Amaneció sol
Ese amigo que
mantiene la vista fija en mi desde su colchoneta y está pendiente de mis
movimientos tiene las orejas gachas y un tizne de tristeza en la mirada. Se sabe
impotente y no comprende lo que le ocurre, pero mantiene su mirada en mí y su
intención de mantenerse a mi lado a todas horas.
A veces, olvida sus
mermas y retoza. Un instante, un momento. Algún pinzamiento le devuelve a la
realidad y a su inmovilismo. Sus ojos se nublan un instante y apoya la
cabezota en el colchón, reposando, descansando, conformándose.
Únicamente una
caricia en el lomo o bajo su barbilla lo activa demandando más y más. Nunca
perdió la capacidad de pedir mimos y caricias. Tampoco hoy.
Nos esperan los
paseos, la primavera con su abril lleno de amapolas, las persecuciones
imposibles de pájaros, las carreras por la playa donde mi mar lanza sus olas
para que las persigas. Nos queda la complicidad de sabernos uno, de sabernos
juntos, de sabernos amigos.
Nos esperan tantas
cosas...
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