Viaje a España
Mayo 1970

 
Pedro Arrupe
habla sobre
el compromiso temporal


La pregunta

El P. General expresó en la revista "Índice" algunos aspectos del compromiso temporal cristiano. Para nosotros en concreto, religiosos jesuitas, ¿qué alcance y qué límites tiene este compromiso?

No he encontrado en los números de la revista Indice del año 70 anteriores al viaje del P. Arrupe ninguna entrevista al P. Arrupe o ninguna declaración de éste. Supongo, pues, que se refiere a la entrevista publicada por Vida Nueva, la cual ya nos es conocida.
Transcribo a continuación las preguntas que el P. Alcalá, el autor de la entrevista, formuló sobre el compromiso temporal al P. Arrupe y las respuestas de éste

Refiriéndonos particularmente a la Compañía en España, hay quien censura en algunos jesuitas actitudes socio-políticas dentro del llamado "compromiso temporal". ¿Cree usted que semejante compromiso encaja en el espíritu jesuítico y con la consagración que supone la vida religiosa?

Creo que hay que distinguir con precisión entre el "compromiso temporal" y sus posibles derivaciones políticas. Nosotros, como identificados con el Evangelio, no podemos prescindir en absoluto, al querernos encarnar en la sociedad actual, de un "compromiso temporal", mejor diría de un "compromiso social" que sea conforme con la actitud religiosa y sacerdotal que debemos tener
Veo que Ud. llama "compromiso social" a lo que ordinariamente se designa como "compromiso temporal", ¿en qué ve Ud. la diferencia?

El término "compromiso temporal" me resulta un tanto ambiguo. Por eso prefiero hablar de "compromiso social". Estoy convencido de que una religión sin "compromiso social" cometería hoy una alienación religiosa y una verdadera falta de caridad, dadas las situaciones injustas del mundo en que vivimos. Si somos demasiado impermeables a un "compromiso social" es quizás porque no estamos convencidos de que nuestra indiferencia frente al subdesarrollo y nuestra inercia y resistencia al cambio, constituyen serias faltas de caridad cristiana en nuestra vida personal y nuestro apostolado
¿Y no le parece que puede haber excesos en la interpretación de ese compromiso social?
No lo dudo; se puede pecar o por falta de aquella caridad discreta, que es tan necesaria, o cuando se actúa de una manera más bien profana que religiosa, provocando una reacción natural de desestima del mismo "compromiso social". Hemos de huir, por lo tanto, del angelismo sordo a las angustias humanas y del mesianismo temporal, como también de todas las actuaciones que no son propias del religioso, sino del seglar
¿Cree Ud. que este punto podrá ser decisivo en la orientación futura de la Orden?

Ciertamente. La ayuda al Tercer Mundo, por ejemplo, es, en concepto de Pablo VI, una de nuestras grandes misiones. El desarrollo es sinónimo de la paz; y el desarrollo integral bien entendido es la cristificación del mundo. Quien ama a Cristo pobre y obediente hasta la Cruz es el más apto para realizarlo

La respuesta del P. Arrupe

Realmente nosotros tenemos que vivir una encarnación en la situación actual, digo en todo el mundo. Creo que los principios de esto los he expuesto suficientemente en las cartas que he escrito en diversas circunstancias, como fue el 12 de diciembre del año 1967 para América Latina, como fue después una carta, la de Río, que aunque no fue un documento escrito por mí, pero fue escrito a mí después de una reunión que tuve con todos los Provinciales de América Latina en Brasil; tengo la carta también escrita sobre la cuestión de la integración racial en los EE.UU., y creo que ahí están los principios que valen para América Latina, para España y para todo el mundo, ya que son principios básicos que, al fin y al cabo, no son más que una interpretación, una aplicación concreta de los principios de la doctrina de la Iglesia.

De tal manera que nosotros, una cosa que no podemos nunca olvidar en nuestro compromiso temporal y en todas nuestras actuaciones, es que somos sacerdotes, o religiosos -porque hay alguno que no es sacerdote, sino Hermano Coadjutor o Escolar, pero todos somos apóstoles-: vamos a llevar a Cristo y nuestra posición en este problema es enteramente distinta del laico seglar o del activista social.

Nosotros somos sacerdotes y llevamos a Cristo. Por consiguiente, todo debe ir en este sentido. Nosotros en la Compañía, como explica la doctrina de la Iglesia, aceptada por todos, tenemos que dar la doctrina, tenemos que dar los principios, tenemos que ser valientes en presentar los problema sociales, los problemas de doctrina, los problemas de la Iglesia, con valentía y al mismo tiempo midiendo lo que hacemos.

