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Una tarde en Buenos
Aires
Me encuentro en una confitería de barrio norte avenida Las Heras y Austria
Capital Federal-Argentina, bebiendo un café mientras espero unas amigas.
Fuera en la acera un puesto de flores, el cual me alegra la vista a las 5 de
la tarde. Dentro de la confitería observo personas solas, acompañadas otras
por amigos, familiares, compañeros de trabajo. Trato de observar sin que
ellos se den cuenta. Escucho problemas economicos: dólar, quedarse sin
trabajo, corralito, deuda externa, todo lo que respecta a la crisis economica
del país.
A las personas solas sentadas consigo mismas, las imagino, por su conducta y
mirada, personas ya mayores tratando de conservar sus costumbre de épocas
esplendorosas continuando con la antigua costumbre de tomar el té con masas a
las 5 de la tarde.
Afuera de la confitería veo gente ir y venir: cartoneros, oficinistas,
vendedores ambulantes, profesionales y personas matando el tiempo tal vez
angustiadas por su perdida de trabajo o falta de dinero para abonar lo
necesario. Me doy cuenta que es más de lo mismo que dentro de la confitería:
iguales caras, miradas, congoja.
Me pregunto si se darán cuenta que mientras hay vida, también existen las
esperanzas. Tal vez si se detuvieran en algún momento a observar las cosas
simples de la vida que los rodea, a pesar de la situación: pájaros cantando,
un puesto colorido lleno de hermosas flores: cosas que los rodean simples y
sencillas de la VIDA.
Continuo observando. Los observo atropellándose con la persona que pasa por
su lado sin darse cuenta que es un ser humano como ellos, no un pedazo de
madera. Todo esto sin ni siquiera pedir disculpas ni dándose cuenta que están
con el mismo problema: crisis del país. Al volver a observar sus rostros me
doy cuenta que ni se dieron cuenta que está el sol y es un hermoso día de
primavera.
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