cual

...con gran agudeza descubre una porción de "puntos oscuros" en toda la relación de la llegada y estancia de Iñigo de Loyola en Pamplona, en la fecha de la herida y en la de la rendición de la fortaleza.

Venida de Iñigo de Loyola a Pamplona
Hispania Sacra, vol. 2, num. 4 (1949), pp. 311-323

  

2

Los franceses, ya en aquellos tiempos, ¿tenían tanta "cortesía"?

Es la palabra que utiliza Laínez. Todos nuestros testimonios nos dicen que son "los enemigos mesmos" los que cuidan de él durante unos días en Pamplona, y lo transportan hasta su casa y tierra.

Contra esta opinión generalizada, ya el año 1944, F. González Olmedo tiene la intuición que fueron "paisanos navarros" los que se encargaron de efectuar el traslado del herido.

La "cortesia" francesa ya la hubiéramos podido descartar antes al saber cómo, después de tres días de la capitulación, en el momento en que los defensores iniciaban la salida

La infantería francesa, irritada porque muchos de sus compañeros habían caído durante el asedio, cargó contra ellos, mataron a algunos, desvalijaron a muchos y los demás estaban en peligro de que les ocurriese lo mismo, si Asparrots [cap de les forces franceses] con la caballería no los hubiera defendido y escoltado hasta cerca de Logroño.

La "intuición" de 1944 obtuvo confirmación documental el año 1961 cuando J.M. Recondo descubre la primera fuente no jesuítica que habla del herido Iñigo: el proceso de Esteban Zuasti, que nos informa

...del traslado de Iñigo herido desde Pamplona a la raya de Guipúzcoa, llevado a hombros en unas andas por el citado Zuasti y otros compañeros navarros.

El proceso de Esteban de Zuasti.
Primer documento oficial de la herida de Iñigo de Loyola en Pamplona

Príncipe de Viana, ISSN 0032-8472, Año nº 22, Nº 82-83, 1961, págs. 5-10
El text complet en pdf:
Pedro Esarte, Esteban de Zuasti: soldado y caballero
http://www.nabarralde.com/es/egunekoa/419-esteban-de-zuasti-soldado-y-caballero

Esteban de Zuasti, en el discurso de su defensa, dice

E así bien a un hermano del Señor de Loyola el cual fué herido en esta fortaleza le tomé en unas andas a él y a otros ocho compañeros que se me encomendaron les acompañé y los llevé a Larraun hasta les poner en salvo.

Para su defensa ya le va bien convertir al "pierna-rota" de Pamplona en un "mutilado de guerra" y no precisar quién le había hecho el encargo. ¿No sería quizás la señora de la casa del balcón?

Supuestas las relaciones entre navarros y vascos pro-castellanos no es muy creíble que fuera un servicio gratuito. Mirad este texto actual:

La nobleza vascongada estaba vendida a los usurpadores. El ínclito Iñigo de Loyola es un buen ejemplo: al ir en busca de privilegios, se convirtió en mero mercenario de las tropas españolas, cayendo herido junto a las murallas de Irunea de un proyectil lanzado por los navarros. No es de extrañar que patriotas nuestros exasperados, hayan mutilado recientemente la estatua del monumento a Ignacio, soldado español, al considerar un agravio un memorial a un colaborador a la destrucción de nuestra historia. Aquí viene al dedillo el dicho que se crean estos tipos de violencia invariablemente cuando se interfiere desde fuera en el desarrollo histórico de los pueblos. (p.274)

Peio J. Monteano
Reyes de Navarra
XIV. Ultimos Reyes de Navarra. De Gastón IV a Margarita de Valois.

Pàg. 274

  

3

Y el de Loyola, ¿por qué no sale en las listas? ¿En qué listas?

Una vez más Luis Fernández Martin, en su estudio El hogar donde Iñigo de Loyola se hizo hombre. 1506-1517 del año 1981:

El rey abonó a los heridos de la fortaleza navarra, en 1521, los gastos de curación y convalecencia. A Iñigo nada se le dio...

El duque de Nájera, su señor, parece que tampoco se acordó de él.

El historiador jesuita intenta dar una explicación:

...porque no era militar profesional.

Estaba [el duque de Nájera] demasiado preocupado aquellas semanas con la intriga cortesana, dirigida por su adversario político, el Condestable, que logró su caída del cargo de virrey de Navarra.

