despedida

 

Tuve un altillo donde sembraba gargantas apacibles

y si la sed me asediaba

llamaba agua al agua.

Cuidaba que mis criaturas no se fueran a enfermar

si salían en la noche y debían cargar paquetes.

Anduve de profundos amores

con una cantante que por timidez no cantaba.

Un día bajé y dije:

“olvídense que tuve esa cara,

olvídense que alguna vez me vieron”.

Ellos dieron grandes carcajadas;

¡ah, los tontos!

¡ah, los tontos!

Estoy hecho a imagen y semejanza de los torrentes.

Cómo saber cuál soy,

yo enflaquecido de mis lágrimas;

cuál soy el que hoy se duele tanto.

El deseo desborda mis carreteras.

Ellos dijeron:

“no molestes con esos gritos,

igual pondremos tu nombre sobre tu lápida”.

No entendieron nada,

yo les hablaba de la vida

y ellos me salieron con la muerte;

¡ah, los tontos!

¡ah, los tontos!

Escribí sobre mis cautiverios

y extraje un par de abreviaturas con un bello olor a azufre

y les dije:

“me voy,

ya me he ido,

nunca estuve realmente”.

Saqué un arma que había inventado

y les dije:

“tengan cuidado que están muertos”.

Ellos volvieron a reírse

y disparé sin compasión;

¡ah, los muy tontos!

¡los muy muertos!