Es decir, nosotros somos jesuitas. Por consiguiente no somos individuos aislados. Pertenecemos a un grupo, a un grupo nacional e internacional. Por consiguiente no podemos olvidar la influencia que esto tiene corporativamente, comunitariamente hablando. De modo que es ahí en donde también viene el tener que pensar, el tener que medir nuestras actuaciones; pero todo lo que sea exponer claramente la doctrina de la Iglesia, es esto realmente lo debemos hacer aunque haya las consecuencias que pueda haber, cuando las cosas se hacen con la prudencia y con la mesura evangélica y de caridad, como ha ocurrido en los diversos países. Tenemos problemas de esta índole en muchísimos países; puede ser en México, puede ser en Paraguay, etc., donde realmente hemos tenido problemas. Y la Compañía está dispuesta a afrontar los problemas que se presenten cuando se hacen estas cosas bien hechas, es decir, presentando la verdad evangélica tal como se debe presentar. Por eso en estas actuaciones no podemos actuar de una manera individual, sino tenemos que hablar de una manera colectiva en el sentido de que somos responsables de una colectividad y puede tener otras consecuencias.

En cuanto a la encarnación nuestra temporal, en cuanto al trabajo e identificación con el pobre, con el trabajador, con el que estás sufriendo injusticia, realmente esto es una obra enteramente apostólica. Pero como decía antes, tenemos que proceder como sacerdotes, de tal manera que este apostolado lo considero de grandísima importancia.

La Compañía de Jesús debe estar representada en el mundo del trabajo. Y esto supone, naturalmente, un espíritu y una fuerza espiritual no vulgar. Por algo, por ejemplo, en Francia, hoy, para ser sacerdote obrero se exigen tantísimas condiciones: condiciones del individuo, y además experiencia pastoral antes de determinarse. Porque ciertamente es un apostolado que tiene su peligro. Su peligro en cuanto que realmente puede llegar a desfigurarse nuestra actuación y desviarnos de una actuación sacerdotal por actuar como un laico, o como, tal vez, incluso un marxista o elementos que emplean procedimientos o criterios que no son evangélicos. Por esto, realmente, tenemos en este punto que ser muy objetivos y no desorbitar las cosas. Nosotros somos apóstoles de Jesucristo, tenemos que trabajar para todos y en nuestra actuación con el mundo obrero también tenemos que ser completamente comprensivos de los problemas y que se traten de una manera apostólica y sacerdotal.

Por eso, en esto, conviene reflexionar e ir encontrando los procedimientos o las medidas que sean, además de evangélicas, eficaces, en este sentido. Y esto supone ese diálogo, ese pensar, ese repensar y proceder con toda sinceridad y con toda, digamos, entrega apostólica.

Así que la Compañía en esto considera hoy que es un apostolado de primera categoría, en la que la Compañía tiene que trabajar pero pone condiciones. Y las condiciones son éstas: que sea una posición enteramente evangélica y sacerdotal. Esto es naturalmente la conditio sine que non, y todo lo que lleva esto consigo.

De tal manera que en esto habrá distintas maneras de actuar: una vez será en forma de estudios, en publicaciones, otra manera será una forma sacerdotal, dirigiendo a obreros o a la clase obrera, otra será siendo sacerdote obrero, etc. Según estos distintos niveles de programaciones de trabajo es en donde tenemos que ir viendo cómo debe actuar cada uno. Y, como digo, no dejándonos llevar de un profetismo escatológico, angélico e irreal y sabiendo planificar las cosas con todas sus implicaciones para poder ser, al fin y al cabo, verdaderamente eficaces y ayudando a la gente.

La encarnación como sacerdote obrero es un apostolado en el que considero que la Compañía debe estar representada, pero ahí sí que realmente, en este nivel de trabajo, se exige que sean personas sumamente espirituales, sumamente evangélicas y que sepan donde pisan. Porque por lo que he visto en otras naciones, por el número de fracasos que hay en este sentido -digo de fracasos cuando se ven las cosas como son- realmente es impresionante y se ve que ahí hay algo que supone una ascética, una espiritualidad, un amor a Cristo y a la Iglesia de muchos quilates. Y realmente, hay que prepararse bien en este sentido.

Esto es un problema bastante largo y que habría que ver. Hoy, en general, la tendencia que va resultando de la experiencia -no a priori, sino de la experiencia- es que la comunidad heterogénea es preferible. Es un enriquecimiento mucho mayor. Porque cuando se pone un grupo de Padres que trabajan, supongamos, en colegios, o que trabajan en acción social, o que trabajan en Ejercicios, solos, -solo este grupo-, a la larga se empobrecen. De modo que hoy se habla mucho de las comunidades verticales, comunidades en las que hay distintas edades y también distintos elementos. Pero, en cambio, puede haber, por ejemplo, una redacción de revista que tiene tal multiplicidad de elementos en sí, que puede ser mejor en este caso que el cuerpo redaccional sea solo. Esto hay que verlo. Hay que ver el matiz.

Lo que ciertamente no es una cosa buena a la larga es una comunidad excesivamente homogénea en una especialización. Porque se reduce de tal manera el punto de vista que pierde un enriquecimiento grande que pudiera existir proveniente de otra clase de mentalidad.




Pedro Arrupe
Reunión "Apostolado Social"
en las Escuelas Profesionales
Valencia, 3 de mayo 1970



Gracias por la visita
Miquel Sunyol
sscu@tinet.fut.es
Mayo 2004