¡que traspié!

Mi retablo de astros astrosos cuenta lo que ya no cuenta,

dice lo que ya no se merece.

Broto como un rasguño de mis días de inquietos lobizones,

con mi rabdomancia hecha a raspones.

Quien ponga atención verá mi ayuno ilustrísimo,

mi vértigo antes de la derrota y después de la victoria,

mi ristra de ajos bien guardada.

Más allá de mi improbable encordado

soy un vestigio de tizones entre venas de jazmines.

Mis nieblas seduciendo cortaplumas

 saltan como famélicos juglares

y soy una semilla equivocada de maniobra.

¡Qué traspié este tobillo de impaciente espalda,

este retrato mío repleto de peatones!

¡Qué agotador ser tutor de mis sudores!

Como una constelación cansada escupo sobre el rostro de mi herencia:

de mí,

que soy y me asombro.