NUEVA TEMPORADA

La apertura de la veda es temporada difícil para los pescadores de truchas, ya que las aguas bajan frías y los peces, aún débiles freza, no han desarrollado todo su potencial predador.
Existe, sin embargo, la ventaja de que las truchas son más abundantes - al menos en teoría -, y de que se hallan menos maleadas y desconfiadas que a finales de temporada.

LOS cada vez menos pescadores de cebo natural que quedan hacen su particular agosto durante el mes de marzo. La trucha se halla hambrienta después de la freza, sin embargo, no tiene fuerzas para buscar el sustento desafiando el rigor de la corriente, Se diría que ese balance vital que todos los seres vivos necesitan rentabilizar, entre la energia que consumen para buscar el sustento y la que asimilan ingiriendo el mismo no les resulta óptimo.
Las truchas permanecen, pues, en el fondo, al abrigo de piedras u otros accidentes durante la mayor parte del día, y sólo se disponen en actitud abiertamente cazadora con las grandes eclosiones de efémeras que se producen en el momento más cálido de la jornada, al mediodía. Ello no es óbice para que si una suculenta y tentadora lombriz pasa por el fondo delante de la nariz de la trucha ésta no la acepte.El pez, que ya ha olvidado los dos o tres desagradables pinchazos que sufrió la temporada anterior, se halla famélico y absolutamente confiado y, por tanto, no hará ascos a un alimento extra que se le ofrece en un período de carestía como es el comienzo de la primavera.
Teniendo en cuenta además que es muy frecuente que el río discurra muy por encima de sus niveles lo cual es un notable perjuicio para la pesca con cebos artificiales,pero no afecta e incluso favorece al uso de los naturales. Los pescadores ancianos narran que la llegada de la pesca con cucharilla rompió todos los esquemas de la pesca tradicional,cuentan que el número de truchas que se capturaban casi era igual al número de lances que se hacian con la cucharilla.
Las pintonas, decían, no habían visto jamás cosa parecida y picaban como tontas al engaño. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que la actitud de las truchas hoy día en algunas zonas de España sea la opuesta? Sencillamente que como todos los animales con un mínimo de inteligencia han aprendido a asociar la aparición de un elemento raro como una cucharilla con el peligro. Pocas truchas racioneras quedarán a final de la temporada que no conozcan el amargo trago de haber tenido un anzuelo clavado en su boca. También habrán aprendido del stress de alguna otra compañera anganchada en un anzuelo, o bien a relacionar la aparición de la cucharilla con la imagen del pescador.
Los pescadores también pueden sacar conclusiones útiles de esta actitud. A principio de temporada las truchas se hallan mucho menos recelosas. Un período de descanso de casi siete meses contribuye notablemente a que las truchas recuperen buena parte de la confianza que habían perdido a final de la temporada anterior. El dejar descansar unos días o incluso horas algunos pozos o tramos de río se lleva a cabo con frecuencia en la pesca del salmón, y los resultados son positivos en un alto porcentaje de las veces. La cucharilla, pues, es más efectiva a principio de temporada por este motivo. También lo prueba el hecho de que todos los años el mayor porcentaje de truchas grandes ( las más desconfiadas y difíciles de engañar) se suelen pescar durante los primeros días de la temporada.
Mucha gente imagina que pescar a cucharilla es limitarse a lanzar el artilugio y recogerlo como buenamente se pueda. Craso error. La cucharilla tiene muchísima más ciencia que todo eso y por ello hay un alto porcentaje de pescadores que vuelven «porra» durante toda una mañana, mientras que otro en el mismo tiempo y lugar, y también a cucharilla, ha llenado la cesta.
La cucharilla no es una pesca fea como algunos opinan y tiene la ventaja de que siempre, independientemente de la época, de la hora o de como baje el río, existen posibilidades de que engañe a alguna trucha. La clave del éxito, tanto a principio de temporada, como, sobre todo, cuando ya está avanzada, probablemente radique en explorar los rincones más difíciles del río, allí donde ninguna otra cucharilla ha surcado las aguas. Ello implica riesgos constantes de sufrir arañazos, caídas al agua, pérdidas de cucharillas..., pero ya se sabe: el que quiera peces... En cualquier caso, a comienzos de temporada no es recomendable registrar tramos de río demasiado rápidos, ya que es poco probable que la trucha descanse en ellos. La recuperación de la cucharilla deberá ser lo más lenta y lo más próxima al fondo posible. Es preciso recordar que la trucha no está en esta época en condiciones atléticas, precisamente, y será incapaz de atrapar un señuelo demasiado rápido o en una corriente violenta.
Denostado buldó

Hoy día que está de moda la pesca a mosca ( con cola de rata, se entiende ) parece que también está de moda despreciar una modalidad tan bella y genuinamente española como es la pesca a mosca con buldó. Muchos pescadores de mosca seca que desprecian la pesca a buldó lo hacen porque nunca han sabido practicarla con ciencia ni la han llegado a conocer a fondo. A pesar de que hay pescadores de buldó por toda España, podríamos decir que ésta es una modalidad típicamente leonesa, que sus devotos emplean desde el primer día de la temporada hasta el último.
Cuando León era León, en términos de pesca de trucha nos referimos, las aperturas de temporada con mosquitos oscuros de la tierra eran apoteósicas. Incluso si los ríos bajaban crecidos, no era raro que en los remansos y las zonas más lentas se produjeran picadas constantes al mediodía. Y si las aguas eran demasiado frías y torrenciales el éxito estaba asegurado en los ríos regulados por embalses, como el Orbigo, el Luna o el Porma.
En León siempre se ha utilizado un axioma sencillo en la elección de la mosca: oscuras a comienzo de temporada para ir aclarándose a medida que avanzaba. Cuerpos negriscos, nazarenos o falangistas, con pluma de colgadera de tono indio acerado casi negro constituyen las «cuerdas» que hay que montar a comienzos de temporada.
Es preciso elegir una buena «tabla» o «rasera» al comienzo de la mañana para cuando llegue la eclosión, ya que lo más normal es que sea muy breve y haya que aprovecharla fondo. Es probable que no dure más de una hora en la que las truchas pueden estar comiendo de manera intensa, de modo que no merece la pena estar cambiando de sitio constantemente, pues se perderían muchas de las posibilidades. Al igual que con la cucharilla, es mejor elegir corrientes lentas o incluso tablas en las que apenas se mueva el agua. Son preferibles, asimismo, las zonas poco profundas, ya que en caso de inactividad o parcial actividad, en una zona poco profunda nuestra mosca puede ser tomada accidentalmente por una trucha cuando la pase a pocos centímetros de su morro, cosa que sería imposible en un pozo de tres metros de profundidad, pues las moscas pasarían demasiado lejos del fondo, donde se halla la trucha.
A mediados o finales de temporada es frecuente pescar a buldó aguas arriba, así como haciendo saltar al primer mosquito. Esta técnica no se debe emplear en ningún caso durante la apertura, ya que tiene sentido avanzada la temporada, cuando eclosionan los tricópteros, lo cual no va a ocurrir en la inmensa mayoría de nuestros ríos. Es preferible pescar tradicionalmente dejando devivar el aparejo, sin moverlo. Recomiendo usar "rastral" o mosca de cola, que muchos pescadores, de buldó desaconsejan por engancharse con frecuencia en la boya. La mosca rastrera, sobre todo si va lastrada, puede derivar bastante más profunda que las restantes y puede ser la única que dé resultado en los días que las truchas comen ninfas en el fondo.