Ya había tocado este tema en Iñigo López de Loyola y el proceso contra Miguel de Herrera, alcaide de la fortaleza de Pamplona (13) del año 1976.

Llama la atención el cuidado y diligencia que los virreyes y el Duque de Nájera tuvieron en proponer al emperador los nombres de los caballeros que se habían distinguido en alguna acción militar -guerra de las Comunidades, guerra de Navarra. etc- para solicitar a su favor alguna merced consistente en juros o puestos bien retribuidos. En ninguna parte aparece mencionado o propuesto Iñigo...

La explicación que daba ya era la misma:

La única explicación que a este silencio podemos encontrar es que Loyola no era un militar de profesión

Iñigo de Loyola no era más que "uno de la casa del Duque de Nájera". Y el Duque de Nájera era quien debía haber hecho la propuesta a su favor. Pero el mencionado Duque, por ocultas razones políticas, a pesar de su extraordinaria diligencia y su gran esfuerzo personal y económico por defender Navarra, fue sacrificado apenas se reconquistó ésta.

Y ¿no puede haber una explicación más sencilla? Que Iñigo de Loyola, no había sido herido en la defensa de la fortaleza de Pamplona.

Y entonces ¿dónde y cómo se había roto la pierna?

  

4

Pero, de la pierna rota de san Ignacio, este hecho -según algunos- tan trascendental en cuanto retardó en 500 años la historia religiosa de Europa (mejor dicho, de la iglesia católica) ¿no tenemos ningún otro documento histórico, de carácter civil, no jesuítico, además del encontrado por J.M. Recondo?

Dios nuestro Señor ya habrá perdonado el golpe de vanagloria de su fiel siervo, sacerdote de la Compañía de Jesús, Luis Fernández Martín:

Publicamos por vez primera dos documentos civiles, de carácter oficial ("provisiones reales", fechadas el 16 y el 26 de junio), en los que se menciona expresamente la herida de Iñigo en la fortaleza de Pamplona: son las respuestas a dos peticiones que hace el que fue alcaide de aquella fortaleza, Miguel de Herrera, para que se personen como testigos a su favor en el proceso criminal contra él abierto en el Consejo Real por haber rendido la fortaleza de Pamplona.

¿Cómo es que la máquina investigadora de la Compañía de Jesús no encontró estos documentos hasta el año de 1976?

Miguel de Herrera, l'alcaide de la fortaleza de Pamplona, no es un hombre cualquiera, era "una importante figura militar del siglo XVI". Pero, sólo dos semanas después de haber rendido la fortaleza, era llevado a juicio por traición. El Almirante de Castilla, don Fadrique Enríquez de Cabra, una figura que parece resurgir hoy día, escribe:

Verdad es que según se detuvo la fortaleza de Pamplona... que se dio en nueve horas haciendo el alcaide la mayor trayción del mundo y no solo no lo hemos degollado mas se sostiene como servidor, él y los otros y andan aquí defendidos y amparados entre nosotros y no me maravillaría que allá pidiesen mercedes para estos alcaides.

Quizás, sin tanta pasión, el fiscal Pero Ruiz le acusaba de...

...que no avía guardado ni defendido la dicha fortaleza con la fidelidd e diligencia que avía y hera obligado, conforme a las leyes de estos Reinos, e que por ello devia ser condenado en las penas en las dichas leyes contenidas.

Y el alcaide Miguel de Herrera se defendía diciendo que...

...él avía guardado y defendido la dicha fortaleza con toda fidelidad e avía fecho en la dicha defensión della toda su posebilidad e lo que bueno e fiel alcaide deia hacer de que estaba presto de dar su descaro e ynformación.

¿A quién designó Miguel de Herrera como testimonios de su defensa?

Por el primer documento, el del 16 de junio, sabemos que

...e agora de parte del dicho Miguel de Herrera nos fue hecha relación diziendo que los testigos de que se entendía aprovechar para sus descargos en el dicho pleito que heran Pedro de Malpaso, veedor general de las obras e Maestre Pedro de las obras e Loyola, cuya es la casa de Loyola, estavan malos y enfermos a punto de muerte de los tiros de pólvora que a dicha fortaleza se tiraron y no podían venir ante nos personalmente y que temía que se morerían sin dezir sus dichos e nos fue suplicado e pedido por merced mandasemos enbiar un recebtor de nuestra corte que tomase sus dichos e depusiciones ad perpetuem rei memoriam.

