Memento, homo…

 

En vano busqué respuesta a la premisa:

transitorios somos y nada ha de evitarlo.

Si raudos subsanamos los escarnios,

ni aun dioses del Olimpo nos creamos.

 

Se alboroza del abril y del agosto

cuando hay fuego que parece inagotable;

se escalan montes y se navegan ríos

que nomádicos se estiman  alcanzables.

 

Pulvis es, et in pulvis reverteris:

nos retorna la Voz con su porfía.

Fin de año: renovación y muerte.

¡Qué melancolía!

 

Se debe estar en paz con el Supremo

y ahondar en sus principios lapidarios,

buscando ser magnánimo en lo pleno,

sabiendo de la hoz y del escarnio.