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desvelo Mis manos cual rastros ensangrentados penetran las frases como a un estupor sin potestades. Jalan de mi escondite los besos
tumefactos al son de los edificios y del lugar oscuro donde fui niño y me hice hombre o piedra en pena. En la vertiente de un habitual eclipse mi respiración toma una distancia de ébano
y desaire. La tierra con la que se cimienta al
hombre ha sido apaleada brutalmente; los insectos y los arcángeles comparten la
vergüenza. El irreversible curso de los relojes ejercita sus fusiles contra mi tórax mientras el paladar es estuprado por alfileres. A mi costado el mundo se agita como una
ola y el cuerpo de ella está en el inventario donde descansa la penumbra de la habitación. He dicho que es su cuerpo y no logro saber si es el suyo o el de otra. No pongo los ojos en acto, tampoco la pregunta; sólo poseo una sospecha y no me importa. “Lo único importante es no morir de frío en una noche como
esta”, recuerdo que a orillas de junio dijo la desnudez de un cuerpo. Repito yo esa frase mediante gestos voluptuosos. |