| SE TIÑE LA SOMBRA Nadie tiene un pie fuera del aire Cada cual tiñe su sombra con el lado oscuro del dolor Con el camino que recorro a son de diana en el fondo implacable de la sed Con el pergamino escrito por la mano del hombre feliz Con la cabeza distraida del domador de fieras que juega su vida con los dados negros de la suerte Nacen en derredor fantasmas estrangulados en noches sin reposo En esquinas avergonzadas con el orín de los adictos En la mesa de un jugador que apuesta sus manos parecidas a un diluvio Nacen ardidos esqueletos sin luz en el espacio abominable del rechazo Sin sangre de cebolla en los ojos Desarropados Sin una hoja de helecho que los cubra Los niños sin cuna caminando en silencio La muerte con el carbón del hambre en los labios La soledad parecida a una estatua sin cal a una playa intocada por el mar a una sombra inalcanzable con la distancia de una palabra Crece el vértigo en el borde del abismo Se asoma el miedo en las pupilas del delirio En el frío que crece con señales de espanto junto al muro calcinado del olvido Quemo papeles donde antes había el nombre de una mujer El nombre que rescato del horizonte ahumado de un espejo A ratos suelto imprecaciones que se estrellan contra los muros contra la soledad que se rebela con los mudos testigos del insomnio Porque cada cual tiñe su sombra con la mano que sujeta el último espacio del sueño Tira su sortija al mar el amor Se deshacen los papeles mojados en la lluvia |