Reacción Climática de un Eolo

 

     Reacción climática de un Eolo se resume en un ambiente que sigue un adviento casi lejano. Ciertamente, el invierno que nació al morir aquel otoño septembrino y que dejó las hojas en la resaca de los días con augurios novembrinos, fue cerca del dintel del tiempo añorado de mis quehaceres en una peana de sorpresas.

 

    Esa reacción ilimitada que mis canas se revestían del episodio de atmósferas permitidas y mis deseos por ver la nieve que apantallaba cada madrugada, frente a mis cercanos días de humedades peregrinas, allá cerca de las praderas cercadas por el implacable ambiente, a cada distancia de mis pasos lentos, sobre unos rieles de trenes enmascarados por el orín del tiempo( matizados por el rechinante paso de ruedas que iban y venían a su diario rodar ) que marcharon sin regreso, en medio de tapias de cementos lacrados por el descarnado abandono de economías sepultadas por modernismos, se hacía mas delineada ante la situación fingida de mi pensamiento esperanzado.

 

Las viejas mañas que mis abuelos forjaron en el otrora, se deslumbraron en mis manos al describir la infancia triste, y la alegría del devenir de épocas viajeras, el mundo extenso de almíbar en amores y familia desplegada raudamente y que hoy viven a escondidas en su historias evolutivas de misterios conceptuados.

 

Ya es hora de ver los calendarios que racionan las horas para disminuir los días, y en cada amanecer el alba se transforma en un día de neblinas que son las cortinas para sepultar los invernaderos de  mis inquietudes, y dejar que mis ideas conformen el primoroso impulso de imprimir en todas las hojas de la vida para que llegue el viento dispersando el pensamiento  en su natural reacción del clima diseñado por la madre natura en el epicentro de mi ausencia.