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un blanco demasiado fácil Sobre un crucifijo de gemidos mi sombra imparte sus escalones y una quemadura sube hasta el
hierro que es apenas una quemadura
endurecida, cosa que suele ocurrir en esta
vida. A veces soy un pasadizo desheredado
del descanso y estornudo el ojo sin tener el
orgullo de la uña y rehén de alguna verdura maltratada me enamoro sin salida del espesor
de una caricia. En el entreacto del cansancio amo con mis magnitudes en derroche, y me separo inexorable de lo que
tiene alfileres y usa cadenas. Brinden conmigo por las ilusiones que todavía
quedan sin derruir. Brindemos por los epitafios entre hermosas sábanas al pie de un
yunque. Si no llegan a saber por qué
brindar, brinden por el dolor, para que tanto golpe sirva también
de algo; que la vida es un blanco
demasiado fácil para la tristeza. |