EL CALOR VA ENTRANDO

 

 Ahora con las calendas sientes de nuevo

como abre el calor una vida oculta en ti.

Me gusta sudar, que las entrañas sepan

de los lenguajes ocultos del sol, de la

trepidante actividad de nuestra estrella.

 Que mi piel transpire, laboriosa ,

que mi cuerpo haga su trabajo bajo

la atenta inspección del astro vigilante.

 No entiendo a quienes rehusan recibir

esta naturaleza palpable de la piel.

 Se atemorizan y encierran bajo brebajes,

lociones que perturban la paz epidérmica,

negando la efusión de las aguas,

cerrando el paso a las marejadas internas

que nuestros relojes promiscuos organizan.

 También gusto de sentir el calor en ti,

de tenerte húmeda y apabullada

en lo más hiriente del torbellino,

tocarte deshecha de sudor y marasmo,

cuando el gemido más tierno rompe

el mediodía al apretarte las manos , fogosas.

 Es así que hay calor dentro y fuera.

En las lágrimas salinas que nos resbalan,

espaldas abajo, rumbo a fronteras y conjunciones

magníficas, prestas a fundirse

alli en lo más hondo de los pubis.

 Calor que derrite y aprisiona,

savia templada y valiente derramandose

caliente más allá de los dominios arcánicos

que comienzan donde no siguen los muslos,

calor de saliva incrustada, domada y térmica

cuando se estrella en su objetivo , apresurada.

 Ay furioso fuego de verano, cuanto me gusta.