ELEGÍA A FEDERICO
GARCÍA LORCA
"...y escribo tu elegía".
(F.G.L.)
Los dioses
ya no están en el Olimpo,
ni las musas
están en su morada,
desde que
tú te fuiste, Federico,
luz en la
noche que no tiene alba,
y nos dejaste
solos para siempre,
huérfanos
de tu voz y tu palabra.
El mundo
ya no puede ser el mismo,
cuando muere
un poeta, cuando calla
el ruiseñor
más dulce que ha existido
en esta tierra,
cuando ya no canta,
bajo la luz
serena de los astros,
el poeta
más hondo de Granada,
ni el agua
pura de los manantiales,
ni el viento
solitario entre las ramas,
ni la música
triste de sus pasos
por los tristes
rincones de su casa,
ni la lluvia
que gime en los cristales
como un eco
de su memoria trágica,
ni el mar
quiere ser mar -sólo un lamento-,
ni el Darro
y el Genil quieren ser agua.
Desde que
tú te fuiste, Federico,
ya nada de
lo que es quiere ser nada.
Ya no verás,
errantes por el cielo,
sobre las
cumbres de Sierra Nevada,
las nubes
que pintabas en tus versos,
el paso sigiloso
de las águilas,
ni las hojas
que anuncian el otoño
al cruzar
el jardín de la nostalgia,
ni la rosa
serena del poniente
que se deshoja
sobre las estatuas,
ni las noches
vestidas de alabastro,
ni los días
desnudos como páginas
en las que
tú escribías los poemas
más
bellos que jamás nadie soñara,
el niño
que reía si reías,
la niña
que lloraba si llorabas.
¡Cómo
te llora toda Andalucía,
que es el
espejo del dolor de España!
El universo
se quedó sin ojos
para ver
la belleza. Calla el arpa
sin la mano
de nieve que la hacía
vibrar con
los arpegios de tu alma,
calla el
piano profundo de la noche
y enmudecieron
todas las sonatas.
¡Qué
solos nos dejaste, Federico,
sin saber
el dolor que nos dejabas!
¿Qué
podemos hacer? ¿A quién diremos
el dolor
infinito que nos causa
no verte
caminar por los caminos
misteriosos
y azules de la Alhambra
o entre los
olivares que la noche
hace gemir
hasta la madrugada?
¿A
qué ser le diremos que te has ido,
a qué
dios le diremos que nos faltas?
¿Quién
podrá consolarnos si tu muerte
es la mayor
de todas las desgracias?
¿Qué
podemos hacer? Sólo llorarte
hasta que
no nos quede ni una lágrima,
y robarle
a los ríos su tristeza,
y a los mares
su voz desesperada,
y leer tus
poemas hermosísimos,
profundos
como noches estrelladas,
a los niños
del mundo, a los que tienen
el futuro
del mundo y su esperanza,
a los que
nada tienen, al que sufre
sin saber
por qué sufre, al que ya nada
le importa
la existencia, a los que llevan
una existencia
triste o solitaria,
a los que
nada saben de tu nombre,
ni de tu
muerte atroz contra las tapias
del odio
fratricida, a los que sueñan
con un mundo
mejor, a los que aman,
sobre todas
las cosas, la belleza,
a los que
viven sin amor, de espaldas
a la eterna
belleza de tus versos
y a la luz
inmortal de tus palabras.
Que todos
te conozcan, Federico,
Cristo de
Víznar, ruiseñor de España,
alto poeta,
símbolo del hombre
que muere
por amor a las palabras.
Que tu voz
vaya libre por el mundo
y que te
canten todas las guitarras.
Antonio casares
