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acróbatas y nogales Yo usaba tu nombre de contraseña para mis
volcanes y ocurrió que tu luz entró en receso cuando mis mordiscos más la necesitaban. Te llamé a gritos de marimba y respondiste con una corteza endurecida y toda esa sangre
desordenada sobre el suelo. Hay respuestas que no permiten volver
atrás. Recuerdo los nogales de tu habla y cómo me trepaba en ellos porque desde allí los siglos eran besados por
pieles de doncellas. Aferrado a permanecer no me queda sino el recuerdo, esa forma tan abstracta de la vida. Ejerció tu mano tu último desafío, un grito crucificado sobre una puerta. Me di cuenta cuando el viento me rasuró la risa. El viento era tu fuga, tu deceso
impostergable; yo un acróbata muerto sobre un nogal. |