La respuesta
del P. Miquel Batllori

Anar a la versió catalana

Versio longa: Para mayores con reparos

Para todos aquellos que recuerden lo que ya tengo dicho desde el primer día:

Que es como si hubieras venido a mi casa... y comeríamos juntos... y hablaríamos, entre otros temas, de cosas teológicas y espirituales, y también a veces, saldrían cosas de jesuitas. Y no siempre estaríamos de acuerdo...

Más tarde me vi obligado a añadir:

No creo que sea necesario advertir que en mi mesa, como supongo que pasa en todas las mesas, no siempre se habla con total seriedad

Pero esta falta de "total seriedad" de ninguna manera quiere decir que los hechos históricos hayan sido distorsionados

Recordad que trabajo como "celador" (el señor que, entre otras cosas, lleva las camillas por los pasillos) en el Hospital Joan XXIII de Tarragona

Versio brevis

Para todos aquellos que no tengan miedo de quedar desilusionados

Una llamada a media mañana

Hace unas semanas recibí una llamada que ha cambiado mi vida. A media mañana, mientras trabajaba en mi casa (ya sabes que mi trabajo profesional muchos días me toca hacerlo por la tarde), el teléfono empezó a hacer ring... ring... Una voz preocupada pregunta si es el Hospital Joan XXIII. Yo, un tanto extrañado por la coincidencia, respondo que no, y "Perdone, perdone...", y cuelga.

A los pocos minutos, la misma voz, ahora ya más angustiada que preocupada, repite la misma pregunta. Intento indagar qué quiere, por quién pregunta: "¿El P. Miquel Sunyol?". ¿Quién, por muchos mares que haya navegado, por muchos años que lleve a cuestas, en un momento de su vida no necesita del sacerdote, del religioso, del hombre de Dios? La voz, ya más relajada, como habiendo encontrado lo que buscaba, dice: "Soy el P. Miquel Batllori. ¿Me puede venir a ver?

Esta doble llamada desde Sant Cugat al 977548967 de Tarragona consta -para todos los incrédulos- en la factura de Telefónica

Me dice que aquella semana tiene trabajo, que está acabando un trabajo para entregar y quedamos para la semana siguiente

El martes siguiente lo llamo y me dice que, aunque está un poco indispuesto, lo vaya a ver. El miércoles por la mañana fui a Sant Cugat y aproveché para hacer una visita periodística al P. Ferrer Pi (para preguntarle por la carta que, como Provincial de España, envió el día de la muerte de Franco para decirnos que teníamos que rezar tres misas) y fui, también, a ver un señor que trabaja en la biblioteca y a quien el P. Jordi Roca no le deja ver los archivos de Misión Obrera.

El P. Batllori me recibe vestido, pero tendido en la cama. La conversación se alarga hasta que viene una mahometana a decirle que ya es hora de ir a misa. ("Oh tempora, oh mores", dirían aquí muchos de nuestros predecesores en la fe: que un jesuita, para ir a misa, necesite que una hija de Mahomet lo saque de la cama).

Tuve oportunidad de hacer un poco de "celador" con el P. Miquel Batllori, pues le ayudé a ponerse el jersey. En la puerta de la capilla nos despedimos... Pocos momentos después yo salía de Sant Cugat con tres carpetas de documentos bajo el brazo.

No es ahora el momento de dar explicaciones de la conversación, pero sí que puedo decir, porque ya lo tenía publicado en la web, el tema de ella:

Aún no se ha publicado, pero está escrita, la triste historia de lo mucho que contribuyeron los jesuitas a la caída de la República. La Orden trabajó con todo su ahínco a hundir desde el exterior lo que el pueblo había levantado. Aún no se ha explicado, porque la Orden, con todo su poder, tiene sus archivos secretos y tiene además una férrea censura para sus fieles hijos. ¿Te dejarán, Batllori, publicar tus investigaciones de historiador? ¿O todavía no es oportuno? La oportunidad es lo más importante para un jesuita

(Esto es lo que dice Francisco García Salve, el cura Paco, en su libro "Yo creo en la clase obrera", que tiene el prólogo del P. José Mª Llanos

A mi hermano Ignacio le decía hace unos días: "Creo (es muy posible) que soy el último jesuita que haya hecho una entrevista "profesional" al P. Miquel Batllori. Salí de Sant Cugat con dos o tres carpetas bajo el brazo. Tengo a todos los jesuitas de la Provincia preocupados. Hoy los del piso de Joan me han venido a hacer una visita (la comida -en primera línea de mar- a cuenta de ellos). Ahora, cada día, antes de coger el coche, miro si me han colocado una bomba en los bajos. Estoy intentando conectar con el Enrico Eco (perdón, Umberto Eco). Si muero ahora, a los 63 años, todo el mundo sabrá quién me ha matado. Será un asesinato inútil, pues las carpetas las tengo depositadas -con las correspondientes indicaciones- en casa de un notario (me he visto como obligado a tomar esta determinación porque Joan tiene llave de mi casa y no quiero colocarle en el dilema de obedecer a la Compañía o de faltar a los más elementales deberes de toda hermandad natural)

Por ahora lo que me dijo Batllori queda como "en secreto de confesión", pero las preguntas que le hice -y a las cuales el se creyó obligado a contestar poco antes de morir- se encuentran, como ya he indicado, en http://www.tinet.org/~fqi_sj/arrupe/franco_ct.htm#batllori

La visita fue un miércoles. El sábado por la noche, Agustí Ayats -como sabe que no tengo tele- me telefoneaba para darme la noticia de la muerte del P. Batllori.

Descanse en paz. Mucho mejor, aquí deberíamos decir: "El P. Miquel Batllori murió en paz"

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Esto es todo lo que hay...

El viernes por la noche o, más precisamente, el sábado 8 de febrero a la una de la madrugada (Sat, 08 Feb 2003 01:16:24) enviaba este e-mail a Alfonso Alvárez Bolado, cuando no podía sospechar nada de la cercana muerte del P. Batllori:

A Batllori le escribí para contrastar lo que dice García Salve en su libro "Yo creo en la clase obrera": los jesuitas habrían maquinado contra la República ya antes del 18 de julio; Batllori había estudiado el tema, pero la censura de la orden no le permitió su publicación.

Batllori no me confirmó nada de eso, sin llegar a excluir que algunos jesuitas, por sus relaciones famliares, hubieran podido tener conocimiento de lo que se tramaba.

Ya ves que quiero dar "objetividad" a mi trabajito.

Y así unos días más tarde le podía decir:

Me alegro de que mi e-mail en que hacía un breve resumen de mi conversación con Batllori te lo enviara un día o dos antes de su muerte. Así nadie dirá que digo lo que me da la gana después de muerto.

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