Y por el segundo documento, el del 26 de junio

...después de lo qual el dicho Miguel de Herrera paresció ante los de nuestro consejo e dixo que Pedro de Malpaso, veedor de las obras y maestre Pedro, maestro de las hobras y un hermano del señor de Loyola y Sanpedro, mayordomo de artillería, y Santos, soldado, que entendían presentar por testigos en la dicha causa estavan heridos de tiros de artillería del combate que los franceses dieron a la dicha fortaleza y enfermos y ausentes de nuestra corte de manera que no podían venir personalmente a dezir sus dichos de lo qual estava presto de dar información e nos suplicó e pidió por merced la mandasemos recebir y enviar una persona de confianza de nuestra corte que tomase los dichos e depusiciones a los susodichos e que sobre ello proveyesemos como la nuestra merced fuese, lo qual visto por los de nuestro consejo e la ynformación que sobre lo susodicho fue avida como paresció por causa de las dichas heridas tener justo empedimento para no poder venir a nuestra corte e dezir sus dichos personalmente los dichos Pedro de Malpaso y maestre Pedro y el hermano el señor de Loyola y Sanpedro fue acordado en que confiando de vos etc

Pedro Malpaso y Maestre Pedro figuraban en las listas antes mencionadas de los heridos que habían sido indemnizados. ¡Y no eran militares de profesión!

Pedro de Malpaso falleció a fines de junio de 1521 a consecuencia de las heridas recibidas. El 4 de julio de 1521 el emperador concedió a su hijo, Antonio de Malpaso, el cargo de "veedor general de las obras del reino de Navarra", que había tenido su padre, "acatando que el dicho Pedro Malpaso nos sirvió e que fue robado por los dichos franceses e herido de las heridas que fallesció".

Alonso de San Pedro, el maestro de obras, recibió doce ducados "para ayuda de curar la herida que recibió en defensa de la fortaleza de esta ciudad de Pamplona".

El papel de estos dos testimonios de la defensa era muy claro: el alcaide había hecho todo lo posible, pero la fortaleza no reunía las condiciones para poder ser defendida delante de un ataque de la artillería pesada.

El hecho de haber nombrado Herrera como primeros testigos de descargo a las persones que intervenían en las obres de la fortaleza nos están indicando que el estado inacabado de la fortaleza fue la primera y principal razón de su imposible defensa

Y aquí viene la pregunta: ¿Cómo es que Miguel de Herrera cita como testimonio de su defensa a quien -según la versión jesuítica- había sido el acérrimo partidario de mantener la resistencia del castillo?

No sabemos si el oficial de turno (el escribano Juan de Estralema) llegó a tomar declaración a estos testimonios, no sabemos si el juicio se llegó a celebrar, no sabemos si hubo sentencia absolutoria o si el juicio se suspendió por orden del rey, de quien Miguel de Herrera había sido, durante unos cuantos años en Bruselas, Camarero del Príncipe Carlos.

Consta que, después de la batalla de Noain (30 de junio) y la posterior ocupación de Pamplona por las tropas castellanas, la fortaleza vuelve a estar en manos de Miguel de Herrera.

A falta de documentos históricos la imaginación queda libre para reconstruir la "depusición" de Iñigo de Loyola.

Yo diría que se puede afirmar que Miguel de Herrera, al presentar a Iñigo como testimonio de su defensa, no esperaba que éste comenzara diciendo:

Laínez:
...y dexando el castillo de darse en gran parte por parecer suyo.
Polanco:
...y después, tratándose entre los de la misma fortaleza de darla a los contrarios, por no poder defenderla, y hubiendo dicho los que antes dél dijeron su parecer que sería bien entregar el castillo, pues no podían defenderle, Iñigo dio por parecer que en ninguna manera, sino que le defendiesen o muriesen.
...él disuadió también el acuerdo por parecerle vergonzoso, y así fue causa que se pusiesen en armas y se combatiese el castillo, resistiendo.
Gonçalves da Cámara:
...y siendo todos de parecer que se diesen, salvas las vidas, por ver claramente que no se podían defender, él dio tantas razones al alcaide, que todavía lo persuadió a defenderse, aunque contra parecer de todos los caballeros.
Nadal:
Sólo Ignacio mantuvo su parecer y persuadió eficazmente tanto al prefecto como a los soldados que la esperanza había que ponerla en valor y que había que luchar valerosamente por el rey, el honor y la gloria.
Ribadeneira:
...estando ya sin ninguna esperanza de socorro, trataron de rendirse, y pusiéranlo luego por obra, si Ignacio no se lo estorbara; el cual pudo tanto con sus palabras, que los animó y puso coraje para resistir hasta la muerte al francés.

