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TENGO ENVIDIA Tengo envidia, de tu felicidad, tan simple, tan lisa, que se muestra concisa y enamorada con tan poca cosa, una sonrisa del niño, el sol en una terraza, una tarde distraída mientras otros trabajan. Pero en mi cuantas cosas bullen. No basta. Cierta especie de
flores esperan que las convoque con otra risa. Lenguajes despechados , sin etnia conocida. Buques sin huella ni camino, de pena solos. Y todo eso dentro, haciendo méritos, esperando la campana y la hora. Por eso, pues, hay
tanto desierto, tanto siglo vacío sin panes ni peces. Así que abro mis pupilas para que paste la docena de unicornios, para envolver la fórmula del acertijo en una trepidante hazaña de grafías nuevas. Sí, preciso saber,
aunque no haga falta, por más que los edificios bruñidos no escuchen, por eso estudio como sufren los charcos cuando los pisan, y otras tantas cosas. |