en los ceniceros reposa...

 

En los ceniceros reposa la saliva de una ilusión

y el peso de un margen cae en el secreto de tu longitud

mientras giras con la risa amaestrada a la pendiente.

La sombra, agradecida de no ser un ojo,

se desnuda sobre la mitad de una golondrina.

Me preguntas por el amor y te muerdo un pie.

Reafirmo la condición de los telares,

de los acantilados volviéndose despeñaderos.

“No te pongas a beber de lo que vuela,

no claves tus uñas en lo que es semejante al viento”,

decía una canción de cuna.

De esta hacha, de este hueso,

de este bronce lleno de desvíos saldrá todo.

Con el cansancio de un toro entorpecido a banderillas

descubro que en el silencio de una piedra cabe el mundo.

La oscuridad se chorrea por tus manos

sobre margaritas que enviudan de sus pétalos en cacerías amatorias.

Me vuelves a preguntar por el amor

y yo te muerdo el otro pie.