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desmiénteme Arroja la mañana su ritual humeante de planetas migratorios. El pecho enmaletado en cordilleras toca el torrente con el que los
ingratos despertadores abofetean fémures. Atestigua un balcón de boca abierta que el cielo se ha prendido fuego y dejo que el cuerpo circule, como una lenta cascada de tierra entre su rutina bien aprendida que
le ayuda a no temer, a creer que el mundo con el que
tropieza es el mismo que abandonó por la
noche. La estirpe de recios bandoneones golpea una calle sin orillas, sistemático espejismo donde se
ahonda el cansancio de ser tan cotidiano, tan sin pausa. La calle huele a embarcaciones, corchos, raíces recién nacidas, lágrimas mal curadas. Desgajo un antiquísimo gemido al saber que soy un hombre de
materia débil y metafísica inconclusa, una lenta espera con la sangre
empobrecida. No quiero esta mañana, este golpe, y sin embargo perduro en mí mismo. Por favor, no dejes que me crea estos dolores. Hurga en mi peso con una magia, busca trozos de mármol entre mis escombros, pedacitos de metales valiosos entre
mis baratijas. Desviste tus sudores y desmiénteme por fin. |