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¿Qué queréis? ¿Que quieren de mi, los rostros
jadeantes, felices, locos, que la noche dulce
esculpe sobre moldes de
amargura? No soy como ellos. quizás , a
veces sí, me transformo en
dedo, alumbro divertido un sable de luz, y
traspaso las lágrimas allá a un confín
húmedo de placer y ciruelas. Suele ser
preferentemente en lo más fraternal
de la madrugada, en algún pueblo
blanquísimo al pie de una montaña
mágica. Pero no siempre. También mi caballo
falla. Sueños inalámbricos
tocan sus cabezas, inalteradas tras
hogares imposibles y corazones de
formica. La máquina asiente, con un golpe me
revuelve los riñones. y espera que el
sudor me ordene rememorar un
lenguaje imposible más allá del ocaso
de la noche. |