Atardecer de mi Alma Celestial

Un manto tarderino cubre mi nostalgia
en la ribera otoñal de mi existencia,
es sensible vilo pasajero de inocencia
do, que siento un viento:  suave magia.

Do que arrulla mis vuelos y alamedas;
balbucea en cicatrices, gime en calma
cicatrices del ayer  mi vida con el alma,
y entre velos de silencio le revisten sedas

con melòdicos responsos alli sembrados.
Fue mi ùltima tarde, de ser asi primera
dos lagos azules, dibujando una quimera,
desdibujando la ternura de mis prados..!

y dilatando ciego amor, al corazòn de lazarillo.
Dos lagos que anegaron mi ignorada existencia,
en sutil e irreverente brizna: resolana necia
que cercò el atardecer del ocre al amarillo

y sepultò mi rayo solar al nacer la noche.
Recordè la voz y los gestos de improviso
que al partir mi madre, relatò en aviso:
cuidate de lagos, si son dos, seràn derroche

en tu vida primaveral. Mas, del epitafio solo
entre mi tarde de celajes y mi lenta noche
logrè volar alto, mìstico en manto cenital,
y con llanto alegre, en dos nubes, lindo coche,
naciò El Atardecer en mi alma Celestial.