Parece, pues, que Miguel de Herrera, cuando todavía no había pasado un mes de los hechos en litigio, no guardaba ningún recuerdo de esta valiente disposición de ánimo de su testimonio, que le hubiera hundido su defensa. Pero unos veinte años es tiempo más que suficiente para ir creando una "fabulación", un proceso que no podemos negar si comparamos el primer testimonio de Laínez ("en gran parte por parecer suyo") con los siguientes ("sólo Ignacio mantuvo su parecer").

Ya sé que aquí el P. Dalmases (y no sólo él) se me enfadaría: "No puede caber ninguna duda tanto sobre la sinceridad de san Ignacio como sobre la fidelidad del P. Cámara en reproducir sus palabras". Pero ¿qué jesuita no mantendría sus sospechas sobre escritos parecidos procedentes del círculo de Escrivá de Balaguer?

Miguel de Herrera esperaría que la "depusición" del "hermano del señor de Loyola" fuera, más o menos, en estos términos:

Me equivoqué al no seguir a mi hermano en su retirada de Pamplona: con más experiencia que yo de aquellas tierras, de las que había vivido durante muchos años alejado, no fui capaz de captar los ánimos de la población de Pamplona.

Las "fabulaciones" de Polanco y de Nadal son divergentes en este punto:

Polanco:
...y queriéndose el dicho don Francisco [de Viamonte] (14) salirse de la ciudad, por no le parecer que podría resistir a la fuerza de los franceses, tubiendo también sospecha de los mismos de Pamplona; Iñigo, avergonzándose de salir porque no paresciese huir, no quiso seguirle, antes se entró delante de los que se iban en la fortaleza para defenderla con pocos que en ella estaban.
Nadal:
...teniendo por ignominioso el marcharse también él, e impulsado en cuestión tan difícil por la grandeza de su ánimo y por la ambición de gloria, dejando a su hermano picó espuelas a su caballo y se metió a galope en la ciudad con unos pocos soldados.

Grave error mío el meterme en aquella ratonera: era una fortaleza sin acabar, sin muros de protección.

Que vuestras Señorías han visto la fortaleza desta cibdad y en ella no hay petril ni almenas ni otras cosas necesarias para ofender ni defender

Duque de Nájera (1520?)

Era neceario salir de allí, pues resistir era un verdadero suicidio. Lo hice en las primeras oscuridades del día 19, a pesar de que el castillo ya estaba rodeado. Superar el cerco de los enemigos no era demasiado difícil: también el alcaide, Miguel de Herrera, pero éste en sentido contrario, lo había hecho.

Herrera debió entrar en la fortaleza el domingo, día 19 de mayo, por la noche. El obispo de Burgos, Juan rodríguez de Fonseca, escribe: "Vinieron sobre Pamplona [los enemigos] y en la ciudad los recibieron y cercaron la fortaleza y Herrera allóse fuera y entró dentro estando el cerco".

Y una vez llegué a la ciudad... Ya lo sabéis: en aquel tiempo yo era "especialmente travieso en juegos y en cosas de mujeres y en revueltas y cosas de armas(15).

Y aquella noche, habiendo dejado "las cosas de armas" me podía dedicar al placer de "las cosas de mujeres". Ya conocía una en Pamplona; no era, ciertamente, "ni condesa ni duqesa(16), pero más bien bañada y perfumada que la que había sido la madre de mi hija de La Rioja (17).

Cómo acabó, toda la ciudad lo supo... Cuánta socarronería no tuve que aguantar durante "los doce o quince días(18) que todavía estuve en Pamplona, hasta que la señora no consiguió contratar un grupo de paisanos navarros (19) para trasladarme, en andas, a mi tierra.

