UNA TRUCHA BAJO EL PUENTE
APROVECHANOO La visita a unos familiares, en Alfaro, decidí hacer una excursión a pescar el rio lregua (Rioja). Era el mes de abril por lo tanto, principios de temporada.
Paré por encima de Torrecilla.el río
es estrecho en bastantes zonas, pero profundo y con el agua muy clara. No lo había pescado nunca tan arriba y quería saber cómo se encontraban las truchas por ahí.
El día era oscuro, No hacía frío, pero estaba nublado. En estos dias las truchas son a veces más fáciles de localizar que en días muy soleados.
Estuve dando paseos por la orilla, con las gafas polarizadas, sin descubrir nada, hasta que reparé en una trucha muy bonita que se movía en una corriente con fondo de piedrecillas sueltas, entre dos largas y ondulantes matas de ranúnculos, unos metros por debajo de un puentecillo de piedra desde donde yo estaba.
Pensé que la trucha merecía la pena y volví al coche, donde Llevaba todos los pertrechos. En diez minutos me puse las botas, preparé la caña, la cola de rata del número 4 y un bajo de línea de tres metros con una pequeña ninfa lastrada del número 18 en su extremo.
Entré en el agua con mucho cuidado, tratando de no hacer ruido, veinte o veinticinco metros más abajo de la corríente donde había visto a la trucha y remonté el río poco a poco, sin prisa.
Cuando llegué a cinco o seis metros del lugar, me paré y observé el sitio. Allí no había nada.
Había debido verme sobre el puente antes, incluso de que yo la viese a ella. El canalillo entre los ranúnculos estaba vacio. No sabía a ciencia cierta dónde podría estar, quizá había remontado un poco la corriente y subido a la cabecera.
En cuanto me moví un par de metros la trucha, que había permanecido escondida entre la vegetación, salió río abajo, como un bólido, pasando junto a mí. Por la potencia que demostró en su carrera, me pareció que estaba en un excelente estado de forma, algo raro teniendo en cuenta que estábamos a principios de primavera, y pensé que posiblemente encontraría alguna otra en actividad río arriba. Además, no tenía nada mejor que hacer.
Felizmente, la trucha que había espantado huyó río abajo. Si lo hubiera hecho río arriba, para refugiarse bajo el puente. desde el que la había localizado, habría asustado a otra belleza que vi al rato. Estaba justamente debajo del puente, en la pared del lado izquierdo. Unicamente podía distinguir su cola, pues el resto lo tapaba un matorral que crecía entre las piedras. La corriente pasaba por el lado derecho, por lo que la trucha se encontraba en una zona de agua más o menos lenta. La dificultad consistía en presentar la ninfa correctamente, sin enganchar las ramas y previamente introducirla por la boca dcl puentecillo. Intenté por tres veces, y desde cinco o seis metros, colocar la ninfa junto a la trucha, pero el aire que pasaba bajo el puente frenaba la punta del bajo de línea y la artificial caía siempre medio metro tras el pez. Yo sólo veía la cola, pero a juzgar por sus movimientos, sabia que estaba en actividad, pendiente de lo que ocurriese a su alrededor y confiaba en que bien presentada la ninfa iba a ser tomada sin problemas.
Pensé en salir del agua y abordarla desde arriba, dejando derivar la ninfa como hago alguna vez con mosca seca con alguna trucha desconfiada, pero abandoné la idea, pues a partir del puente apenas se veía el río de la cantidad de ramas que había.
-¡De perdidos al rio!, pensé.
Córté medio metro de la punta del bajo de línea y me guardé el trocito de nylon en el bolsillo (aprovecho para recomendaros esta práctica. Son muchos los pajaritos, ranas, ratoncillos.., que mueren al enredarse en estos hilos que tiran muchos pescadores desaprensivos) Anudé la pequeña ninfa al, ahora, corto bajo de línea y al segundo intento conseguí meterla donde yo quería, al lado de la trucha, a un palmo de su costado derecho.
Como la ninfa habla caído en agua casi parada, levanté ligeramente la punta de la caña para dar movimiento a la artificial. Me imagino que la trucha sintió esto y se volvió para ver que era.
La vi salir de debajo de las ramas con la boca abierta... despacio, cerrar la boca y girar.Levanté la caña y clavé.
La trucha, en lugar de volver a su puesto a refugiarse, vino hacia el centro de la corriente y saltó cuatro veces seguidas, moviendo la cabeza como hace un "black-bass" cuando quiere sacudirse un "popper".
Pero ningún pez puede seguir mucho tiempo este juego y como, afortunadamente, el material aguantó, la trucha no tardó en estar en la sacadora.
Era un magnifico ejemplar de más de treinta y cinco centimetros, una trucha común gorda y lustrosa, que a juzgar por su aspecto debía comerse todo lo que veía a tiro.
Le quité el anzuelo con mucho cuidado y la devolví al agua, y para mi que le gustó bastante.
AUTOR:
FERNANDO GIL