Amor de enfrente

Amanecía y golpeaste mi puerta,
salí a buscarte y te encerraste en tu casa.
Pude mirarte a través de la ventana,
amarte sin sentido.
Pude pegarme al cristal
e inventarte las manos.

Comenzó a llover y te pusiste triste.
Desde tu rincón me amaste mojada.
Anochecía y me acosté en un charco
en ese charco, frente a tu ventana.
Salió el sol, volvió a llover, llegó la noche.
Ya no quise acariciar un cristal y regresé a casa.

Amaneció y golpeaste mi puerta,
salí a buscarte y te encerraste en tu casa
protegido de la lluvia.
Pude estar quieta en mi refugio
y amarte sin sentido.
Pude quedarme en silencio y recordar tus manos.

Aguardé nuevas madrugadas
viéndote correr hacia tu fortaleza
y me cansé de la huida.
Esperé que llamaras
sin salir a la puerta
y me cansé de esperarte.

Mudé mi casa a un país sin lluvia
para olvidarte y olvidarme mojada.
Desplegué mi alma sobre las piedras
para que se escurriera
y la dejé extendida al sol
hasta sentirme seca.

Pero un amanecer golpeaste mi puerta.
salí a buscarte y te encerraste en tu casa.
El mismo cristal, las mismas manos.
Yo lloraba y te pusiste triste.
Desde tu rincón me amaste mojada,
protegido de las lágrimas.

Anocheció y estoy cansada.
Me duermo en un charco,
en ese charco frente a tu ventana.
Porque volverá a amanecer
y golpearás mi puerta.
Tu casa siempre estará frente a la mía.
1984