UN  VIAJE A TROYA

Fue un rapto de satélites troyanos
de esos que ahora se estremecen,
que ahogan todo en una imagen
condensando la angustia,
arriba en las riberas,
sin ser desconocida.

Fue una lluvia de yodo
como pocas veces se había visto.
Los arrabales de la carne
fueron enganchados entre feroces
hacinamientos de palomas lascivas.

Ahí cayeron los estandartes
en la conquista de la media luna,
en las brutales extensiones
de higueras infértiles y rotas.
Ahí descendieron
los nuevos argonautas homicidas:
entre rebaños de amapolas
almacenaron sombras, minaron
cuanto pudieron con hachas estridentes.

Sus manos catastróficas
tiraron una larga voz de kilómetros viscosos:
nata de leche negra
entre pobres analfabetos aldeanos
y burros de lomos dorados por el opio.