Preguntas-guirnaldas

Colgadas del techo, preguntas-guirnaldas,
esperan respuestas de la madrugada.
Sin fuerza se hamacan en sus signos viejos
soñando que un día tocarán el cielo.

No esperen, no esperen, Ha muerto la magia.
¡Descuélguense solas, no puedo arrancarlas!
Porque la tristeza me borró los dedos,
me cortó las alas, los dejó en el suelo.

Pero ustedes, tontas que no saben nada,
siguen quietecitas entre telarañas.
¿No se dieron cuenta que no tienen dueño?
¿No se dieron cuenta que se acaba el tiempo?

Tan sólo me hechizan, no sirven de nada.
Guirnaldas, las odio por ser esperanza.
Y sigan creyendo que hay mañanas buenos,
que un dios mentiroso les regala sueños.
1983