|
en respuesta Bebo los múltiplos de un extraño signo que encontré sobre la ceniza, algo como una madeja o una rodilla. Descubro a mi nombre en la cama de mi
enemigo; no me asombra pues no se puede esperar que un nombre nos sea fiel. Pero entonces qué de la mano en espera de su ala, qué del plato tras su marea, qué del golpe tras su centro, qué de lo que vacila y agita la palabra. Yo soy el signo desmembrado en polvo, el acertijo habitado por la omisión. Los silencios laten como una hiedra. |