De la col·leció
SANTS I SANTES
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De una carta de san Ignacio a san Pedro Canisio. ¿"Manual del perseguidor"? o ¿"Programa de apostolado para la regeneración espiritual de los países germanos"? Con un comentario de Jean Delumeau.
Un esbozo de la participación de las mujeres en los movimientos religiosos de los siglos XII -XIII.
Nº 2. Santa Tecla ya no es santa
El nuevo "martirio" de Santa Tecla a manos de una comisión vaticana. Las verdaderas razones del “desahucio” celestial de la patrona de Tarragona.
¿Dónde comenzó la búsqueda jesuítica de los tesoros del Templo de Salomón? (Yo también puedo hacer de Umberto Eco).
¿Dónde y cómo se le rompió la pierna? ¿Hay algún documento histórico, no jesuítico, que hable de ello?
En preparación
La fulminante reacción de san Ignacio al memorándum del P. Polanco a los duques de Médicis, príncipes de Florencia: “Los dineros de los príncipes son el sudor de los pobres”.
Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
20 noviem bre 2017
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Otros temas

(1) Los papeles del desván. ¿Dónde comenzó la búsqueda jesuítica de los tesoros del Templo de Salomón? (http://usuaris.tinet.cat/fqi_sj/papers_golfes_sp.htm)
(2) Del Summarium hispanum... de Polanco, Monumenta Ignatiana. Fontes Narrativi de Sancto Ignatio, I, 154.
(3) MHSI, Nadal III, 377
(4) Calveras-Dalmases en la edición crítica de los Ejercicios, Sancti Ignatii de Loyola Exercitia Spiritualia, MHSH, Roma 1969, p. 7
(5) A partir de ahora, si no hay indicación expresa, las citas provienen de Luis Fernández Martín S.J. (1908-2003), extraídas de su libro, Los años juveniles de Iñigo de Loyola. Su formación en Castilla. Editado por Caja de Ahorros Popular de Valladolid, 1981. (https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=213695)
(6) Fontes Narrativi, II, 511-597
(7) José Martínez de Toda S.I., María Villareal de Loyola, presunta hija de Iñigo de Loyola. (https://josemartinezdetoda.wordpress.com/category/varia/maria-villarreal-de-loyola-presunta-hija-de-inigo-de-loyola/)
(8) José Luis Betrán, La construcción de la gloria de la Compañía en tiempos de Francisco de Borja (http://www.raco.cat/index.php/RevistaBorja/article/view/262597/350023))
(9) MHSI Fontes narr., I, p. 345. Més detalls a José Luis Betrán, La construcción de la gloria de la Compañía en tiempos de Francisco de Borja. (http://www.raco.cat/index.php/RevistaBorja/article/view/262597/350023)
(10) Gonçalves da Cámara, Prefacio a la Autobiografía, MHSI Fontes narr., I, p. 360.
(11) N. Orlandini, Historia Societatis Iesu. Amberes, 1620. Lib. I, num. 10
(12) Luis Fernández Martín S.J. (1908-2003), Los años juveniles de Iñigo de Loyola. Su formación en Castilla. Editado por Caja de Ahorros Popular de Valladolid, 1981. (https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=213695
(13) Text complet en pdf (https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1154538.pdf)
(14) A san Ignacio (si suponemos que él está detrás de la narración de Polanco) ya le fallan los nombres. Por documentos del Duque de Nájera (del 30 de agosto de 1521) se trataría de Pedro de Beamont. Los fallos de memoria de san Ignacio ya eran conocidos: "...siendo ciertamente fidelísimo en la substancia, en los detalles de algunas cosas se queda corto y cuando se refiere a las fechas, en la ancianidad le fallaba la memoria", decía Ribadeneira (Nadal III, 540)
(15) Del Summarium hispanum... de Polanco, Monumenta Ignatiana. Fontes Narrativi de Sancto Ignatio, I, 154.
(16) Según la conocida expresión de la Autobiografía
(17) Sobre esta posible hija, José Martínez Toda S.I., María Villareal de Loyola, ¿presunta hija de Iñigo de Loyola?, (https://josemartinezdetoda.wordpress.com/category/varia/maria-villarreal-de-loyola-presunta-hija-de-inigo-de-loyola/). También: Marcelino Izquierdo, La hija secreta de san Ignacio de Loyola en la Rioja (http://blogs.larioja.com/historias/2012/03/31/la-hija-secreta-de-san-ignacio-de-loyola-en-la-rioja/)
(18) Según la Autobiografía
(19) Según la ya comentada "certera intuición de F. González Olmedo", confirmada documentalmente por la investigación de J.M. Recondo, S.J.