Para muestra, un botón 
 
    Muchos creyentes nos sentimos hoy cercanos al budismo, "que no habla de Dios"; que cuando ora no se acuerda de esos ejercicios ficticios de las tres potencias, ni de aquellos relamidos sentimientos piadosos de pastelería que nos inculcaron, sino de que Dios es "el silencio de todo" (san Basilio), la "pura nada" (Dionisio el Areopagita) y el "vacío" (santa Angele de Foligno). 

    Y nos sentimos dentro de la poesía vital de nuestro cristianismo -que no de su pesada y oprimente organización burocrática- recordando, en nuestra profanidad, que la "poesía se llama religión cuando se compromete con la vida" (J. Santayana). 
     

    E. Miret Magdalena
    ¿No a la religión?
    El País, 11 noviembre 1987
 
 
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