un blanco demasiado fácil

Sobre un crucifijo de gemidos

mi sombra imparte sus escalones

y una quemadura sube hasta el hierro

que es apenas una quemadura endurecida,

cosa que suele ocurrir en esta vida.

A veces soy un pasadizo desheredado del descanso

y estornudo el ojo sin tener el orgullo de la uña

y rehén de alguna verdura maltratada

me enamoro sin salida del espesor de una caricia.

En el entreacto del cansancio

amo con mis magnitudes en derroche,

y me separo inexorable de lo que tiene alfileres y usa cadenas.

Brinden conmigo

por las ilusiones que todavía quedan sin derruir.

Brindemos por los epitafios

entre hermosas sábanas al pie de un yunque.

Si no llegan a saber por qué brindar, 

brinden por el dolor,

para que tanto golpe sirva también de algo;

que la vida

es un blanco demasiado fácil para la tristeza.