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malandanza Una mariposa salió a
tu encuentro. Desde un rincón tu gesto más
desprotegido sintió en hueco de tu sombra que se prendía fuego y no brillaba. Pensaste en caballos
blancos, en aguas rojas, escalaste el silencio
con el humo, predijiste un golpe
de pocillo y hurgaste en los
jardines como un pájaro recién emigrado mientras una rosa de
madera se deshacía al borde de tus zapatos. Recobraste los ojos, la voz húmeda, apilaste la
astrología de tus huesos contra una pared de transparencias y desde el otro
extremo del universo un cisne de luz te
despeinaba mientras revolvías un
café frío en el que flotaba una mariposa muerta. |