falta

El signo de la sangre

pretende cantar de una manera espléndida

sobre la extremidad de un abismo,

de una lanza bebida dulcemente.

En el licor transparente de un aguacero

la nitidez del hambre reclama su derecho a contradecirse.

El deseo es una licantropía sin amarras,

un movimiento permanente en perpetuo devenir.

En los circos donde crezco sobran equilibristas,

payasos con delirios de maestro.

Faltan, eso sí,

amantes de la vida más que de la existencia.

La forma del amor

es un animal enamorado de su cazador;

un castillo de naipes

justo en el camino donde cabalgan corceles desbocados.

Falta quien se suba a su quietud

y se prenda fuego.