|
pozos profundos En un entramado de huesos y cemento una mano enloquece persiguiendo la magnífica huella del mar. Es necesario estar prevenido: no hay mejor forma de quitarle la vida a
un pájaro que amarlo demasiado. Un hombre con corazón de cedro palpita
desacompasado; la sonrisa asimétrica, asimétrico también el miedo, por fortuna. Él hace una soga con restos de agua y juega a enlazar pozos profundos donde se esconde la prueba de un delito que aún no ha sido cometido, pero lo será. En una ciudad llena de ventanales descubre una triste mirada detrás de
largas pestañas y luego a una mujer tan bella como el
llanto o como el ojo con que llora. No hay ninguna duda, sus piedras se han convertido en pálidos
cristales. Él confirma que la ama como un músico a su instrumento. Entonces ella se da cuenta que una telaraña puede ser más efectiva
que una guillotina, que nunca ha visto a un violín dar acordes
sin que alguien lo ejecute. Ésta última palabra le dibuja sobre el hombro una hormiga de pólvora. Él repite una vez más su amor y hace estallar un sol inmenso. No, no tanto. Apenas un trozo de luz, chamuscado, cayendo a los pies de ella como un arco iris atragantado por un
cuchillo. Lo demás son pájaros sin vida. |