¿Qué queréis?

 

¿Que quieren de mi,

los rostros jadeantes, felices, locos,

que la noche dulce esculpe

sobre moldes de amargura?

   No soy como ellos. quizás , a veces sí,

me transformo en dedo, alumbro divertido

un sable de luz, y traspaso las lágrimas

allá a un confín húmedo de placer y ciruelas.

Suele ser preferentemente

en lo más fraternal de la madrugada,

en algún pueblo blanquísimo

al pie de una montaña mágica.

  Pero no siempre.

También mi caballo falla.

Sueños inalámbricos tocan sus cabezas,

inalteradas tras hogares imposibles

y corazones de formica. La máquina asiente,

con un golpe me revuelve los riñones.

y espera que el sudor me ordene

rememorar un lenguaje imposible

más allá del ocaso de la noche.