Sermón de
Primera Comunión

 
 
 
Lo que esta tarde estamos haciendo aquí es lo que antiguamente llamábamos un "sacramento", palabra que no sé si hoy todavía la enseñan en las catequesis. Subrayo lo de "esta tarde": lo que estamos haciendo esta tarde, porque sacramento no es sólo lo que estamos haciendo ahora en esta vieja iglesia, sino que sacramento es toda la fiesta de esta tarde. 

Los viejos catecismos nos decían que en todo sacramento había como dos aspectos, como dos cosas a tener en cuenta. Por una parte, un acontecimiento humano, algo corriente y normal en la vida de los hombres; como es normal y corriente el entrar a formar parte de un grupo, o el que un grupo celebre una cena, o el que un hombre y una mujer se casen, o el que alguien se enfrente ante el último momento de su vida. Si no hay un acontecimiento humano, algo normal y corriente en la vida de los hombres, no hay sacramento. Algo normal y corriente, como es normal y corriente el agua, el pan, el vino, los anillos, el beso, el aceite... 

Por otra parte, los catecismos nos hablaban también de una "gracia", de una fuerza especial, algo que nos empujara desde dentro... algo que no se ve ni se toca, pero que podía llegar a convertir lo normal y corriente en algo distinto y diferente, en algo extraordinario. 

¿Qué es en el sacramento de esta tarde lo normal y corriente, el acontecimiento humano normal y corriente? Es la fiesta de una niña que deja el mundo de la infancia para entrar de alguna manera ya en la vida de los adultos, de los mayores. Y esta fiesta, esta celebración del paso de la infancia a un empezar a participar en la vida de los mayores, se ha festejado siempre (no es un invento del cristianismo), en los diversos pueblos, continentes y culturas. 

Hoy es la fiesta de María, como desde hace siglos ha ido siendo la fiesta de tantos niños y niñas de los más variados colores, razas, religiones y culturas... 

Es la fiesta de algo corriente y normal: dejar el mundo de la infancia, de los infantes. Infancia, infante es una palabra que viene del latín y que significa "el que no habla", el que no tiene voz en el grupo, en la comunidad. Hoy, María, al proclamar delante de todos nosotros, con su voz, la Buena Noticia, nos ha dado una prueba de que ya no está en la infancia. 

¿Y qué es en este sacramento de esta tarde lo diverso, lo distinto, esa fuerza que nos empuja desde dentro? ¿Qué es esta "gracia", este toque especial, que María, y sus padres, y todos nosotros (en cuanto no nos sintamos como simples invitados sino como verdaderos participantes en la fiesta) queremos poner? 

Habéis querido que esta fiesta normal y corriente estuviera como presidida, inaugurada, iniciada con esta celebración de la Cena del Señor, este hacer memoria de Jesús, con el recuerdo de Jesús. Quieres, María, y tus padres quieren, y nosotros también queremos, que tu vida, a partir de ahora, en el mundo de los adultos tenga esta "gracia", este toque especial, esta fuerza que te empuje desde dentro: el recuerdo de Jesús

 Y ¿qué es eso de "el recuerdo de Jesús"? ¿Qué es recordar a Jesús? ¿Qué es hacer memoria de él? 

Recordar no es copiar; hacer memoria de alguien no es imitarlo, no es repetir. Recordar no es querer revivir una situación ya pasada. Sería tan fácil, si nos fuera posible, seguir repitiendo las palabras de Jesús, ir copiando sus gestos y sus acciones, hablar de Dios como Jesús lo hizo, seguir manteniendo sus esperanzas y sus planteamientos políticos... Sería tan fácil, si ello fuera posible, vivir los mismos radicalismos de Jesús: ni pan, ni bolsa, ni dinero.

María, hoy ya no eres una niña. Ya no tienes que copiar, que imitar, que repetir. Hoy entras en el mundo de los adultos, de los mayores, un mundo en el cual -como hemos escuchado en la primera lectura- siempre "nos es preciso volver a empezar". 

Ya no eres una niña, María. Ya, para cruzar la calle, no tienes que ir de la mano de  tu madre. Y además, aunque quisieras, no podrías "ir de la mano" de Jesús, no puedes coger su mano. Jesús vivió hace veinte siglos y ninguno de nosotros puede volver a repetir aquellas palabras del principio de la carta llamada Primera de San Juan: "Lo oímos, lo vieron nuestros ojos, lo contemplamos, lo palparon nuestras manos". Jesús nos queda muy lejos. Recordar a Jesús, hacer memoria de él es aceptar esta primera verdad: que Jesús nos queda muy lejos.
¿Cómo y dónde, pues, encontrar "el recuerdo de Jesús"? 

"Recordar a Jesús" es una tarea difícil, porque la "memoria de Jesús" la habrás de encontrar aquí, entre nosotros, entre aquellos que oyes, que ves, que contemplas, que tocas con tus manos..., entre aquellos con los cuales convives en casa, en la familia, en la escuela, en el barrio... 

Es sólo a través de nosotros que puedes llegar a Jesús, y nosotros a través de otros, y éstos a través de otros... y así hasta formar una larga cadena de testigos. Y siguiendo esta larga cadena de testigos llegaremos a Jesús, el cual, a su vez, también está unido a otro, y este otro a otro..., porque Jesús tampoco es el primero de la cadena. El es, en palabras del nuevo Testamento, el Testigo fiel. 

"Recordar a Jesús" es una tarea difícil, porque tendrás que elegir entre nosotros. Tendrás que elegir, porque no todas las cadenas de testigos te llevarán a ti hasta Jesús. Tendrás, a lo largo de tu vida, que ir sabiendo elegir tus propios testigos para llegar a Jesús. Y en esta tarea, que ya te digo que es difícil, no te podrás fiar de las etiquetas: ni de la etiqueta del apellido, ni de la etiqueta de cristiano, ni de la etiqueta de "ir a misa", ni de la etiqueta de militante católico, ni de la etiqueta de catequista, de ninguna etiqueta... Ni siquiera la de jesuita.

Quizás, también, a ti "el recuerdo de Jesús" te llegue, además, entre otros testigos, a través de alguien que no te hable, ni te quiera hablar, ni de Dios ni de Jesús. Pero, quizás, sin hablar de Dios ni de Jesús, tendrá "el lenguaje de una nueva justicia y de una nueva verdad", un lenguaje liberador como el de Jesús, un lenguaje que anuncie su Reino. 

Los testigos que tu vayas encontrando, a lo largo de tu vida, son los que te animaran a vivir en este mundo de los mayores "haciendo memoria de Jesús", formando parte de esta larga cadena de testigos, en la cual también está Jesús de Nazaret, siendo para muchos el Testigo fiel, aquel de quien te puedes fiar. 

Vivir en el mundo de los mayores "haciendo memoria de Jesús" es atarnos a una tradición, a una cadena, a la misma tradición a la cual Jesús se sintió atado; es como meternos de cabeza dentro de una corriente, dentro de un río, en la misma corriente en la que Jesús también se metió; es dejarnos arrastrar por estas aguas vivas, sabiendo que la fuerza de las aguas abre siempre caminos nuevos. 
 
 

Querol 
Primera Eucaristía de María 
Junio 94 


 
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