en la máquina de escribir ...

 

En la máquina de escribir hay un fragmento a media sangre,

recuerdos de cosas que no me pertenecen y llevo dentro.

“Escribo porque no he vivido”, te digo

y no se si lo hago porque necesitaba confesarme

o porque necesitaba decirte cualquier cosa

que te hiciera quedar toda la noche.

“Yo quisiera una idea que hiciera valer la pena la vida,

que volviera innecesario todo lo demás, incluido yo”, agrego.

Un teclado se desparrama por el blanco techo,

los violinistas se astillan contra las paredes

y tus párpados se cierran ente el hechizo de un flautista.

“Prefiero el opaco sonido del mar.

Se llora igual y duele menos”, dices.

Coincidimos en que la belleza es una maravilla aterradora.

Después la sintaxis de un pájaro es sorprendida en una espera,

acorralada, puesta boca arriba en un latido.

Sabemos que es el fuego lo que nos convertirá en lo que somos.

El húmedo olor de tus cabellos me seduce

y dedico mi boca a tu piel.

Es ahora el extremo de todas las edades.

Ante la confesión del amor la eternidad es apenas un instante

y tenemos el terror de haber logrado algo maravilloso.