acróbatas y nogales

 

Yo usaba tu nombre de contraseña para mis volcanes

y ocurrió que tu luz entró en receso

cuando mis mordiscos más la necesitaban.

Te llamé a gritos de marimba

y respondiste

con una corteza endurecida y toda esa sangre desordenada sobre el suelo.

Hay respuestas que no permiten volver atrás.

Recuerdo los nogales de tu habla

y cómo me trepaba en ellos

porque desde allí los siglos eran besados por pieles de doncellas.

Aferrado a permanecer

no me queda sino el recuerdo,

esa forma tan abstracta de la vida.

Ejerció tu mano tu último desafío,

un grito crucificado sobre una puerta.

Me di cuenta

cuando el viento me rasuró la  risa.

El viento era tu fuga, tu deceso impostergable;

yo un acróbata muerto sobre un nogal.