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Después del
amor
Si comparo mi vida,
la de antes,
con mi vida,
la de ahora,
puedo advertir
que unas pocas líneas
se burlan del espejo.
Quizás, deba admitir
que mis lluvias ya no son las mismas;
que el sol se duerme sin despedirse,
y no por ello le guardo algún rencor;
que el mar me sabe más salado,
y el río más dulce;
que mis calles
dejaron de ser intransitables.
Quizás, deba confesar
que las hojas del otoño
ya no anuncian al inminente invierno,
sino
a la incontenible primavera;
que cada día
muero un poquito más
por los encantos de una mujer;
que cada noche
vivo un poquito más
por los encantos de esa mujer;
que, aunque sigo sin temerle,
a veces pienso
en el beso de la princesa inmortal.
Si comparo mi vida,
la de antes,
con mi vida,
la de ahora,
puedo advertir
que unas pocas líneas
sobreviven del espejo.
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